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Sergio Massa

SOCIEDAD

Sergio Massa y la maldita vacuna

El presidente de la Cámara de Diputados de la Nación constituye “per se”, el modelo terminado de una clase dirigente descompuesta en forma y fondo.

(Por José De Álzaga).- «No hay nada por izquierda en todo esto», pronunciada por Marcela Durrieu , suegra del diputado nacional, Sergio Massa, suena paradójica. Primero porque toda esa familia pareciera de izquierda, y luego porque fueron a darse la vacuna por izquierda violando su código ideológico al hacer uso de un privilegio, una práctica contra la cual supuestamente “lucharon” toda su vida.

La frase y el caso son paradigmáticos porque pintan el cuadro más patético de un gobierno que se proclama “nacional y popular” pero sus integrantes van contra el pueblo y se han convertido en una oligarquía, en algunos casos, hasta terratenientes.

El presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Sergio Massa, constituye “per se”, el modelo terminado de una clase dirigente descompuesta en forma y fondo. Es el proxeneta que pareciera fomentar la corrupción y el privilegio como modus operandi de un gobierno donde bien dicen que la “Patria es el otro”, porque para Massa el ciudadano común “es el otro y su Patria”, ya que él no tiene ninguna, como ninguna es su moral.

Estas deplorables condiciones personales de Sergio Massa fueron desnudadas durante el pasaje destinado a exponer las cuestiones de privilegio de los legisladores por la diputada Mónica Frade quien tras fustigar en modo genérico al Parlamento “por haber guardado absoluto silencio sobre los diputados que han usado de privilegios “ pasando por encima de la igualdad de condiciones que impone la Constitución Nacional, disparó sobre la figura de Massa acusándolo de “Ser el primero que ha guardado silencio”.

El reclamo de la diputada Frade se encolumna con las denuncias de Patricia Bullrich quien había pedido investigar a Massa por la vacunación de sus suegros y su padre. Impelido a responder, Massa se retiró del recinto, mientras su acusadora le recordaba que “Usted, se jactaba en el año 2015 diciendo: “Vamos a cambiar la corrupción del presente por la transparencia del futuro”.

En otro pasaje, Frade le reclamó a Massa su silencio respecto de una carta que le remitiera solicitando que aclare si sus familiares estaban o no vacunados, para acto seguido, recriminarle la falta de autoridad moral y cómo se rasgó las vestiduras cuando el salteño Juan Ameri “le tocó un pecho a su mujer”, mientras ahora le adeuda –Massa- a la Cámara y al pueblo una respuesta sobre el bochorno que lo salpica.

Se diría que en este caso de la vacunación a los familiares de Sergio Massa, existe una semplena prueba avalada por el silencio de un sujeto que demostró no tener miramientos a la hora de vender su conciencia al mejor postor.

El caso de Massa deshonra a la Cámara como Institución de la República y constituye el más abyecto ejemplo del político tramposo, porque no sólo se corrompe el individuo cuando roba al erario público sino también –y sobre todo- cuando demuestra que los valores que distinguen a los hombres de bien han sido puestos a precio. Los hombres que como Sergio Massa alcanzan estos niveles de perfidia, resultan peligrosos para los ciudadanos.

Esto último se agrava cuando el felón se inviste de la categoría de “representante del ciudadano”, una calificación que a Massa le resulta inapropiada pues el ciudadano común trabaja y paga los impuestos que nutren su dieta, todo para que desalmados como él usufructúen el espacio de poder que el pueblo le concedió en el sólo beneficio propio y de los “hijos y entenados”.

¿Puede representar al pueblo alguien que priva de su derecho a una expectativa de vida –nada menos- en favor propio? Actos como los que se acusa a Massa constituyen un atentado a la ética, siempre que haciendo vacunar a favorecidos se le está robando la vida, literalmente, a un jubilado o a un trabajador que realmente la necesita. Moralmente estas actitudes son incalificables.

Así, un prospecto como Massa no puede ser “nacional y popular” porque con hombres como él la Nación está en peligro de ser vendida y el ciudadano en la condición de ser traicionado.

En una democracia perfecta, quizás, a Sergio Massa le cupiera el juicio político de los atenienses cuya pena era el destierro, la confiscación de los bienes y el borrado de su nombre para que la historia jamás supiera que existió.

En la Argentina donde gobiernan hombres como Sergio Massa, la aplicación de este Derecho –y todo otro Derecho- es una utopía, tanto como pensar que Massa un día pudiera llegar a ser fiel a su palabra.

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