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Alemania toma el liderazgo en Europa: ¿cuál es el camino?

Bajo la dirección de Angela Merkel, la potencia da un paso adelante y dirige las maquinaria de la Unión Europea.

Tras años de críticas por un gasto excesivamente moderado, a partir de la pandemia, Alemania abrió el grifo y liberó 1,2 billones de euros. «Todo el mundo le ha pedido a Alemania que gaste más y ahora Alemania está gastando», dijo la jefa de competencia de la UE, Margrethe Vestager, en un evento en Berlín el 7 de septiembre. «Creo que deberíamos aprovecharlo al máximo», manifestó.

En paralelo, se comienza a ver cómo Alemania ya no se disculpa por tomar las decisiones en Europa. Estas marcas se observan, por ejemplo, en su endurecimiento de las reglas de inversión extranjera, en sus esfuerzos para coordinar la respuesta a una China cada vez más poderosa y en su voluntad de desafiar a Rusia por el envenenamiento del líder de la oposición Alexey Navalny.

“El mundo ha cambiado. Si continuamos como en el pasado, Europa se convertirá en un simple museo industrial», aseguró hace días Andreas Laemmel, líder de asuntos económicos del bloque de la canciller Angela Merkel en el Parlamento. En esta línea, en una entrevista del 10 de septiembre, el ministro de Finanzas, Olaf Scholz, reconoció que el panorama actual significa que Alemania debe asumir «más responsabilidades» y maniobrar la maquinaria de Bruselas, especialmente con el Brexit aún como un problema activo.

De esta manera, Alemania no tiene más remedio que dar un paso al frente en una Europa atrapada en medio de un creciente conflicto entre las dos superpotencias del mundo. Con Donald Trump, Estados Unidos convirtió en un aliado impredecible e incluso hostil, mientras que Xi Jinping elogia el multilateralismo a medida que China se vuelve cada vez más audaz en sus incursiones en las relaciones internacionales.

Para afrontar esos peligros, según la visión alemana, la UE debe hacer un mejor trabajo al combinar el poder económico de sus gobiernos y sus empresas. Eso conlleva permitir una mayor intervención e inversión estatal, flexibilizar las reglas de competencia que obstaculizan las fusiones gigantes de empresas (evitar monopolios) y estrechar los lazos financieros entre los estados miembros. En efecto, si pregona la posición de Alemania, se podría desencadenar una ola de alianzas corporativas en sectores de las telecomunicaciones, la banca o la defensa. De hecho, ya se están canalizando miles de millones de euros hacia nuevas industrias como las baterías y la computación en la nube.

Es así que la alianza entre Alemania y Francia impulsa cambios masivos en la forma en que se maneja la economía europea. «La UE tiene que definir sus propios intereses, tiene que ser fuerte e independiente, tanto de China como de Estados Unidos», afirmó el Ministro de Economía francés, Bruno Le Maire, a un periódico alemán el domingo. «Esto es crucial para tener éxito en el siglo XXI», sentenció.

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