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CONICET: homenajearon al ecólogo Enrique Chaneton, fallecido en marzo de este año

Dr. en Biología por la Escuela Imperial de Londres y profesor, el científico fue recordado por sus colegas y alumnos.

El Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas a la Agricultura (IFEVA, CONICET-UBA) homenajeó al científico del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) Enrique Chaneton, quien falleció el pasado mes de marzo. El instituto organizó una jornada científicas que llevó el nombre del ecólogo, especializado en ecología de comunidades.

Chaneton ingresó a trabajar en el IFEVA desde joven, antes de tener su licenciatura en Biología en 1986. Más adelante, en el 2001, entró a la carrera de Investigación Científica y Tecnológica (CIC) del CONICET y para el 2002 ya era investigador principal. Sus estudios continuaron y termino por recibirse de Magister Scientiae en Recursos Naturales por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y Dr. en Biología por la Escuela Imperial de Londres.

Junto con su actividad científica, Chaneton también se desarrolló como docente y formador de futuro científicos. De hecho, como parte de las jornadas de homenaje, Marina Omacini y Pedro Tognett, quienes fueron guiados por el científico cuando realizaban sus tesis doctorales, escribieron algunas palabras en su honor, destacando su rol de «maestro, colega y amigo» por sobre todas las cosas.

«Él mostraba un gran interés en la ecología de comunidades y en cómo las interacciones entre especies de un mismo o diferente nivel trófico influyen en la estructura y el funcionamiento de pastizales y bosques. Sus estudios se centraban en los efectos directos e indirectos de ciertas especies vegetales (algunas de ellas invasoras) y prácticas de manejo como el pastoreo, sobre la diversidad, la productividad, la descomposición de material muerto o la dinámica de las redes tróficas», señalaron, contando también que la idea de rendirle honor estaba desde hacia un tiempo pero que siempre se iba postergando.

«Algunas personas encontramos en Enrique un docente con quien queríamos formarnos desde el primer día que lo vimos en el aula. Otras hallamos a un maestro que siempre recordaremos o a un director capaz de acompañarnos con paciencia y dedicación en el campo, en los congresos, en el análisis de los datos y en la escritura. Nos enfrentamos a un evaluador con comentarios pertinentes, positivos y constructivos. A un colega generoso, siempre disponible para ayudarnos a encontrar la palabra justa, el marco conceptual o la importancia ecológica de nuestro estudio. Algunas personas encontramos a un amigo colega a quien acudir cuando no sabíamos cómo avanzar con una maraña de datos o con el borrador de un manuscrito», continuaron, señalando todas las facetas que ocupó el investigador.

  En esa línea añadió que también se lo recuerdo como «al que preparaba cada palabra de su clase o charla y dejaba a todos fascinados; al que callaba sin dejar de exigir y lograba lo mejor de uno y de nuestros datos; a quien confió en nuestra capacidad de escribir aunque nos haya llevado años y muchas, muchas idas y vueltas enviar un manuscrito a publicar; a quien parecía no cansarse de corregir; a quien admiramos por su forma de escribir, de leer, de organizar las ideas, de plasmarlas en un papel; a quien dio sentido y postura a nuestra marcha; a quien sabía dónde ubicar la coma, la cita o la goma de borrar».

Por último, tras señalar que a lo largo de su carrera Chaneton, o Lord Chaneton como sus colegas dicen llamarlo, también publicó diversos papers en revistas tales como Biological Invasions, sus allegados aseguran sentirse «agradecidos de haberlo conocido, de haber trabajado con él, de haber sido respetados y reconocidos como personas diferentes a él, con nuestras propias necesidades. Gracias; gracias Chane por todo lo que nos diste y nos seguís enseñando», concluyeron

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