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El Intransigente
cristina kirchner

SOCIEDAD

Los enamorados del monólogo y el caos

Quiera Dios que las banderas de la indecencia sean siempre trapos intrusos en la marcha por la dignidad, la meritocracia y el honor de quienes conducen los destinos de un país que asiste atónito a la inconducta de sus funcionarios, aferrados al monólogo y al caos.

Por Ricardo Mena-Martínez Castro-. Tal es la triste situación que angustiosamente vive la Argentina, tironeada entre un monólogo abstruso y un caos más que presentido, vivamente presente, que la conducción no parece o no quiere ver.

La dicotomía entre populismo y antipopulismo parece ceñirse cada vez con más fuerza en esta Nación estrangulada con la ferocidad de una idea macabra, empujándonos cada vez más hacia un abismo apocalíptico.

La idea nos retrotrae inconscientemente a una imagen del pasado conquistador de estas tierras, donde la punición ante un hecho delictuoso se materializaba en el desgarramiento de los miembros del reo arrancados de cuajo por dos o cuatro caballos.

Nos encontramos lamentablemente ante esta situación, donde una sola voz monocorde guarda un silencio intencional cargado de sospechas, dirigido invariablemente hacia un solo objetivo, mientras un Alberto se arrodilla inerme.   

Alguien diría “billetera mata galán”, y valga en este caso la metáfora quizá bastarda que, al traducirla nos avisa la intención de una voz solitaria empoderada lastimosamente por votos insensatos, orientando el timón de la Nación a hacia el más estólido de los desastres.

Sirvan de ejemplo situaciones como las de la Corte de Justicia, la Escuela de la Magistratura, la desconfianza mutua en la cúpula gubernamental, el dólar, y demás contingencias que impone la situación del momento.

Los argentinos estamos gobernados por coyunturas tras coyunturas, acentuadas en este período, pero que no son nada nuevas en el escenario nacional.

El populismo vino para quedarse y apuesta fuertemente a ubicar al país en un pasado absurdo. El delirio de los setenta.

¿Y el futuro, en qué rincón de la tarea presidencial se esconde? Para quien carga unos cuantos años, recordamos la ausencia de fervientes políticas de estado, y cuando el general Perón declamaba con elocuencia ática en la Escuela de Guerra sobre las contiendas del Peloponeso, ya en Brasil como contrapartida, el capitán Travassos delineaba políticas de estado que se cumplieron inexorablemente, a pesar de los cambios de gobierno y de signo político.

En Argentina todo lo que hicieron apropiadamente gobiernos anteriores, infaliblemente fueron descartados en pos de un fementido plan superior. Las políticas de estado y de largo plazo, bien gracias.

Así estamos, sin políticas ni siquiera de corto plazo, inmersos en un absurdo populismo antirepublicano, atiborrado de falaces coyunturas, cuya líder mueve los hilos desde el Instituto Patria merced a fundamentales alfiles comprados bajos siniestros conjuros. Ellos están acantonados como virus inevitable en todas las esferas del poder, donde la palabra presidencial se devalúa acentuadamente junto a la moneda.

La verdadera figura del presidente es ya inocultable pese a su silencio evidenciado solamente en un gesto terrible de crueldad. Sus propósitos están definidos en la famosa carta enviada con destinatario preciso, y el pulgar de la defenestración comenzó con María Eugenia Bielsa, ministra de Desarrollo Territorial y Hábitat que, habiendo rechazado la candidatura a gobernadora ofrecido por Cristina en el año 2015 disgustó a la jefa debido a las inicuas condiciones con que otorgaba el regalo. Entre ellas figuraba que la lista de candidatos debía ser llenada por La Cámpora, mientras el vicegobernador sería elegido por ella, naturalmente a dedo, además que la campaña debía realizarse desde Buenos Aires. Naturalmente para una persona de honor, las condiciones eran humillantes.

María Eugenia Bielsa
María Eugenia Bielsa

Por si esto fuera poco, la exministra reconoció que bajo su gobierno se había robado, y mucho, incluyendo a su propia jefa.

Quiera Dios que las banderas de la indecencia sean siempre trapos intrusos en la marcha por la dignidad, la meritocracia y el honor de quienes conducen los destinos de un país que asiste atónito a la inconducta de sus funcionarios, aferrados al monólogo y al caos.

Así sea.

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