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vinos de altura

VIDA & ESTILO

El turismo en Catamarca tiene el sabor de los vinos de altura

Una de las joyas ocultas de esta provincia son sus bodegas algunas recientemente instaladas y otras centenarias

Una de las joyas catamarqueñas ocultas son sus bodegas. La mayoría de ellas producen vinos de altura y de muy buena calidad. Pese a que en los últimos años se han empezado a instalar nuevos empresarios vitivinícolas, hay varias bodegas que llevan varias décadas están instalados en la provincia. Tal es el caso de la bodega Michango de fundada por Augusto Andreatta hace un siglo en el cerro El Manchao.

“En el Valle de Pomán, localidad de Siján, Provincia de Catamarca, se encuentra El Manchao, un majestuoso cerro que conecta al cielo en su punto máximo a 4561 metros sobre el nivel del mar con el lugar exacto, en su base, donde hace más de cien años, nuestra familia dio inicio a una dinastía de agricultores que continúan evolucionando”, reza el escrito de presentación de la Bodega, que cuenta la historia de cómo se gesto esta centenaria bodega.

“El nombre del Cerro El Manchao proviene de la lengua aborigen Kakán y significa lugar de miedo. Sin embargo, eso no atemorizó a nuestros ancestros que prefirieron elegir el mensaje de la naturaleza al ver que el río Siján, nacido de una generosa vertiente natura podría regar las vides que soñaron plantar allí”, cuentan los ancestros de los fundadores de la empresa vitivinícola que produce vinos de altura.

Según relata la familia, corría el año1896 cuando Augusto Cesare Andreatta llegó al puerto de Argentina. Había dejado su Italia natal con una valija llena de sueños y con ganas de encontrar en nuestro suelo sustento para su familia. “Si bien su primer destino fue Tucumán, poco tiempo después decide instalarse en la Provincia de Catamarca enamorado de un lugar sin igual”, cuentan los sucesores de Augusto.

Con solo 25 años de edad el emprendedor italiano, puso manos a la obra y siguiendo el mensaje de la naturaleza a la vera del río comenzó a sembrar las vides. Llegado el año 1920, hace poco más de un siglo el fruto de su esfuerzo se vio reflejado en un emprendimiento vitivinícola en el encantador Valle de Pomán en la localidad de Siján. “Este lugar mágico que alimentaba su inspiración lo impulsó a construir su primer Bodega en 1928; de ella surgieron vinos como Malveck (en ese entonces la bodega ya ponía el nombre varietal en sus etiquetas y el mismo se escribía de esta manera) que marcaron el camino a sus sucesores”, señalan quienes siguen la historia de la bodega.

“El espíritu emprendedor del fundador se mantiene inalterable en cada integrante de la familia. Es así que, en 1968, la tercera generación de productores vitivinícolas deciden construir una nueva bodega en la Ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca, donde hoy la quinta generación continúa llevando adelante la empresa con la misma pasión, dedicación y entusiasmo con el que vienen haciéndolo a lo largo de más de cien años”, dice la carta de presentación de la Bodega Michango que hoy es un orgullo para Catamarca.

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