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El Intransigente
Luis Majul
Luis Majul.

ESPECTÁCULO

Se metió en el barro y en la «grieta»: el duro editorial de Luis Majul tras la pelea de Facundo Pastor y Feinmann

El conductor lapidó a uno de sus colegas.

Luis Majul, Baby Etchecopar y Eduardo Feinmann son tres comunicadores que tienen un perfil ideológico muy similar: se mostraron bastante flexibles con la gestión macrista y son lapidarios con las diferentes fuerzas que integran el peronismo. Más allá de esa postura también comparten un estilo similar a la hora de encarar sus programas de radio y televisión con editoriales que buscan encender la polémica.

Recientemente Facundo Pastor y Eduardo Feinmann tuvieron un cruce en vivo por el conflicto de las tierras de la familia Etchevehere. Majul habló del tema en un editorial reciente en su ciclo radial y arremetió contra el periodista de América TV (Pastor): «Cuidado con los antigrieta. Hace muy poco, para justificar su postura ante la usurpación del campo Casa Nueva, propiedad de parte de la familia Etchevhere, un periodista afirmó: ‘yo soy anti-grieta'».

Luego, siguió cuestionado a su colega: «Más allá del periodista en cuestión y de la dudosa categoría donde se ubica, un profesional serio, a esa altura del conflicto, debería trabajar con datos duros. En este caso, hay un dato incontrastable: la constancia de la escritura en la que Dolores Etchevhere cede su parte de la sucesión. Este es, precisamente, uno de los problemas de los auto-percibidos «anti-grieta». Ignoran o subestiman los hechos.

«Se sienten más cómodos, instalados en el falso escenario de “las dos campanas”. En la fórmula ‘así como te digo una cosa te digo la otra’. Se notó con claridad con el caso de Santiago Maldonado. Y se había revelado antes cuando se acusó falsamente a la dueña de Clarín, Ernestina Herrera de Noble, de haber adoptado a dos hijos de desaparecidos. No solo los que habían caracterizado al caso Maldonado como un asunto de desaparición forzada y los acusadores de la dueña de Clarín se negaron a admitir el error y el uso de la mentira», agregó Majul haciendo referencia a otroa caso.

A modo de conclusión señaló a otra comunicadora, aunque en este caso, no quedó clara su referencia: «También los ‘anti-grieta’, una vez confirmados los hechos, se hicieron los distraídos. Conozco a una periodista que se autopercibe ‘anti-grieta’ pero siempre piensa mal de los colegas que denunciamos los hechos de corrupción de los gobiernos kirchneristas. Es más: a veces se hace eco de las falsas denuncias contra periodistas sobre los que ella piensa mal. Su prejuicio siempre está del mismo lado».

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#LaMañanaDeCNN x cnnradio.comar/ Cuidado con “los anti-grieta”. Hace muy poco, para justificar su postura ante la usurpación del campo Casa Nueva, propiedad de parte de la familia Etchevhere, un periodista afirmó: “yo soy anti-grieta”. Más allá del periodista en cuestión y de la dudosa categoría donde se ubica, un profesional serio, a esa altura del conflicto, debería trabajar con datos duros. En este caso, hay un dato incontrastable: la constancia de la escritura en la que Dolores Etchevhere cede su parte de la sucesión. Este es, precisamente, uno de los problemas de los auto-percibidos "anti-grieta". Ignoran o subestiman los hechos. Se sienten más cómodos, instalados en el falso escenario de “las dos campanas”. En la fórmula “así como te digo una cosa te digo la otra”. Se notó con claridad con el caso de Santiago Maldonado. Y se había revelado antes cuando se acusó falsamente a la dueña de Clarín, Ernestina Herrera de Noble, de haber adoptado a dos hijos de desaparecidos. No solo los que habían caracterizado al caso Maldonado como un asunto de desaparición forzada y los acusadores de la dueña de Clarín se negaron a admitir el error y el uso de la mentira. También los “anti-grieta”, una vez confirmados los hechos, se hicieron los distraídos. Conozco a una periodista que se autopercibe “anti-grieta” pero siempre piensa mal de los colegas que denunciamos los hechos de corrupción de los gobiernos kirchneristas. Es más: a veces se hace eco de las falsas denuncias contra periodistas sobre los que ella piensa mal. Su prejuicio siempre está del mismo lado. Cuando uno de esos colegas la llamó, con datos en la mano, demostrando que las acusaciones contra él eran mentiras, para que corrigiera el error, ella le respondió: “Ah. ¿En serio? No me había enterado. No me di cuenta”. La conozco bien. No lo hizo una vez. Fueron varias. Contra distintos colegas. “Le faltó decir: “No me había dado cuenta”. “Lo hice sin querer queriendo”, como el Chavo del 8. Hubiera consultado antes a la fuente principal, ¿no? Cuidado con estos “anti-grieta”. La envidia los carcome. En el fondo, están de un lado de la grieta, enmascarados en una supuesta imparcialidad.

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