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ESPECTÁCULO

María Julia Oliván habló del desafío de alimentar a su hijo con autismo: «Es un drama»

La periodista contó cómo vive con Antonio, quien fue diagnosticado con TEA hace dos años.

El día que nació Antonio, fue el momento más feliz en la vida de María Julia Oliván. El amor la invadió por completo y se dio cuenta que haría todo lo posible para que el nene estuviera feliz. Por eso, cuando a los dos años los médicos lo diagnosticaron con Trastorno del Espectro Autista (TEA), la periodista decidió abandonar su trabajo para dedicarse 100% a su hijo y darle la mejor calidad de vida.

Sin embargo el camino no es fácil y diariamente María Julia se encuentra con algún nuevo desafío. ¿El de ahora? Conseguir que Antonio coma variado. «Es un drama. Tiene un mambo», comenzó diciendo la periodista en LAM y relató: «Hay muchos chicos que tienen restricciones alimentarias, pero no todos. En mi caso es positiva y negativa porque su restricción es que come todos los días pescado. La señora me dejó freezado, pero ya se me está acabando. Todos los días come eso, pizza y no come golosinas”.

Luego contó en qué consiste actualmente la dieta de su hijo. «Cuando nació yo le daba verduras… Él come croquetas de brócoli y pescado porque él eligió eso. El pescado lo empano y lo frito. Me compré una freidora a vapor y así tampoco me lo come. Después come alguna galletita. A los tres años y medio le tenés que sacar la mamadera, pero con todo lo que estaba haciendo dije ‘que la deje cuando quiera’. Toma una mamadera y come una galletita. No come mucho”, aseguró.

En relación a cómo se logra que un niño con TEA se alimente apropiadamente, Oliván relató: «Él por la pizza se vuelve loco. Va a la puerta y lo saluda al pibe que la trae. Se pone muy ansioso y le enseñé a que cuente porque se pone muy nervioso. Quiere que llegue la pizza y va todo el tiempo hasta la puerta. Las restricciones del gusto empiezan por lo táctil. Cuando tratamos de trabajar de que coma otras cosas, tratamos de que las toque. Por eso trabajamos con masas, espumas”, indicó y siguió:

“Primero tienen que tener la tolerancia a tenerlos en el mismo plato. La tolerancia a tocarlos, a olerlos y después a tenerlos en la boca. Todos esos pasos yo los hice, pero no me salió. El año pasado estaba obsesionada con ese tema y aflojé porque me estaba poniendo mal. Todos los días tenía que hacerle dos comiditas para que las tenga cerca». Por último María Julia cerró: «Está en el peso perfecto, así que me relajé un poco. Igual seguimos probando y los papás de chicos más grandes me dicen que van cambiando, así que espero que vaya cambiando”.

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