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Dia de la madre
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SOCIEDAD

18 de octubre: Día de la madre

Hoy 18 de octubre, de rodillas sobre la tumba de la mía, la ternura siempre viva de la lágrima y de la flor.

Por Ricardo Mena-Martínez Castro-. Venimos hoy 18 de octubre a celebrar este Día de la madre inolvidable para el recuerdo, que perdurará Dios mediante por los siglos de los siglos. Para quienes tienen la suprema bendición de tenerla, es preciso recordar hasta el cansancio esa mirada fuertemente humana con que una madre mira a sus hijos, vigilando atentamente el desarrollo sano de su sangre. Esa mirada se extiende a muchas vidas, o quizá al cansancio de muchas noches en duermevelas angustiosas en pro de sus hogares.

Madre se asocia indefectiblemente a la caridad puesta de manifiesto en cada uno de sus actos, reflejada quizá en la imaginaria circunstancia en que un niño pobre de los tantos que hoy siembran las villas de emergencia, acaso enfermizo y doblado por penas inciertas e injustas de la cual es inocente, es socorrido por una madre sufrida que aprieta al hijo en la desolación de sus senos venerables.

 Madre, cuyos ojos acaso vertieron lágrimas aún insuficientes para lavar la conciencia de los que mandan. En mi largo peregrinar por este mundo, he visto últimamente a ese niño infeliz, para quien la vida tal vez no tenga primavera. He contemplado también en el vórtice de los barrios pobres de mi patria, niños desheredados y humildes, donde la madre contempla impotente, con los ojos absortos de estupor, y donde la mirada tiene más preguntas que respuestas.

Recuerdo inconscientemente a las madres del dolor y de la injusticia, cuyos ojos agonizan en sus cuencas y las ojeras que la consumen languidecen como si fuera un largo epitafio presentido. Vi también en la otra orilla de las circunstancias, madres vigilantes, donde ella misma es una infinita corriente de amor, y su mirada trasunta extraordinarias fulguraciones, donde la caridad pareciera haberse complacido en tallarlas.

Son madres que haciendo honor a la palabra, van directo a remediar las llagas, para convertir el infortunio en misericordia dentro de una escala perpetua de altas vibraciones, erradicando así las amarguras de este mundo. Un niño sin madre, abandonado en la vida, es como una rosa sin perfume, sin el arrullo placentero de una caricia, entonces ese niño soñará una madre, con las pupilas rebosantes de perplejidad.

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