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La danza zambiana protegida por la Unesco y otros cinco bienes africanos declarados Patrimonio de la Humanidad

En esta iniciativa se encuentran 50 países que desean proteger lugares sagrados junto al Nilo.

En 1954, la presa de Asuán era el mayor proyecto de su tipo de la historia. El entusiasmo alrededor de tan magna estructura era enorme, ya que suponía cambiar Egipto para siempre, y ponía los cimientos del éxito económico del país. Sin embargo, aquello tenía un coste importante: la destrucción de varios emplazamientos antiguos de gran valor a orillas del Nilo, como los famosos templos de Abu Simbel y File.

El problema requería una intervención. El gobierno egipcio no tenía los medios para conservar los templos, de modo que acudió a otros países en busca de asesoramiento. Cinco años y 80 millones de dólares después, nació el proyecto de conservación del patrimonio de la Unesco, una iniciativa de 50 países para proteger estos lugares sagrados junto al Nilo, a la que siguieron muchas iniciativas más en todo el mundo.

El proyecto de la Unesco sigue vivo hoy en día y abarca cientos de sitios, objetos y tradiciones. En este artículo nos fijaremos en las principales aportaciones del continente africano a este proyecto desde su nacimiento en los años 50.

La danza budima – Zambia

Desde el inicio del proyecto, el ámbito de actuación de la Unesco abarcó no solo lugares de interés sino también ritos y tradiciones. A diferencia de los bienes físicos, las costumbres no necesitan grandes cantidades de dinero como las que pueden conseguirse ganando la lotería para protegerlas: el estatus de Patrimonio de la Humanidad simplemente reconoce su importancia y contribuye a mantenerlas durante las generaciones futuras.

La danza guerrera budima, una de las aportaciones de África en 2020, es un buen ejemplo de ello. Perteneciente al pueblo we de Zambia, se baila para conmemorar circunstancias que exijan dar muestras de solemnidad y espiritualidad. En ella participan hombres, mujeres y niños ataviados con lanzas, hachas y escudos, y representan escenas de guerra. Los disfraces son muy extravagantes e incluyen cuentas, collares y pulseras, que se mueven al ritmo de la música. Además, siempre se anima a los espectadores a participar de una forma u otra.

La danza se concibe como un elemento de cohesión de la comunidad y la gente la transmite de generación en generación. Su significado histórico y su carácter lúdico le han servido para hacerse un hueco permanente en la lista de la Unesco.

El cuscús – varios países

La rica historia del cuscús, que abarca cuatro países del norte de África, ha motivado su declaración como Patrimonio de la Humanidad en 2020. Mauritania, Argelia, Túnez y Marruecos enviaron una solicitud conjunta para que se reconociera oficialmente este delicioso plato bereber no solo como alimento, sino también como método de subsistencia de los pueblos que lo preparan y comen.

Además de ser el plato principal de las bodas y fiestas de la zona, lo importante del cuscús es su preparación, ya que requiere el uso de una serie de técnicas artesanas antiguas, como moler el trigo con piedras de molino y hacerlo rodar a mano, y se considera un acontecimiento social, en el que las mujeres aprovechan para hablar sobre temas que afectan a la comunidad.

Tal como ocurre con la danza budima, la transmisión de generación en generación de la técnica de preparación del cuscús llevó a la Unesco a incluirlo oficialmente en su lista en 2020.

Las cataratas Victoria (Mosi-oa-Tunya/Shungu Namutitima) – Zambia/Zimbabue

Estas impresionantes cataratas se conocen a nivel local con dos nombres diferentes, pero ambos sugieren algo increíble. La etnia kololo las conoce como Mosi-oa-Tunya («El humo que truena»), lo cual define de forma simpática el ruido y la neblina que crean las cataratas, mientras que el pueblo tonga las denomina Shungu Namutitima («Agua hirviendo»). Ambos nombres nos advierten que no es recomendable encontrarse debajo del peso del agua que se precipita por una serie de gargantas del río Zambeze.

Debido a que tiene más de dos kilómetros de ancho y a que suelen crearse preciosos arcoíris, lo ideal es disfrutar de las cataratas desde una cierta distancia. Por ello, los visitantes suelen buscar un buen sitio para observar esta espectacular fuerza de la naturaleza que lleva más de 30 años en la lista de la Unesco.

Las iglesias excavadas en la roca de Lalibela – Etiopía

Cuando Etiopía se convirtió en uno de los primeros países africanos en adoptar el Cristianismo en el siglo IV, Lalibela y Aksum se convirtieron en importantes centros religiosos. Lalibela ha mantenido su estatus sagrado hasta la fecha, en parte gracias a una serie de iglesias excavadas en piedra volcánica roja.

Las iglesias, incluida la famosa Casa de San Jorge, se construyeron durante el reinado de Gebra Maskal Lalibela, que quiso convertir el sitio en una nueva Jerusalén del siglo XII. Y lo consiguió, ya que las estructuras se convirtieron en centros de peregrinaje y culto durante cientos de años, hasta que el conflicto con Tigray del año pasado puso fin al turismo.

Aun así, las iglesias forman parte del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, una lista en la que llevan cuarenta años y en la que esperemos que sigan, como mínimo, otros cuarenta.

Las colinas de Tsodilo – Botsuana

El «Louvre del desierto» es un paraje solitario en mitad del Kalahari. En los apenas 10 km2 que ocupan las colinas de Tsodilo (Botsuana), hay más de 4500 pinturas rupestres antiguas. Durante miles de años, el lugar ha servido de refugio para los viajeros que querían escapar del resplandor del desierto, y las comunidades locales lo consideran un lugar de culto antiguo en el que abundan los espíritus ancestrales.

Además de su importancia histórica y artística, el lugar refleja miles de años de actividad geológica en sus rocas y plantas, lo cual contribuyó a solicitar la protección de la Unesco en 2001. Encontrar un lugar capaz de inspirar por igual a historiadores, artistas y geólogos es realmente especial.

Parque Nacional del Serengeti – Tanzania

El Serengeti es uno de los sitios más famosos de la lista y no en vano ha sido objeto de múltiples documentales de naturaleza, con gacelas, leones y cebras de protagonistas. La migración anual de los ñúes sigue sorprendiendo a los biólogos, ya que no existe nada equiparable en ningún otro lugar del planeta.

El Serengeti es también uno de los sitios más grandes de la lista de la Unesco, ya que ocupa una extensión de 1,5 millones de hectáreas de sabana en Tanzania. Ello contribuye a que la biodiversidad de la zona sea enorme, con muchas especies en peligro debido al cambio climático y a otros factores medioambientales. Su declaración como Patrimonio de la Humanidad de la Unesco es básica para su preservación, y muchos proyectos en la zona se centran en mantener el hábitat natural y en proteger la fauna de peligros como la caza furtiva.

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