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Austria: de ejemplo a estar sumergida en una crisis sanitaria por el coronavirus

Desde la oposición aseguran que el país «paso del estatus de modelo al de último de la fila en cuanto a contagios».

Felicitada por su gestión cuando surgió el coronavirus, el gobierno de Austria quedó sumergido en críticas por parte de la de la prensa, de los expertos y de la oposición a causa de su falta de reacción ante la segunda ola de Covid-19 en Europa. Es por eso que este martes decidieron aplicar un nuevo confinamiento en el país.

Según AFP, «falta de anticipación» y «comportamiento irresponsable» son dos de los fallos que se le endosan al gobierno de coalición formado por los conservadores del canciller Sebastian Kurz y los ecologistas, tras el anuncio el sábado de la necesidad de cerrar escuelas y comercios durante al menos tres semanas.

Liderando las críticas está la jefa de la oposición social-demócrata, médica y exministra de Salud, para quien la instauración de una prohibición de salir de casa y el freno a la economía son «sin discusión la expresión de una pérdida total de control» de la situación. «Es a raíz del gobierno que Austria pasó del estatus de país modelo al de último de la fila en cuanto a contagios», afirmó Pamela Rendi-Wagner, poniendo fin al consenso nacional.

El número medio de contagios diarios se ubicaba el lunes en 809 por millón de habitantes en los últimos siete días, según el portal «Our World in Data», es decir mucho más alto que Estados Unidos (460) o la vecina Alemania (221). El gobierno austríaco decidió el cierre este martes de colegios y comercios no esenciales, dos semanas después de la aplicación de un confinamiento parcial que no permitió desacelerar la fulgurante propagación del coronavirus en el país.

Hasta el 6 de diciembre, las salidas al exterior solo están autorizadas en circunstancias bien precisas (compras de alimentos, motivos profesionales o médicos, deportes o paseos cortos). El confinamiento parcial decidido a principios de noviembre fue acompañado de un toque de queda. Los restaurantes, museos, salas de conciertos y espacios deportivos fueron cerrados, pero los contagios siguieron aumentando.

Relativamente a salvo durante la primera ola, el país de 8,9 millones de habitantes, uno de los primeros en confinarse por completo en la pasada primavera boreal, registró el lunes 4.657 contagios, contra «solo» 1.000 a principios de octubre, y el sistema hospitalario comienza a verse saturado.

El diario conservador «Die Presse» lamentaba el domingo la «falta de planificación del gobierno». Su competidor liberal «Der Standard» señalaba con el dedo el lunes la «serie de malas decisiones» del ministro ecologista de Salud, Rudolf Anschober, que llevaron directamente al actual «freno de emergencia». «Pasamos el verano con el pie en el acelerador», denunció Christophe Steininger, virólogo de la universidad de medicina, en los periódicos.

Viena aplicó un sistema que no fue eficaz. Los bares volvieron a llenarse, los coros y orquestas pudieron regresar a los ensayar y dar conciertos. Golpeada el 2 de noviembre por un atentado por primera vez en décadas, Austria estuvo un tiempo con la cabeza en otro lado, ocupándose de perseguir a posibles cómplices del yihadista autor del ataque.

«La gente está cansada, circulan teorías de complot, se cometieron evidentemente errores. Pero es normal. Y la oposición sube al estrado. La unidad nacional se ve comprometida por la segunda ola», resumió Julia Partheymuller, la politóloga de la universidad de Viena, al ser consultada por AFP. Austria dispone de 2.500 a 3.000 camas de terapia intensiva, Y en el Tirol, por ejemplo, el 83% de las plazas reservadas a los enfermos de coronavirus ya están ocupadas, según la agencia nacional de salud (Ages).

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