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Crisis humanitaria: los refugiados en Etiopía viven en Sudán «como animales» tras huir del conflicto del Tigré

La ONU espera que 200.000 personas escapen del combate en los próximos seis meses.

Los refugiados de Etiopía escapan de las bombas y los ataques por el conflicto del Tigré y se marchan con lo puesto, muchas veces perdiendo el rastro de sus seres queridos. En este contexto, Sudán ha sido el gran centro de acogida de unos 32.000 etíopes, mientras cada día llegan otras 2.000-4.000 personas. Sin embargo, es un país pobre que tiene dificultades para suministrarles ayuda humanitaria, por lo que muchas personas afirman que viven «como animales».

La ONU deploró el martes una «crisis humanitaria a gran escala» en la frontera entre Sudán y Etiopía, zona que cientos de personas huyen cada día debido a la operación militar lanzada por las autoridades en Tigré el 4 de noviembre. «Vivimos como si fuéramos animales aquí», dice Adam Mahmoud, uno de los refugiados. «He huido con esta ropa y la llevo puesta desde que llegué a Sudán hace casi dos semanas», agrega a la AFP Babosh Alamshed, de 21 años, mostrando su camiseta roja manchada y sus pantalones negros gastados.

Ellos forman parte de la masa de refugiados que esperan fuera del punto de distribución de la «Aldea 8», un centro de tránsito cerca de la frontera, para recibir ropa, jabón y otros artículos de primera necesidad. Bajo un calor abrumador, la gente se agita y empuja para entrar en el edificio. En la entrada, los militares sudaneses intentan mantener el control rechazando a la multitud con palos. Pero después de varias horas de espera el viernes, los refugiados rompieron las puertas metálicas del depósito y se precipitaron dentro para servirse.

Sudán sufre una grave crisis económica pero, a pesar de su pobreza, las regiones del este, próximas a la frontera, tratan de ayudar.  Según la Comisión de Refugiados de Sudán, unos 36.000 etíopes ya han llegado al país. La ONU espera que 200.000 personas huyan en los próximos seis meses.  La «Aldea 8» acoge entre 14.000 y 15.000 refugiados, asegura Fouad Tesfay, miembro de la asociación de desarrollo de Tigré, con sede en Jartum. «Y cada día el número aumenta», insiste.

El viernes, el Program Mundial de Alimentos hizo un llamamiento para recaudar 24,6 millones de dólares a fin de «satisfacer las necesidades inmediatas de los refugiados llegados a Sudán». En el centro de ayuda, las madres, con sus bebés en la espalda, se abren paso entre la multitud para conseguir ropa de abrigo para sus hijos. «Buscamos comida, agua, ropa para nuestros hijos. ¿Han visto el frío que hace aquí por la noche? Es insoportable», confiesa Abrash Harago, madre de cinco hijos. 

Un poco más adelante, tres jóvenes se pelean por unos pantalones mientras que un refugiado discapacitado, que se desplaza con muletas, cae al suelo tratando de atrapar ropa.  Lejos de este caos, muchos refugiados duermen en alfombras hechas jirones, o directamente en el suelo, en refugios de ladrillo. Estas miserables viviendas, con techos improvisados y suelos fangosos, pueden acoger a una decena de personas como máximo. Los retretes y el agua para lavarse escasean y los refugiados hacen sus necesidades en las praderas circundantes. Las mujeres y los niños abrieron una tubería de agua que alimentaba una mezquita para saciar su sed, lavarse y llenar botellas.

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