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ESPECTÁCULO

«Pobre y mediocre» ¡Lanata dijo cosas muy fuertes sobre dos figuras muy importantes y le complicó la vida a Canal 13!

¿Era necesario ser tan frontal? No se guardó nada. ¡Fuertísimo!

Jorge Lanata, indudablemente, es la gran figura de Canal 13 pero, a veces, incluso él parece exceder los límites y eso pone nerviosos a sus jefes del Grupo Clarín; esta vez, el periodista no tuvo problemas en hablar de diferentes temas, comenzando por los inconvenientes que tiene el kirchnerismo para que le aprueben los cambios en la justicia que, según los teóricos, le permitiría a Cristina Kirchner evitar ser llevada a juicio, por ejemplo, si vuelven a hacerle juicio por su patrimonio.

Muy filoso, el periodista aseguró: «Ponele que quieran salvar a Cristina (Fernández). Lo único que sirve es el indulto, pero ella tendría que decir que es culpable. Cristina quiere la escarapela, el monumento, el feriado ‘Santa Cristina’. Todo es menos. Cualquier solución es menos», disparó el conductor, lo que no le habría gustado mucho a sus jefes que no quieren llegar a ese nivel de confrontación y, según rumores, podrían pedirle que baje el tono de sus monólogos, aunque resulta difícil adivinar quien se animaría a decírselo.

Consciente de que tampoco debe tomarse todo demasiado en serio, Lanata aprovechó para pegarle un fuerte palito a otra figura del grupo Clarín, su compañero Marcelo Longobardi quien, pese a existir una prohibición de moverse por la pandemia, consiguió el permiso para viajar a Francia a realizar una serie de entrevistas. «Sigamos con nuestra pobre y mediocre vida mientras Longobardi almuerza en París», acotó con ironía el conductor, aprovechando para tirarle, de nuevo, otro palito a sus jefes. ¿Envidia, tal vez?

Por supuesto, Marcelo apenas escuchó esto se puso al teléfono y llamó para contar, de manera picante, como había sido su viaje: «En Ezeiza no hay nadie, está prácticamente vacío. Ayer había dos o tres vuelos, el de Air France, uno de Jet Smart y uno de Aerolíneas. Está todo el mundo con barbijo, con distanciamiento social. No funciona el sistema de aduanas y el procedimiento para subir al avión es por sectores». Lo curioso es lo que contó a continuación, pese a la prohibición de moverse, «el avión estaba lleno».

Para justificar que pudiera hacerse algo así, en plena cuarentena por la pandemia, Longobardi explicó que «el avión tiene un sistema de limpieza del aire cada dos o tres minutos. Cuando bajás tenés que llenar un formulario en francés donde ponés el lugar de alojamiento y en qué lugar del avión estabas sentado. Tomar un avión no es un episodio bélico. No es una cosa normal pero no hay mucha diferencia».

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