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El Intransigente
Cuesta del Portezuelo

VIDA & ESTILO

La Cuesta del Portezuelo, el camino que parece un sueño

Aventura y bellezas naturales en sólo 17 kilómetros

(Por Diego Nofal) «Desde la Cuesta del Portezuelo / mirando abajo parece un sueño», reza la canción de  Rodolfo Lauro María Giménez, más conocido como Polo. Pasó medio siglo desde que compuso esa maravillosa zamba y su letra no hay perdido vigencia. Mirar hacia abajo desde ese accidente natural, realmente es como estar soñando. Un paisaje que deslumbra, una brisa suave y el murmullo de la naturaleza, convierten a la cuesta en un lugar de antología.

La Cuesta no es sólo una fantasía que se convirtió en canción, se trata de un famoso camino de cornisa que una la capital provincial con decenas de localidades catamarqueñas. La cuesta parte de la Ruta Provincial 2, que asciende por la montaña a través de bellos paisajes y postales que hasta inspiraron la celebérrima canción que entonaban los Chalchaleros. Para dar una ubicación exacta tendríamos que decir que la Cuesta del Portezuelo está es parte del departamento Valle Viejo. El sinuoso y hermoso camino inicia en el empalme con la Ruta Nacional 38 a la altura de la localidad de El Portezuelo, a 18 kilómetros de la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca.

Podríamos decir que la cuesta tiene una longitud de 17 kilómetros desde la base hasta la cima, pero estaríamos faltando a la verdad. Porque lo que tiene 17 kilómetros es el camino que nos permite ascender a la cima, plagado de curvas y contracurvas que desafían a las cornisas del cerro. De esa manera se logra ascender sin que el camino sea demasiado empinado y, casi sin querer, lo convierte en una pasarela de la belleza oculta de Catamarca. Si la ruta se hubiese construido en linea recta, algo técnicamente imposible, tendría apenas dos kilómetros y medio.

Antes de encaramarse en la breve travesía de ascender los 17 kilómetros tenga en cuenta algunas cuestiones. La primera, si usted de no es un hábil conductor habituado al manejo en la montaña, al menos sea un conductor paciente. El camino tiene un nivel de dificultad intermedio, recuerde que está ahí por el paisaje y para pasar un buen momento, no jugando una carrera. Recorrer los 17 kilómetros le va a llevar mucho más tiempo del que cree, pero el recorrido, se lo garanto, valdrá la pena.

Al final del recorrido tendrá bien ganado el premio de contemplar desde el mirador de la Cuesta, el paisaje que se convirtió en canción. A los 1860 metros sobre el nivel del mar todo se hace más lento, pero el aire es más puro y las vistas llenan el alma. Pero no se preocupe, hay mucho más que paisajes. Al llegar a la cima los puestos de artesanía y pequeñas e improvisadas pascanas servirán para traerse algún recuerdo y deleitarse con delicias regionales. Advertencia: algunos catamarqueños suelen preparar las empanadas con pasas de uva o aceitunas.

Una vez terminado el bocadillo llega el plato fuerte. Hay un circuito bien delimitado para descenso en bicicleta o mejor aún, en parapente o aladelta. No tenga miedo, de los deportes extremos estos dos están entre los que menor cantidad de accidentes registran. Busque un profesional certificado y no se pierda la que tal vez sea una de las mejores experiencias de su vida. Volando sobre la Cuesta podrá apreciar uno de las mejores vistas que haya de la maravillosa Catamarca. Pero si el vuelo no es suficiente aterrizará en el coqueto pueblo que le da nombre a la cuesta, donde a la luz del sol degustando un rico Malbec catamarqueño podrá contar sobre el día que pudo ver desde el cielo, «un pueblito aquí, otro más allá y un camino largo que baja y se pierde.

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