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Habitantes de Turquía divididos ante el llamado de su presidente Erdogan a boicotear los productos franceses

«No hay que olvidar que numerosos productos de las marcas francesas se fabrican aquí. Esto da empleo a muchos turcos», reclaman.

Los habitantes de Turquía se encuentran divididos tras el llamado de su presidente Recep Tayyip Erdogan a boicotear los productos franceses. Una «buena lección» que «tardó demasiado» o, por el contrario, una medida «ilógica» e «imposible de aplicar», son algunos de los pensamientos que circularon en el vox populi. De todas maneras, por el momento, la llamada del jefe de estado a rechazar los productos franceses parece tener relativamente poca repercusión efectiva.

Como señaló AFP, clientes con mascarillas entran como de costumbre en una tienda Carrefour, situada en un barrio animado del distrito de Sisli en Estambul. Daim Kara, de 51 años, sale con los brazos cargados de productos. Sorprendido en el acto, este partidario del boicot se defiende: «Compro en Carrefour, pero son productos turcos» dice, mostrando sus compras. «Apoyo el llamamiento al boicot, porque amenazan a Turquía. Desprecian a los musulmanes», afirma.

Las relaciones entre París y Ankara, ambos  miembros de la OTAN, se han tensado mucho desde el año pasado, debido, en particular, al apoyo francés a las milicias kurdas sirias y a los desacuerdos sobre Libia y el Mediterráneo oriental. Y la presión sigue en aumento. Después de que Erdogan pusiera en tela de juicio la «salud mental» del presidente francés Emmanuel Macron, Francia ordenó el sábado el regreso de su embajador en Ankara.

El lunes, el dirigente turco renovó sus ataques personales, acusando a Macron de llevar a cabo una «campaña de odio» contra los musulmanes debido a su apoyo a la libertad de caricaturizar al profeta Mahoma, cuya representación es tabú en el islam.

Jugo de naranja turco

Para Mahmut Atilla, jubilado de 70 años, el llamado de Erdogan no cambiará nada. «De todos modos ya boicoteo los productos franceses. También boicoteo los productos estadounidenses puesto que no bebo Coca-Cola. Tenemos jugo, jugo de naranja local. Prefiero beber esto», comenta. En Twitter, los partidarios de Erdogan publicaron listas de marcas francesas que debían evitarse, olvidando, como lo señalan otros internautas, incluir la marca de lujo Hermes, muy apreciada por la primera dama de Turquía.

El impacto del llamamiento de Erdogan sobre el comercio entre Turquía y Francia, que representó cerca de 15.000 millones de euros (17.700 millones de dólares) de intercambios el año pasado, es difícil de anticipar. Pero esta vez no parece que haya suscitado el mismo entusiasmo que su llamado, en 2018, a hacer caso omiso de los aparatos electrónicos estadounidenses durante las tensiones entre Ankara y Washington. En ese momento, muchos turcos fueron filmados rompiendo su iPhone. Esta vez nada comparado con eso ocurrió.

Hay que decir que las tensiones entre Francia y Turquía se producen en un momento en el que la economía turca, duramente afectada por la pandemia del nuevo coronavirus, se tambalea. La libra turca, que ha perdido más del 25% de su valor frente al dólar desde principios de año, se hundió aún más el martes hasta alcanzar 8,15 libras contra 1 dólar a las 11H00 GMT, una nueva baja histórica. 

En este contexto, el llamamiento al boicot de los productos franceses corre el riesgo de «tener repercusiones negativas para Turquía», se inquieta Güzide Kosifoglu, empleada del sector turístico, para quien esta decisión «ilógica» ha sido «tomada bajo el golpe de la emoción». «No hay que olvidar que numerosos productos de las marcas francesas se fabrican aquí. Esto da empleo a muchos turcos», añade. Desde el centro de producción Renault en Bursa (noroeste) hasta las innumerables tiendas de marcas francesas de lujo en Estambul, pasando por los seguros, las empresas francesas son un importante proveedor de empleo en el país.

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