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El ejército de Birmania controla el país un día después del golpe de Estado

Los militares, en desacuerdo con los resultados de las elecciones legislativas de noviembre, proclamaron el lunes el estado de emergencia por un año.

El ejército de Birmania parece tener el control del país este martes después del golpe de Estado incruento en el que detuvo a la dirigente Aung San Suu Kyi y hacía oídos sordos de las múltiples condenas internacionales. Los militares, en desacuerdo con los resultados de las elecciones legislativas de noviembre, proclamaron el lunes el estado de emergencia por un año. Ponían así fin a un paréntesis democrático de diez años.

Detuvieron a Aung San Suu Kyi, de 75 años, y a otros dirigentes de su partido, la Liga Nacional para la Democracia (LND), justo antes de la primera sesión del parlamento. Este martes el partido pidió su «liberación» inmediata. «Liberen a todos los detenidos, incluido el presidente (Win Myint) y la consejera de Estado (Suu Kyi)», escribió la LND en su página de Facebook.

Este golpe es «una mancha en la historia del Estado y de Tatmadaw», el ejército birmano, sostuvo. Muchos países, como Estados Unidos, condenaron el golpe de Estado y amenazaron con sanciones. Este martes se celebra una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU. Por la mañana no había señales de una presencia militar significativa en Rangún, la capital económica, prueba de que los militares confían en que controlan el país 24 horas después del golpe, según los observadores.

Las conexiones telefónicas y el acceso a internet funcionaban de nuevo y los bancos reabrían, pero el aeropuerto internacional de Rangún seguía cerrado. Los mercados y las calles, generalmente concurridos a pesar de la pandemia de coronavirus, estaban más tranquilos de lo acostumbrado pero algunos habitantes iban al parque a hacer ejercicio, vieron los periodistas de AFP.

Las lenguas no se soltaban por miedo a represalias en un país que ha vivido, desde su independencia en 1948, bajo el yugo de la dictadura militar durante casi 50 años. «La gente tiene miedo de criticar abiertamente, aunque no nos gusta lo que está pasando», declaró Maung Zaw, al ser consultado por AFP. Aung Sann Suu Kyi «está en manos de los militares, no podemos hacer gran cosa», comentó un taxista bajo anonimato.

¿Suu Kyi bajo arresto domiciliario?

El ejército no divulgó información sobre el lugar de detención de la antigua dirigente, del presidente Win Myint y de otros altos cargos de la LND detenidos. Nos dijeron que «estaba bajo arresto domiciliario en su casa de Naypyidaw», la capital, afirmó a AFP un miembro de su partido que pidió el anonimato. «Pero estamos preocupados», añadió este diputado, él mismo bajo arresto domiciliario en el edificio donde viven los parlamentarios.

Para justificar el golpe, los militares aseguraron que las legislativas de noviembre, ganadas por la LND por aplastante mayoría, estuvieron empañadas por «enormes irregularidades». La comisión electoral lo niega. Presintiendo el desenlace, Aung San Suu Kyi había preparado un mensaje por adelantado en el que exhorta a los birmanos a «no aceptar el golpe de Estado».

El ejército ha prometido celebrar nuevas elecciones «libres y justas», en cuanto se levante el estado de emergencia de un año. Pero los generales guardan silencio ante las fuertes condenas del extranjero. El presidente estadounidense, Joe Biden, instó a la comunidad internacional a «hablar con una sola voz para exigir que el ejército birmano devuelva inmediatamente el poder». La ONU y la Unión Europea también condenaron el golpe. Por el contrario, Pekín se negó a criticarlo y se limitó a pedir a las partes que «resuelvan las discrepancias».

Un paria en el extranjero

El jefe de las fuerzas armadas, Min Aung Hlaing, que ahora concentra la mayoría de los poderes, es un paria para los países occidentales debido a la sangrienta represión llevada a cabo por los militares contra la minoría musulmana rohinyá. Por esta tragedia Birmania fue acusada de «genocidio» ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ), el máximo tribunal de la ONU.

Aung San Suu Kyi, muy criticada por la comunidad internacional por su pasividad en esta crisis que ha llevado a cientos de miles de rohinyás a refugiarse en Bangladés, sigue siendo venerada en su país. «Madre Suu», que vivió mucho tiempo en el exilio, regresó a Birmania en 1988, convirtiéndose en la figura de la oposición contra la dictadura militar. Pasó 15 años bajo arresto domiciliario antes de ser liberada por el ejército en 2010.

En 2015, la LND obtuvo una amplia mayoría en las elecciones pero la exdisidente se vio obligada a compartir el poder con el ejército, todavía muy poderoso. A pesar de la crisis de los rohinyás, Occidente «debe respetar» el resultado de las legislativas de noviembre, que ganó holgadamente, considera Derek Mitchell, exembajador de Estados Unidos en Birmania. «No es la persona, es el proceso democrático lo que está en juego».

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