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El Intransigente
Santa María

VIDA & ESTILO

Santa María, la reina madre del turismo catamarqueño

Una paseo por la historia argentina y la belleza de los Valles

(Por Diego Nofal) Algunos lectores de esta columna de turismo en Argentina, particularmente en Catamarca, han resaltado la «injusticia» de no haber escrito aún sobre Santa María. Es entendible el enojo, la ciudad catamarqueña, surcada por la ruta 40 fue durante años el emblema del turismo catamarqueño. Su estratégica ubicación en los Valles Calchaquies, la hacían paso casi obligado para los turistas. Con el advenimiento de la explotación minera, este tranquilo poblado se volvió una mini metrópolis perdida entre los valles. Pero, aún así, no perdió su particular encanto.

Santa María es todo lo que busca un visitante en las montañas, pero que soporta alejarse de la comodidad de las ciudades. Es un pueblo donde se puede hacer una excursión a caballo por los cerros, visitar reservas arqueológicas impactantes, pero a la vez comer en coquetos restaurantes u hospedarse en hoteles cómodos y modernos. Está flanqueda por cerros diáfanos que cambian de color conforme el sol va marcando su recorrido diario. Un río prístino de agua helada marca el límite del pueblo. Hay un pedazo de historia a cada paso. En el valle habitaron varias tribus, fue hogar de Incas y Calchaquies que dejaron su sello grabado a fuego en la región.

Es un lugar donde se puede pasar una quincena completa sin aburrirse ni un segundo. Pero antes de contarles algunas de las decenas de actividades que pueden hacerse en Santa María, una breve y llamativa reseña histórica. El nombre es una herencia de la misión de Santa María de los Ángeles de Yokavil fundada en 1618 por los jesuitas y abandonada poco más de un siglo después, cuanto la orden jesuítica fue expulsada del continente. Los pobladores del lugar decidieron abreviar su nombre a Santa María a secas. Durante mucho tiempo fue un pueblo dominado por comunidades originarias. Pero, con el correr, de los años los criollos argentinos fueron asentándose en el lugar, enamorados de sus paisajes.

A la hora de hablar de las actividades turísticas en la zona, hay que hacer un injusto resumen. Poner todos los lugares que se pueden visitar, haría a la columna ilegiblemente larga. Catamarca, como ya lo contamos es una meca del turismo religioso, así que nuestra primera parada será la catedral de Santa María. Ubicada frente a plaza central de la ciudad de Santa María. Este templo rompe la hegemonía de las construucciones en la región. La incorporación de las vidrieras artísticas, abundantes y de tonos suaves, son una alabanza no sólo a Dios, sino también al buen gusto. No es una fuente de estudio de la historia lejana de la zona, porque el templo se fundó en 1998 y de ahí su formato moderno. Vale la pena la visita, además durante toda su estadía pasará varias veces por la puerta, entrar es un placer visual del que no puede privarse.

Una visita imperdible es el sitio arqueológico de Fuerte Quemado. Sólo hay que recorrer unos pocos kilometros hacia el norte para llegar a uno de los más grandes asentamientos poblacionales originarios de Argentina. El primer contacto entre loz españoles y los indígenas de la zona se dio en el año 1.500. El asentamiento dejó un yacimiento arqueológico que ocupa más de cinco kilómetros cuadrados. Los restos de la ocupación calchaquí identificado con el nombre de “acalianes”, de la Nación Diaguita, se encuentran a cada paso.

Pero no se detenga en Fuerte Quemado, unos kilómetros más y podrá llegar a La Ventanita. Este sitio arqueológico se encuentra ubicado en la cumbre del cerro del mismo nombre. Su nombre proviene de su construcción en piedra pircada de forma oval. Según crónicas de Fuerte Quemado del año 1.925 y 1.930 solo su base es original, lo demás fue reconstruido y funcionó como observatorio solar o puerta del sol. Durante el solsticio de verano cientos de personas se congregan a rendir homenaje en el lugar al dios Sol.

Para concluir el recorrido, hay que tomar la mítica ruta 40, para llegar hasta el Cerro Pintado de Las Mojarras Es considerado un pucará o fortaleza indígena, ya que desde allí se podía controlar todo el valle. Fue declarado Monumento Histórico Nacional. Nuevas investigaciones señalan que varias fortificaciones de este tipo fueron encontradas en la zona. En un principio se pensó que era debido a la beligerancia de las tribus de la zona, hizo que cada una construyera su fortín. Pero ahora

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