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El Intransigente
Batalla de Salta

SOCIEDAD

20 de febrero de 1813: la batalla de Salta que afianzó la soberanía nacional

El triunfo de Tucumán definió el norte mínimo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, y el de Salta afianzó la soberanía.

“La vida no es nada si la libertad se pierde”

“Sirvo a la patria, sin otro objeto que verla constituida. Ése es el premio que aspiro”

Manuel Belgrano

(R. Mena-Martínez Castro).- Luego del triunfo de Tucumán, el Ejército de la patria se puso en marcha hacia la ciudad de Salta el día 12 de enero de 1813. Es de imaginar el estado anímico de la tropa luego del triunfo en la vecina provincia. El ejército pasaba por el mejor de sus estados.

El 13 de febrero de ese mismo año, alcanza la margen norte del Río Pasaje, y es en este lugar donde los soldados juraron obediencia a la Asamblea General Constituyente que había sido convocada en Buenos Aires, en virtud del compromiso que había asumido el Segundo Triunvirato.

Es en este Río del Pasaje, donde Belgrano en emotiva ceremonia manda desplegar la bandera y colocando su espada horizontalmente sobre el asta, ordenó a sus soldados besar uno por uno esa cruz conformada, como forma de sellar el juramento que momentos antes habían efectuado. A continuación, la historia nos cuenta que, en el tronco de un árbol próximo, el General hizo grabar la inscripción “Río del Juramento”, nombre con el que se lo conoce desde ese mismo momento.

La marcha se reanudaría ese mismo día, y la vanguardia patriota tomaría el camino del Portezuelo. Belgrano entretanto, tuvo conocimiento por el capitán José Apolinario Saravia, de que una senda estrecha en la quebrada de Chachapoyas podía conducirlo hasta la retaguardia del ejército enemigo.

Transcurría el 18 de febrero y la lluvia torrencial no daba descanso a las tropas. El camino oculto vio pasar sombras y más sombras, hasta que al amanecer acamparon en el Campo de Castañares. Era nada más que un potrero rodeado de pircas. La vanguardia que había seguido el camino del Portezuelo se reunió con el resto de sus compañeros mientras una parte de él iniciaba un movimiento de circunvalación.

El general adversario pudo advertir la maniobra y cubrió la ciudad, protegido por los accidentes del terreno. Se colocó en el frente norte. Estuvieron en esa posición hasta la tarde del 19 de febrero. La madrugada del 20, Belgrano tuvo vómitos de sangre, pero dispuesto dirigir personalmente la batalla, hizo preparar un carro tirado por caballos para desplazarse con mayor facilidad, pero al mejorar su estado, pudo montar a caballo.

Las fuerzas de nacionales aguantaron a pie firme el ataque realista, desorganizando el ala izquierda de Tristán, huyendo desmoralizados en dirección de la ciudad. Se iniciaba de esta manera la persecución. El centro y el ala derecha no tardaron en ceder dejando en el campo una nutrida artillería. Tristán al ver que todo estaba perdido, resolvió pedir una capitulación.

Belgrano le contesta: “Dígale usted a su General que se despedaza mi corazón al ver derramar tanta sangre americana; que estoy pronto a otorgar una honrosa capitulación (…). En un gesto que lo caracterizara, resolvió evitarle la humillación de entregarle su espada y le abrazó ante los dos ejércitos”. Eran adversarios, más no enemigos, pues se profesaban mutuo afecto. Se cavó una fosa común y los muertos de ambos lados fueron enterrados y sobre esta tumba una gran cruz de madera llevaba la siguiente inscripción: “A los vencedores y vencidos en Salta, el 20 de febrero de 1813.

Nuestro prócer, cuando emprende su camino al Norte, escribe al General Realista Pío Tristán –su amigo- en la que comenta su traslado a la Campaña del Alto Perú, donde habrían de enfrentarse.

“Yatasto, Salta 27 de marzo de 1812”.

Mi querido Pío: ¡Cuán distante estaba yo de venir a escribirte en estos lugares! La enfermedad de Pueyrredón me ha conducido hasta aquí, desde las orillas del Paraná, en donde me hallaba con mi regimiento, poniendo una puerta impenetrable para todos los enemigos de la patria. Fui el pacificador de la gran provincia del Paraguay. ¿No me será posible lograr otra tan dulce satisfacción en estas provincias? Una esperanza muy lisonjera me asiste de conseguir un fin tan justo, cuando veo a tu primo -José Manuel Goyeneche- y a ti, de principales jefes”.

El triunfo de Tucumán definió el norte mínimo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, y el de Salta afianzó la soberanía.

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