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El Intransigente
Guayamba
Foto Twitter Matías Pisello

VIDA & ESTILO

Guayamba, la joya oculta de Catamarca

Nada en tu vida será igual después de conocer este paraíso natural

No es fácil llegar hasta la ladera de la sierra El Ancasti, que oculta a la hermosa Guayamba, para ir desde Catamarca se llega luego de recorrer la Cuesta de El Portezuelo, mentada por Los Chalchaleros en su famosa canción, luego tomar ruta provincial Nº 42, con destino a El Alto.  Los últimos 30 kilómetros de ese recorrido no cuentan con pavimento.

Hay una segunda alternativa para llegar a esta localidad desde la capital de Catamarca, es mucho más largo el camino, pero vale la pena el esfuerzo, los paisajes son ideales para quienes gustan de la fotografía o simplemente de hacer un alto en el camino para mirar las bellezas naturales. Esta ruta implica recorrer 150 kilómetros por ruta nacional 38, cruzando la cuesta del Totoral y girando en Huacra hacia la Ruta 64. Se continúa por ella hasta llegar a la localidad de Las Cañas, donde comienza la ruta provincial 42.

Pero la opción más utilizada es la que lleva a los miles de santiagueños que año a año disfrutan de la maravilla catamarqueña, por la Ruta Nacional Nº 9 hasta la localidad de Lavalle, en el límite entre Santiago del Estero y Catamarca. Desde allí tomar hacia el oeste por Ruta Nacional 64, hasta la localidad de Las Cañas. Luego por la Ruta Provincial Nº 42 y desde allí recorrer 33 kilómetros hasta arribar a la localidad de El Alto.

¿Qué tiene Guayamba que la hace merecedora de estas líneas? Tiene paz, belleza natural, un río que horadó la montaña hasta formar las famosas ollas de Guayamaba, que son piletones naturales donde los turistas pueden bañarse en familia. El río nos regala un paisaje de un verde cálido que jamás se apaga, que nos llena la vista, que enamora a quienes gustan de una caminata bajo el sol, compenetrados por la naturaleza.

Para los que gustan de una tarde tranquila de pesca siempre hay un buen lugar esperando en el dique “Collagasta”. Apenas alejado unos pocos kilómetros de El Alto, ofrece un apacible espejo de agua, rodeado de abundante vegetación y el silencio que sólo los amantes del “deporte de la paciencia” saben apreciar.

Un lugar pintoresco

El pueblito es pintoresco, caminando por sus calles de tierra parece que el tiempo se detuviera, nada es igual después de un atardecer entre las callejuelas de esa tranquila villa veraniega. Por las tardes, el repicar en el campanario de la vieja iglesia nos transporta a los tiempos de antaño, es “la hora de la oración” aún se escucha decir a algún anciano que habita las casonas de piedra que engalanan el poblado catarmaqueño.

 Para los más jóvenes siempre hay alternativas, al caer las primeras sombras nocturnas se pueblan los bares, los jóvenes santiagueños, tucumanos y catamarqueños que visitan el lugar todos los años  hacen que la noche se ilumine, una discoteca invita a pasar una noche entre música y tragos, pero los más conocedores del lugar aseguran que no hay nada mejor que las guitarreadas que se multiplican en los camping y a la vera del río.

Vale la pena repetirlo, nada es igual, después de un atardecer en Guayamba, la joya oculta de Catamarca.  

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