Conecta con nosotros

Hola, ¿Qué estás pensando?

El Intransigente
Salta

SOCIEDAD

Cultos del Señor y la Virgen del Milagro en Salta: terremoto, leyenda y realidad

La fiesta religiosa, de gran relevancia en el país, se originó tras unos intensos terremotos ocurridos en la ciudad de Esteco.

(Por Ricardo Mena-Martínez Castro).- El Milagro es una fiesta religiosa de gran relevancia en el país y se localiza en la ciudad de Salta, al norte de Argentina. Su advocación se originó a partir de unos intensos terremotos ocurridos en la ciudad de Esteco, antigua instalación fundada por conquistadores y primeros pobladores de este país.

Las imágenes

Cuenta la historia, profundamente arraigada en el pueblo creyente de Salta, que después de la fundación de la ciudad, un 19 de junio de 1592, se observaron navegando en aguas del océano Pacífico, cercanas al puerto del Callao, en el Perú, dos cajones que traían grabadas a fuego sendas leyendas que decían: “Una virgen del Rosario, para el convento de predicadores de la ciudad de Córdoba”. El otro cajón navegante venía con una inscripción: “Un Cristo Crucificado para la iglesia matriz de la ciudad de Salta”. Eran estas imágenes de estilo barroco pertenecientes a la escuela castellana y eran enviadas por el primer obispo de la diócesis del Tucumán, Fray Francisco de Victoria o Vitoria, donante de las mismas, que estuvo en la fundación de la ciudad. Nunca se supo cuál era la embarcación que las trajera ni qué fue lo que sucedió con ella. Del Callao fueron transportadas en solemne procesión hasta la ciudad de Lima, -capital del Perú-.

Fue entonces que el virrey García Hurtado de Mendoza decidió cumplir con el mandato del obispo y fueron transportadas a lomo de mula por los vericuetos Caminos del Inca, dejando el cajón correspondiente a Salta en la propia ciudad, para continuar su camino hasta su segundo destino, la ciudad de Córdoba. Esta imagen se supone fue realizada, junto con la otra, por Juan Martínez Montañés y recibidas en el luego denominado Campo de la Cruz en esta ciudad. Posteriormente, fue colocado en la sacristía de la iglesia matriz, donde fue olvidado largo tiempo.

Pasaron largos cien años, cuando el 13 de septiembre de 1992, se produjo un terrible terremoto que aplastó hasta su destrucción la ciudad de Esteco. Los fuertes remezones se sintieron también fuertemente en la ciudad de Salta, donde causó grandes daños, aunque no de la magnitud de la ciudad anteriormente mencionada.

Se encontraba a la sazón en la Matriz una imagen de la Inmaculada y fue entonces que los atemorizados pobladores de la ciudad, al pensar que Salta sería destruida y viendo que la iglesia había sido gravemente dañada, encontraron la imagen de la Inmaculada en el suelo en actitud orante a los pies del Señor, con el rostro otrora colorido, ahora pálido y apagado, lo cual fue interpretado como una súplica a su Divino Hijo.

Como los temblores se sucedían intermitentemente, la imagen fue colocada en el exterior de la iglesia y fue entonces que uno de los sacerdotes de la Compañía de Jesús -padre Carrión- escuchó una voz que le decía: “…mientras no sacasen al Cristo en procesión, no cesarían los terremotos”. Los pobladores y sacerdotes recordaron al Cristo abandonado en la sacristía y procedieron a sacarlo colocándolo delante de la iglesia de La Compañía frente a la plaza principal de la ciudad. Luego de haberlo hecho, los fieles concurrieron a orar portando antorchas encendidas y las campanas redoblaron en señal de penitencia, sacándolo posteriormente en procesión. Fue al amanecer del día 15 que la tierra dejó de temblar y al día siguiente renació la calma. Fue entonces que se tuvo conocimiento de la destrucción de Esteco.

La devoción continúa año tras año, salvo el que hoy vivimos, sin poder realizarse debido a la pandemia encendida en el mundo y también en esta ciudad. Se preservó con esta medida la salud general al evitarse conglomerados y contagios.

Ciudad de Esteco

Fue en sus comienzos un presidio, levantado por el entonces gobernador Alonso Mercado y Villacorta, con una dotación militar permanente. Prontamente, se convirtió en la ciudad más importante y de mayor número poblacional, además de orgullosa, liberal y viciosa, de todo el territorio del Tucumán. El 13 de septiembre de 1692 se produjo el fatal terremoto que la destruyera y diera lugar al mito.

Leyenda de la mujer de piedra

Cuenta esta leyenda que Esteco fue la más rica y poderosa de las ciudades establecidas en el norte del país, precisamente, en suelo de la provincia de Salta, donde la fertilidad campeaba por todos los rincones de su jurisdicción. Dice el mito que sus edificios estaban recubiertos de oro y plata, y sus pobladores hacían ostentación de un pecaminoso y desmedido orgullo rayano en la soberbia. Se vivía solamente para las cuestiones relativas a la vanidad más absoluta, despreciando con insolente mezquindad la pobreza de algunos pocos pobladores. Solo importaba el ocio y el placer.

Un día entró en la ciudad un viejo misionero pidiendo limosna sin que nadie lo socorriera. Aquí la leyenda continúa cuando una mujer muy pobre que vivía su miseria en las afueras de la ciudad junto con un hijo pequeño asistió al peregrino dándole de comer sin tener en cuenta las privaciones a las que estaba sometida, quizá soñando con el sempiterno hogar de la esperanza. Seguramente, bajo sus ojos languidecía un hogar apacible, que esa corriente de amor de sus vecinos le negara, producto de las cobardías cotidianas.

El misionero había concurrido a la ciudad con el objeto de redimirla y desde el púlpito instó a los feligreses a retornar a las costumbres enseñadas por Cristo, es decir, volver a la caridad, la humildad y generosidad para con todo el mundo, sin tener subestimaciones de clase alguna. Las burlas y el desprecio no se hicieron esperar y, entonces, predijo con énfasis que, de no hacerlo y no dar pruebas de enmienda alguna, la ciudad de la que tanto orgullo tenían sería destruida por un terrible terremoto. Se burlaron hasta el cansancio sin que el misionero reaccionara, entonces, la mofa llegó al colmo, porque se produjeron chistes irreverentes y osados, pues compraban en las tiendas cintas color terremoto.

El misionero, quizá desalentado, concurrió hasta donde moraba la indigencia de esta sencilla mujer y le ordenó que en la madrugada de ese día saliera de la ciudad, pues ella se perdería y sería salvada gracias a la profunda Fe en Dios y a la caridad demostrada en todas las circunstancias de su vida. Pero lo hacía con una sola condición y esta era la de no volver la cabeza para mirar hacia atrás, aunque le pareciera que el mundo se desplomara. Debía dominarse, pues si no lo hacía, también el castigo le alcanzaría a ella.

Obedeciendo a esta advertencia, salió como le dijeran, muy a la madrugada, con su hijito en brazos, cuando de pronto se hizo oír un trueno ensordecedor anunciando la catástrofe. Despavorida, vio cómo se abrían profundas grietas en la cercanía de sus pasos, desde donde salían lenguas de fuego, que hundían a los despavoridos habitantes en profundidades abrasadoras. La mujer escuchaba a sus espaldas lamentos y gritos de la población otrora pecadora y, sin poder resistirse, volteó la cabeza en dirección de aquellos gritos despavoridos, transformándose en el acto en una mole de piedra.

Los campesinos, recogiendo la tradición de sus antepasados, dicen verla a la distancia con su niño en brazos recordando los decires que, con cada año que transcurre y con cada paso dado, se acerca a la ciudad de Salta. Cuando llegue a ella, no más entrando en la catedral, será el fin del mundo. Hoy algunos signos existentes recuerdan su emplazamiento, aunque nada de lo encontrado hace suponer las riquezas descriptas en el mito. Lo cierto es que parte de las familias que la habitaron se radicaron en las ciudades de Tucumán, Salta y también en sus aledañas.

El Intrasigente, República Argentina © Copyright 2020 // Todos los derechos reservados