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Preocupación mundial: la pandemia y la inflación, las principales causas de la hambruna

Los productos básicos como cereales, semillas oleaginosas, lácteos, carne y azúcar aumentaron su valor un 40% en comparación con los niveles del año anterior.

Según advirtió el Programa Mundial de Alimentos (WFP) de las Naciones Unidas (ONU), alrededor de 41 millones de personas en el mundo afrontan el riesgo inminente de hambruna. El organismo explicó que esto se debe al aumento de los precios de los insumos básicos está agravando las presiones que derivan en inseguridad alimentaria, sumado a la pandemia del coronavirus que azota al mundo.

«Otro medio millón de personas ya está experimentando condiciones similares a las de una hambruna», explicó el director ejecutivo del WFP, David Beasley. «Ahora tenemos cuatro países donde existen condiciones similares a las de la hambruna. Mientras tanto, 41 millones de personas están literalmente a las puertas del hambre», sostuvo.

El WFP, que se financia en su totalidad con donaciones voluntarias, dijo que necesita recaudar 6.000 millones de dólares de inmediato para llegar a las personas bajo mayor riesgo, en 43 países del mundo. Después de disminuir durante varias décadas, el hambre en el mundo ha ido en aumento desde el 2016, en buena parte por las consecuencias de conflictos y desastres causados por el cambio climático.

En 2019, unas 27 millones de personas estaban al borde de la hambruna, según la agencia de la ONU, pero desde el año pasado la pandemia ha estado ejerciendo aún más presión sobre la crisis alimentaria. Los precios mundiales de los alimentos subieron en mayo a sus niveles más altos en una década, según cifras de la ONU, informó Reuters.

Los productos básicos como cereales, semillas oleaginosas, lácteos, carne y azúcar aumentaron su valor un 40% en comparación con los niveles del año anterior. La depreciación de monedas en países como Líbano, Nigeria, Sudán, Venezuela y Zimbabue se suma a estas dificultades y eleva los aún más los precios, lo que desata la inseguridad alimentaria.

Este año se detectaron condiciones similares a las de una hambruna en Etiopía, Madagascar, Sudán del Sur y Yemen, así como en zonas de Nigeria y Burkina Faso. Sin embargo, Beasley advirtió en contra de «esperar que estas cifras se conviertan en muertes», tal como sucedió en Somalia en 2011, cuando 130.000 personas -la mitad del número referencial para denunciar una inanición- ya habían fallecido al momento en que se declaró la hambruna.

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