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Brasil asegura defender el ambiente, pero el Amazonas lo desmiente

El país del progreso y el orden sigue sin cuidar su gran pulmón verde.

La mayor potencia de América Latina está repleto de paraísos naturales y comparte con otros países el Amazonas, cuya gran proporción se encuentra en el territorio presidido hoy por Jair Bolsonaro. Su secretario de Comercio Exterior, Marcos Troyjo, aseguró que su país «es un ejemplo de conservación del ambiente y que cumplirá el Acuerdo de París exigido por la Unión Europea (UE)», aunque el principal pulmón verde del continente no diga exactamente lo mismo.

«Brasil es una superpotencia ambiental, podemos dar lecciones en el área de protección ambiental, de utilización inteligente de los recursos naturales», afirmó Troyjo, quien junto al canciller Ernesto Araújo encabezaron la delegación brasileña que concluyó en Bruselas las negociaciones para la creación de un área de libre comercio. Ese mismo día se llevaba a cabo en Japón la Cumbre del G-20 durante la cual el presidente francés Emmanuel Macrón presionó a Bolsonaro para que permanezca en el Acuerdo de París sobre cambio climático.

Sin embargo, los datos son claros y concretos, para mal. Hace tres días, El Intransigente daba cuenta de la devastación del Amazonas, que no sólo no se redujo sino que se acelera. La deforestación del Amazonas no da marcha atrás, porque en la gran porción de selva brasileña, de acuerdo a los registros del mes de junio, el desmatamiento creció un 60% respecto del mismo mes del año pasado, de acuerdo con el Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (INPI). Así, la superficie arrasada el mes pasado fue de 762,3 kilómetros cuadrados, que es equivalente a la extensión de la ciudad de Belo Horizonte.

Básicamente, son los peores datos desde 2016, según indicó el organismo dependiente del Ministerio de Ciencia y Tecnología de Brasil. Según cita la agencia ANSA, “en los seis primeros meses de este año los incendios y las talas ilegales de bosques causaron la pérdida acumulada de 2.273,6 kilómetros cuadrados”. Días atrás, el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, afirmó insólitamente “que no existe deforestación de la Amazonia y que existe una psicosis ambientalista que magnifica el tema”.

Así lo dijo durante la cumbre del G-20, en Osaka, Japón, donde habló del tema con la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Emmanuele Macron, a quien invitó para que visite la Amazonia. Pero mientras las reuniones del mandatario latinoamericano tenían como uno de los temas desmitificar esto, toda una extensión de selva del tamaño de Belo Horizonte pasó al olvido en el pulmón verde más importante de todo el continente.

La semana pasada, Bolsonaro había indicado al arribar a Japón que Alemania tenía que aprender de Brasil en materia de política ambiental, al rebatir críticas formuladas por la canciller Angela Merkel. “Ellos -los alemanes- tienen mucho que aprender de nosotros sobre medioambiente”, declaró el mandatario a poco de aterrizar en Osaka para participar en la cumbre del G-20. Y agregó que estaba dispuesto a tener “una conversación clara” con Merkel.

Un día antes, la líder alemana había manifestado “gran preocupación las acciones del presidente” en materia de deforestación de la selva amazónica. Alemania es el principal financiador del Fondo Amazonia que desde hace una década ha aportado millones de dólares para mitigar el desmatamiento que, de acuerdo a los números concretos de los relevos sobre sus miles y miles de hectáreas, la destrucción de la selva no termina ni retrocede: avanza siempre.

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