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SOCIEDAD

Inauguran un nuevo mural que divulga ciencia en Puerto Madryn

Es parte del proyecto «Ciencia al viento, Paseo de Murales». Busca conectar al público con diversas experiencias y saberes.

Un instituto del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en Puerto Madryn inauguró el tercer mural como parte del proyecto «Ciencia al viento, Paseo de Murales». De esta forma, los científicos buscan divulgar la ciencia y el trabajo que hacen los investigadores. En el caso de esta pintura, la temática fue la Guerra de las Malvinas y la llegada de los soldados a territorio argentino.

Se trata de una propuesta de turismo científico que tiene como objetivo articular el conocimiento generado y validado por investigadores de diversas disciplinas, así como saberes propio de diversos actores sociales para ponerlos al alcance de la sociedad. Se considera que estas paredes, antes silenciosas, comenzaron a comunicar la identidad de la ciudad.

“El mural combina ciencia y arte de una manera casi perfecta, convirtiéndose en un vehículo de divulgación científica para hacer visible distintos aspectos de la identidad de la ciudad, de la fauna que la circunda y de la historia de distintos colectivos sociales que han dejado huella”, explicó Diego González Zevallos, investigador adjunto del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en el Instituto Patagónico de Ciencias Sociales y Humanas (IPCSH-CONICET).

Hasta el momento y desde que se inició con este vnculo entre la ciencia y el arte, se pintaron dos murales y se está proyectando la creación de algunos más. El primero de ellos fue denominado «De las patas a las aletas» y se encuentra expuesto en el predio del CCT CENPAT-CONICET. En el se refleja la evolución de los cetáceos en la Patagonia a través del tiempo. El segundo es «Vida portuaria», el cual retrata el trabajo diario portuario y se encuentra instalado en el Muelle Storni. El último inaugurado es «El regreso», en homenaje a los soldados de Malvinas que llegaron a Puerto Madryn en 1982.

De la mano de estos murales, considerado un proyecto de turismo científico, el público es invitado a intercambiar experiencias, saberes colectivos sociales, pasiones, dolores, modos de vida y demás cuestiones de las que se nutren las pinturas y comienzan a dialogar con quienes se acerquen a observarlos. De hecho, según el técnico principal del CONICET, Juan Carlos Berón, exponerse a esta nueva obra constituye una experiencia movilizadora.

“El 19 de junio de 1982, desembarcaron 4100 soldados argentinos del Buque británico Canberra. Yo presencié desde el mar, esa llegada. Estaba tomando muestras para el CONICET y pude ver como una multitud de personas emocionadas se abalanzaban en el puerto para recibir a los soldados.  Al otro día, cuando bajé del barco fui a la casa de mi madre. A la vuelta había un almacén. Ella me contó que el día anterior había ido a comprar pan, mayonesa y mermelada. Al regresar, a la entrada de su hogar, había cinco soldados recién llegados pidiéndole algo de comer. Solo uno de ellos tenía rango. Era cabo. Mi madre, los hizo pasar. Les dio pan con mermelada, pero como seguían hambrientos, también les preparó pan con mayonesa. El cabo, el único con ginetas, no comió nada y no paraba de llorar. Lloraba, lloraba y lloraba. Le pedía disculpas a mi madre por no haber ganado la guerra”, recordó.

“En este proyecto, la ciencia se valora más como generador de procesos que de resultados. En el recorrer, en el transitar de `Ciencia al Viento`, existe un proceso de transformación de las personas. De quienes forman parte del equipo, pero se tiene la expectativa también que esa transformación sea social, que pueda compartirse con todos los que inicien el paseo de murales”, remarcó Ramiro Torres, documentarista de “Ciencia al Viento”.

En el proyecto trabajado científicos, comunicadores y artistas, entre demás profesionales de diversas disciplinas. “En este sentido la ciencia y el arte se encuentran en movimiento, buscando un entendimiento, fusionando razón con intuición, percibiendo orden en el caos, encontrando certezas en las incertidumbres. Podríamos suponer que lo invisible es lo que está pero no es visto, lo que, permaneciendo, no es reconocido; pues entonces desde una pintura o un mural a la situación ambiental global y sus repercusiones sociales; el arte y la ciencia a veces ´hacen visible lo invisible´. Se trata de una nueva mirada sobre nosotros, sobre el mundo, sobre nuestra relación actual con la naturaleza; una mirada que integra y no divide; que muestra sin necesidad de demostrar; que moviliza la imaginación y los sentimientos al mismo tiempo que la mente”, concluyó, González Zevallos, integrante del equipo de trabajo.

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