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El Intransigente
Biblioteca Pública de Buenos Aires

SOCIEDAD

La Biblioteca Pública de Buenos Aires

Las autoridades de aquel entonces se abocaron con decisión a su creación y a su carácter de pública.

(Por Ricardo Mena-Martínez Castro). – Ni bien concretada la Revolución de Mayo, un motivo más dentro de los múltiples asuntos a resolver en el reciente germen de país libre, fue el tema de la educación, o sea mejorar hasta donde fuera posible el nivel intelectual de la población hasta entonces en manos de muy pocas personas; se pensó entonces en la creación de una Biblioteca Pública.  

Es a la sazón que, las autoridades de aquel entonces se abocaron con decisión a su enmienda, junto a los problemas económicos y militares que se suscitaban con urgencia. 

El motor de esta inquietud fue nada menos que el doctor Mariano Moreno y, con fecha de 13 de septiembre de 1810, La Gazeta Mercantil publicaba en su periódico la creación de una Biblioteca pública, diciendo textualmente “Casa de libros donde la concurrencia de los sabios con los que desean serlo, producen una manifestación recíproca de luces y conocimientos”. 

El secretario tenía el íntimo conocimiento que las bibliotecas públicas eran “la verdadera escuela de los conocimientos”.  

También hacía aclaración que: “por fortuna tenemos libros bastantes para dar principio a la obra”. Además, para ayudar a esta empresa solicitaba el concurso de la población como manera de hacer patria, y prontamente recibió en donación la suma de trescientos pesos con el agregado de cuatro mil volúmenes. 

Fueron sus primeros bibliotecarios don Saturnino Segurola y Fray Cayetano Rodríguez.

El Primer material bibliográfico fue donado por instituciones como el Cabildo Eclesiástico, el Real Colegio de San Carlos y particulares como Luis Chorroarín, Manuel Belgrano, y el obispo Manuel Azamor y  Ramírez.

Esta Biblioteca Pública fue la antecesora de la que anteriormente se llamara Biblioteca Nacional, ubicada en la denominada Manzana de las Luces, situada en la intersección de las actuales calles Moreno y Perú. Su primera ubicación durante dos años fue el edificio del Cabildo, y el en el año 1812 abre sus puertas al público en el edificio esquina formada por las calles Moreno y Perú de la actual Buenos Aires.  

El motivo fundamental para esta creación fue que la ciudad de Buenos Aires había ya dejado de ser una población bucólica y tranquila, pues los acontecimientos provenientes de España más los atropellos de las invasiones inglesas, dieron a los porteños una impronta nueva. También en la mente de destacados criollos anidó la percepción que la entonces juventud se inclinaba solamente a la carrera de las armas, descuidando la instrucción. 

Ocurre lo mismo en la actualidad con una juventud que maneja un léxico de alrededor de setenta u ochenta palabras, a lo que se agrega el fatídico lenguaje inclusivo deteriorando no sólo idioma y la lengua, sino también el intelecto de una juventud destinada al recambio generacional de dirigencias. ¡Qué peligro para este pobre país, acosado en general por dirigentes mediocres, salvo brillantes excepciones! 

Decreto de la creación de la Biblioteca Pública, Primera Junta de Gobierno, publicado en la Gaceta de Buenos Aires, 13 de septiembre de 1810

«Los pueblos compran a precio muy subido la gloria de las armas; y la sangre de los ciudadanos no es el único sacrificio que acompaña los triunfos: asustadas las Musas con el horror de los combates huyen a regiones más tranquilas, e insensibles los hombres descuidan aquellos establecimientos que en tiempos felices se fundaron para cultivo de las ciencias y de las artes. Si el magistrado no empeña su poder y su celo en precaver el funesto término a que progresivamente conduce tan peligroso estado, a la dulzura de las costumbres sucede la ferocidad de un pueblo bárbaro, y la rusticidad de los hijos deshonra la memoria de las grandes acciones de sus padres.

Buenos Aires se halla amenazado de tan terrible suerte; y cuatro años de glorias han minado sordamente la ilustración y virtudes que las produjeron. La necesidad hizo destinar provisionalmente el Colegio de San Carlos para cuartel de tropas; los jóvenes, empezaron a gustar una libertad tanto más peligrosa, cuanto más agradable; y atraídos por el brillo de las armas que habían producido nuestras glorias, quisieron ser militares antes de prepararse a ser hombres.

La Junta llamará en su socorro a los hombres sabios y patriotas, que, reglando un nuevo establecimiento de estudios, adecuado a nuestras circunstancias, formen el plantel que produzca algún día hombres que sean el honor y gloria de su patria.

Entre tanto ha resuelto la Junta formar una biblioteca pública, en que se facilite a los amantes de las letras un recurso seguro para aumentar sus conocimientos.Toda casa de libros atrae a los literatos con una fuerza irresistible, y la concurrencia de los sabios con los que desean serlo produce una manifestación recíproca de luces y conocimientos, que se aumentan con la discusión, y se afirman con el registro de los libros, que están a mano para dirimir las disputas.

Estas seguras ventajas hicieron mirar en todos tiempos las bibliotecas públicas como uno de los signos de la ilustración de los pueblos, y el medio más seguro para su conservación y fomento. Las treinta y siete que contaba Roma en los tiempos de su mayor ilustración eran la verdadera escuela de los conocimientos, que tanto distinguieron a aquella nación célebre, y las que son hoy día tan comunes en los pueblos cultos de Europa, son miradas como el mejor apoyo de las luces de nuestro siglo.

La Junta ha resuelto fomentar este establecimiento y nombra por protector de dicha Biblioteca al secretario de Gobierno, doctor don Mariano Moreno«.

Primera Junta

Este emprendimiento fue completado con la adquisición de mapas y documentos, iniciando una sección de Historia Natural, además de incorporar una colección de monedas. Estas fueron las primeras medidas adquiridas y englobadas a futuro, con la denominación impuesta por Moreno, bajo el título de: “Educación”

Esta Biblioteca simbolizó en forma viva La Revolución de Mayo.  

Fueron sus directores luego de Mariano Moreno, ilustres personajes, entre otros, Luis José de Chorroarín, Manuel Moreno, Marcos Sastre, Carlos Tejedor, José Mármol, Paul Groussac, Gustavo Martínez Zuviría, Jorge Luis Borges y en la actualidad Juan Sasturian.  

Tres de sus eruditos miembros fueron por obra de fatales circunstancias, ciegos que marcaron indelebles caminos en la cultura, José Mármol, Paul Groussac, y Jorge Luis Borges, que en su poema Los Dones nombra a Groussac y el acontecimiento que los asemeja:

“Algo que ciertamente no se nombra

Con la palabra azar, rige estas cosas;  

Otro ya recibió, en otras borrosas

Tardes los muchos libros y la sombra”. 

Beber de esta fuente es una urgente necesidad para el bien de la cultura y de la patria, por lo cual es necesario recordar las palabras escritas en el reloj de la Universidad de Oxford (Inglaterra):

“Las horas pasan: daréis cuenta de ellas”.

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