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El Intransigente
Termas de Fiambalá

VIDA & ESTILO

En las Termas de Fiambalá, abrazados por el calor de la tierra

Un paraíso termal perdido entre las montañas

Catamarca es el paraíso de los blogueros de turismo y de los aventureros que le gusta descubrir maravillas ocultas entre el paisaje. Es una provincia con secretos escondidos entre los cerros, en los recovecos de sus valles y en la misma capital provincial. Pocos lugares nos dan la gratificación de la aventura y el descubrimiento en un mismo viaje como lo hace esta provincia del NOA. Parques arqueológicos, cerros de colores, nieve, lagunas azules, ríos prístinos, todo se puede encontrar en esta provincia que, como no podía ser de otra manera, tiene sus propias aguas termales.

Quebrando una añosa montaña, a pocos kilómetros de la pintoresca Tinogasta, surgen las aguas cálidas que le dan el nombre a las célebres Termas de Fiambalá, un complejo de aguas mineralizadas y termales que atraen a miles de visitantes todos los años, que buscan el abrazo cálido de la naturaleza. Dicen que el líquido, que cae en surgentes desde los cerros, tiene propiedades curativas por eso quienes conocen el lugar, no dudan en volver varias veces.       

Fiambalá, es una denominación de los habitantes primigenios de la zona, traducido a nuestra lengua significa algo así como “agua que penetra en la montaña”. Pero las termas catamarqueñas no sólo son un atractivo por su poder curativo y sedante, sino que además están rodeadas de un paisaje único, una vegetación que nunca pierde su vivo color verde, que enamora a los visitantes y que amarra a los nativos para que nunca dejen su tierra.

De acuerdo con los datos que aportan los mismos pobladores, los piletones que adornan la zona y donde se congregan los visitantes, se formaron de manera natural, son roca horadada durante milenios por el agua que baja de las montañas con una temperatura que oscila entre 38º  y 70º, las propiedades minerales los líquidos que emanan de las entrañas mismas de la tierra hizo que muchos médicos recomienden un chapuzón para aprovechar sus cualidades, que pueden servir como paliativo a problemas respiratorios, digestivos, circulatorios, reumáticos y de piel.

Pero, si sólo habláramos de las termas catamarqueñas no estaríamos haciendo justicia a este peculiar destino dentro de Catamarca además del atractivo de las termas, la pequeña ciudad de Fiambalá cuenta decena de detalles  que hacen que la visita se prolongue varios días. La zona, que fue bautizada por sus primeros aborígenes como Pianwallá, hoy está rodeada de de olivos y vides con la que los pobladores de la zona hacen vinos y aceites artesanales de un sabor que sólo puede ofrecer el amor de las manos sencillas. El pueblo es parte de la ruta del adobe, otro secreto catamarqueño que abordaremos en la próxima columna. ¡Buen viaje!

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