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Instan a investigar si son veraces las denuncias de abuso sexual contra el sacerdote fundador de Schoenstatt

El Obispo de Encarnación (Paraguay), Monseñor Francisco Javier Pistilli Scorzara.

La reconocida historiadora alemana de la Iglesia Católica, Alexandra von Teuffenbach, realizó un informe que fue publicado a comienzos del mes pasado por el vaticanista Sandro Magister en su blog Settimo Cielo. La investigación también fue divulgada por el periódico alemán Die Tagespost y da cuenta de las denuncias de abuso sexual contra el Padre José Kentenich, fundador del Movimiento Apostólico de Schoenstatt.

En la presentación realizada, se informó que el religioso habría abusado de mujeres consagradas de las Hermanas de María de Schoenstatt. No obstante, la institución religiosa expresó que se trata de casos que se remontan a mediados del siglo pasado, las cuales, se «aclararon en el proceso de beatificación abierto en 1975». En este marco, el Obispo de Encarnación (Paraguay), Monseñor Francisco Javier Pistilli Scorzara, solicitó “buscar respuestas sin miedo y sin necesidad de dibujar un fundador perfecto” ante las denuncias contra fundador de este movimiento.

Y es que también existen sobre el Padre José Kentenich denuncias sobre abuso de poder. En esa línea, Monseñor Pistilli Scorzara comentó que “se va a exigir de nosotros mucha objetividad. De alguna forma, nuestro fundador es puesto a prueba. Confiamos en que pasará la prueba, pero debe poder mostrarse así, con imparcialidad”. Asimismo, se mostró convencido de que “no se trata de ponerse a la defensiva, sino de animarse a la luz. Puede ser doloroso, seguramente lo será”.

Cabe recordar que en estos momentos, el proceso de beatificación del sacerdote fundador de la importante familia espiritual de Schoenstatt, cuyo origen data del año 1914, que fue iniciado en 1975, se halla en la etapa final de la fase diocesana en la diócesis de Tréveris, Alemania. En 1926, el Padre Kentenich funda el Instituto Secular de las Hermanas de María de Schoenstatt, una comunidad de mujeres que “viven una vida consagrada a Dios en medio del mundo”.

Allí comienzan a producirse una serie de cuestionamientos a la “libertad interior” en Schoenstatt. El auxiliar del obispo de Tréviris, Bernhard Stein, “puso en evidencia algunos defectos e irregularidades”, en 1949”, según la investigadora Alexandra von Teuffenbach. Además, dijo que “poco después agregó haber encontrado una ´insatisfacción interior tan característica de las religiosas marianas, así como también inseguridad y falta de autonomía`”.

Sin embargo, para los integrantes de la Familia de Schoenstatt, según la historiadora alemana, “Kentenich era el ‘padre’, el fundador del poder absoluto, con frecuencia equiparado a Dios, tanto que en muchas expresiones y oraciones no se comprende con claridad si éstas están dirigidas a Dios Padre o al fundador mismo”. En ese sentido, describió una serie de supuestos ritos en los que Kentenich habría tenido un comportamiento inapropiado.

“De este rito se llega al relato hecho en una carta de 1948, trascrita por el padre Tromp, de una religiosa alemana, que en la época de los hechos se encontraba en Chile. El tema de la carta es un abuso sexual”, indicó. “La religiosa cuenta que después de lo que le había sucedido en ocasión de uno de estos ritos no había podido ver más en el ‘padre’ al fundador, sino solamente a un ‘varón’, diciendo que se había revelado y sufrido durante un año antes de poder hablar con su confesor al respecto”, añadió Von Teuffenbach.

Por su parte, el confesor, le habría dicho a la religiosa “que no le daría la absolución hasta que ella no le diera el permiso de denunciar en Roma el comportamiento del padre Kentenich, ‘porque no comprendía cómo religiosas inteligentes podían participar en estas cosas, pero menos todavía podía comprender al padre`”. “Cuando después el visitador apostólico preguntó a la madre general, ya destituida, si había recibido otras cartas de ese tipo, la madre generala dijo que seis-ocho cartas, que le parecieron menos graves, pero dijo que las había arrojado a la basura”, indicó la historiadora.

La investigación de Von Teuffenbach concluyó que “todo el clima, todo el ambiente descrito por el visitador es muy sexualizado. Ballets de religiosas en torno al padre fundador, encuentros nocturnos y expresiones ambiguas no son ciertamente lo que se espera en una casa religiosa”. Luego de esto, el propio Vaticano ordenó al Padre Kentenich que se aleje de su fundación, por lo que se retiró en una suerte de “exilio” a una casa de los Padres Palotinos en Milwaukee (Estados Unidos).

No obstante, según Von Teuffenbach, el sacerdote “no se atuvo en absoluto a las disposiciones vaticanas, manteniendo contactos con las religiosas, las cuales no lograron encontrar esa libertad y autonomía que los visitadores habían esperado”. Por esta razón, la historiadora lamentó que “o hubo ningún nuevo comienzo para Schönstatt, porque muchas hermanas prefirieron la fascinación del fundador a las directivas de la Iglesia”.

Pero en 1965, tres años antes de su muerte, el Vaticano le retiró la sanción y le permitió al fundador reencontrarse con la Familia de Schoenstatt. Al respecto, Von Teuffenbach resaltó que el Vaticano se anticipó al sancionar prontamente al Padre Kentenich. “La Iglesia Católica procede en el sentido más justo por esas mujeres, pero sin degradarlas publicitando los hechos. En el decreto del Santo Oficio no hay nada escrito respecto a los abusos, pero los hechos cuestionados se los comunica por escrito a las madres superioras, para que puedan aceptar más fácilmente el alejamiento del fundador”, comentó.

Pero, según dijo, “lamentablemente las religiosas no estuvieron en condiciones de acoger esa mano que se había extendido hacia ellos; no lograron –así se deduce de las actas– separarse de ese hombre, así como muchas mujeres no llegan a alejarse del marido que la maltrata y que con frecuencia excusan y defienden”. Por su parte, Monseñor Pistilli Scorzara opinó que el “abuso de poder es un tema desarrollado, quizás desde el tiempo del exilio. La iglesia misma no lo comprendía cabalmente. En Padre Pio fue una pregunta en su proceso. Pasó la prueba”.

En ese marco, declaró que “poner paños fríos no siempre es la mejor opción. Menos en tiempos como los de hoy”, mientras que hizo hincapié en el hecho de que “hablar sin conocimiento tampoco es bueno”. “¿Cuánto sabemos en verdad? ¿Podemos profundizar en lo que significa todo esto? Sin velos, pero con objetividad. Me gusta pensar que podemos. Dios es luz y aquellos que lo siguen, necesitan ser vistos en su luz”, finalizó.

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