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El Intransigente
Día de la Independencia

SOCIEDAD

Los desvelos del 9 de julio

En estas horas liminares del 9 de julio de antaño, sólo pervive la escrutadora mirada de una juventud desconcertada, ante una argentina que fuera vanguardia en el progreso y en la luminosa arrogancia de su ser.

(R. Mena- Martínez Castro). Llegado el año 1815 se comprendió la necesidad urgente de convocar a un Congreso que representando la voluntad del país decidiera definitivamente cuál sería el rumbo de la Revolución. Había caído el Director Supremo Carlos María de Alvear, siendo reemplazado por el general Rondeau, apoyado por los caudillos del litoral, además de la fuerte adhesión del ejército. 

Al encontrarse Rondeau ausente de Buenos Aires se nombró interinamente al coronel Ignacio Álvarez Thomas, quién convocó a las provincias a elegir un diputado por cada 15000 habitantes o fracción superior a 7.500. La circular enviada avisaba que los representantes se reunirían en la ciudad de Tucumán que, siendo equidistante, también le era reconocida su participación en la batalla de Tucumán y sus consecuentes sacrificios. También con esta medida se hizo para acallar las protestas del interior hacia Buenos Aires. La elección de los representantes se efectuó en los inicios de 1816, a pesar de la derrota de las armas de la patria en la batalla de Sipe-Sipe, quedando en consecuencia abierta la frontera norte a la penetración española.

En aquellos momentos reinaba un caos económico y la tendencia a establecer un gobierno unitario, en tanto los caudillos del interior se inclinaban por la forma federal. Manuel Belgrano recién llegado de Europa luego de cumplir una misión diplomática junto con San Martín, estaban firmemente decididos a que surgiera de las deliberaciones del Congreso la tan ansiada declaración de la independencia.

El Congreso inauguró sus sesiones el día 24 de marzo de 1816 en la antigua casona de doña Francisca Bazán de Laguna. 

La instalación del Congreso

El estatuto Provisional de la Junta de Observación, el 5 de mayo de 1815, que debía servir de base para la dirección y administración del estado, dispuso en su artículo XXX, que una vez posicionado el Director del Estado se invite a todas las ciudades y villas de las provincias interiores al nombramiento de diputados que “hayan de formar la Constitución“, los cuales deberán reunirse en la ciudad de Tucumán dejando al arbitrio de los pueblos el señalamiento de viático y sueldo a sus respecticos representantes. Se decía en la invitación que el hecho de reunirse en Tucumán se debía a “recompensar a esta provincia de sus sacrificios hechos durante la guerra y demostrar la falta de egoísmo de Buenos Aires”.

El día 24 de marzo antes de la salida del sol se dispararon 21 cañonazos anunciándose así al pueblo la reunión del Congreso. Una vez reunido el mismo, el cuerpo partió a la iglesia de San Francisco donde se cantó la misa del Espíritu Santo. Concluida la celebración, los congresales volvieron a la casa destinada a tal fin y nombraron Presidente interino al doctor Pedro Medrano.

Invitaciones

Correspondió al señor gobernador de la provincia don Bernabé Araoz invitar a los ciudadanos distinguidos a que concurrieran al acto de instalación

Antes de la fecha enunciada, se produjeron distintas ceremonias preliminares que comenzaban a las ocho de la mañana, mientras el pueblo de pie y en masa esperaba la salida de los diputados de la casa de doña Francisca Bazán de Laguna, dispuesta para tal eventualidad. La sala del Congreso y el gran patio de la casa se encontraban atestadas de concurrencia, donde alternaban militares, comerciantes y sacerdotes, más todas las autoridades y magistrados.

Pasadas las ocho del día nueve, salieron primero el gobernador Dr. Bernabé Aráoz y los municipales, seguían luego el clero regular y secular, miembros del congreso y “la nobleza principal del pueblo” (sic). Las tropas presentaron armas mientras los tambores batían enajenadamente en medio de las aclamaciones de la muchedumbre.

La comitiva partió hacia la iglesia de San Francisco donde el Congreso ocupó el lugar preferencial, cantándose la misa en acción de gracias, para terminar con el Te Deum Laudamos

para expresar la gratitud del pueblo. Habló en la oportunidad el representante de Catamarca Manuel Antonio de Acevedo. Vueltos al lugar de las sesiones el Dr. Medrano pronunció al pueblo un patriótico discurso. Se procedió en la oportunidad a iluminar la ciudad durante cinco días en forma “modesta como correspondía hacerlo en aquel tiempo, donde no se conocía otro alumbrado que el que se obtenía de las velas de sebo”. La iluminación de las calles se hacía con faroles de papel, retirados durante los días de lluvia, donde las calles eran verdaderos lodazales. “Vueltos a la sala de reuniones se aprobó la fórmula del juramento que debían prestar el poder ejecutivo nacional, generales del ejército y gobernadores de provincia”

Los congresales en esta oportunidad hicieron referencia a la ausencia de los diputados de las provincias dominadas por el enemigo o por el caudillo Artigas.

Las acciones del Congreso fueron de dominio público hasta su traslado a Buenos Aires.

Declaración de la Independencia

En la sesión del 9 de julio el congreso declaró por unanimidad la voluntad de romper los vínculos que la ligaban a los reyes de España y a Fernando VII, sus sucesores y metrópoli de toda otra dominación extranjera.

“Que quedan de hecho y de derecho con amplio y pleno poder de darse las formas que exija la justicia e impere el cúmulo de sus actuales circunstancias” Todos se comprometieron a garantizar su cumplimiento con sus vidas, haberes y fama”

El presidente electo del Congreso fue el representante de San Juan Dr. Francisco Narciso de Laprida.

Jura de la declaratoria

 El 21 de julio tuvo lugar la jura de la declaratoria de la independencia. Presenció la misma el general Belgrano que desde el día 15 del mismo mes había tomado el mando del ejército con el grado de Brigadier General.

La fórmula de la jura era “Juráis a Dios Nuestro Señor y esta señal de la Cruz, promover y defender la libertad de las Provincias Unidas de Sudamérica (…) Todos dijeron “Sí juro”. La fórmula se completaba con “Si así lo hacéis, Dios os ayude, y si no Él y la patria os hagan cargo”.

El 15 de enero de 1817 el congreso declaro cerradas sus sesiones para reabrirlas en marzo en Buenos Aires.

Tucumán volvía a su vida cotidiana, y de la llamada Casa Histórica sólo se conserva original la Sala de la Jura, ya que fue restaurada de acuerdo a la traza preexistente, conservando gran parte de los materiales con los que estuvo construida. 

Las calles del 9 de julio de 1816

Las calles no tenían pavimento ni siguiera su acondicionamiento con piedras del río, tampoco estaban niveladas, de manera que en los días de lluvia o se empozaba o bien corría torrencialmente de manera que se formaban zanjas intransitables. Eran verdaderos lodazales. Había pocas casas con veredas, de manera que de noche transitar era peligroso, por lo que se estableció un toque de queda a las 20 horas. Después de 1810, en las noches sin viento se utilizaba en ocasiones “el candil con aceites ordinarios”. 

La vida apacible de la ciudad de Tucumán cambió abruptamente después del 25 de Mayo de 1810, y después de la batalla de 24 de septiembre todos temían un nuevo ataque del enemigo, al punto que a la diez de la noche se suspendían todas las actividades sin poder dejar ninguna lámpara encendida, como tampoco circular por sus calles.

El temor provenía de que las tropas españolas insistentemente procuraban penetrar nuestra frontera norte, defendida por Martín Miguel de Güemes y sus gauchos, que llenos de valor conformaron para siempre dicha barrera, consolidando nuestro actual territorio nacional. Si el enemigo traspasaba ese límite, podía llegar sin problemas hasta Córdoba y Buenos Aires.

El hecho de realizar el Congreso en Tucumán, trajo naturalmente algunos problemas, ya que la ciudad de apenas unos cinco mil habitantes no estaba preparada para recibir tanta gente y tampoco había un lugar lo suficientemente grande para realizar las reuniones.

Finalmente, algunos congresales pudieron alojarse en casa de familias tucumanas o en casa de algunos sacerdotes o bien en algunos conventos.

Francisca Bazán de Laguna prestó su casa por ser la más grande, para que sirviera de lugar de reunión de las sesiones, permitiendo que se derribara alguna pared para hacer el lugar más propicio al momento que se iba a desarrollar.

Un desvencijado 9 de julio de 2021

Mucha agua ha pasado bajo los puentes y así estamos hoy, sumidos en una tristeza rayana en la desesperación.

Han pasado doscientos cinco años y todavía no salimos de la desesperanza que nos agobia con denuedo y, cabe preguntarnos qué sucedió con la Argentina maravillosa que teníamos, considerada el granero del mundo y que la generación del 80 había planificado para hacer del país un recio protagonista de las realidades del mundo. 

Quienes hemos escuchado el rumor de las necesidades apremiantes de la muchedumbre, es el resultado inmediato de la inacción gubernamental y como decía el gran Otto Von *Bismarck “nada exacerba más la protesta como la inacción de arriba”. Está sobre la mesa la realidad de las complejas circunstancias abatidas sobre los inválidos del trabajo, frenados en sus aspiraciones por la voracidad sindical de los camioneros y sus mentores, donde el pobre debe pleitear contra el rico y contra el mismo pobre. 

Este maravilloso país que ha inspirado sus leyes en las más liberales y adelantadas del mundo, no responde al perjuicio que provoca la máquina que no funciona, como tampoco el aparato humano hecho de carne y de sangre, con fábricas grandes y pequeñas, cerradas por voluntad superior de la vice presidenta, a través de su vocero presidencial, que ha profundizado el problema económico y social, asociado a la feroz pandemia que asola el mundo y, en mayor grado a nuestra Argentina debido al inescrupuloso manejo de la misma.

Pareciera que ex profesamente inestudiaron esta temática, sin tener en cuenta que de aquella masa desesperada puede surgir el penacho rojo de todas las locuras y todas las venganzas. Han dejado de escucharse los estrépitos de las fábricas, como también la epopeya de la sangre y de la vida. Sólo se escucha la voz asmática del casi presidente perorar discursos vacíos y sin sentido que dan vergüenza a quienes le escuchan. Sólo lo hacen los aplaudidores de siempre.  

Ya en 1816 el mismo himno que hoy cantamos, quizá sin profundizar en el significado de su letra, entre líneas avisaba de la urgente necesidad de construirnos como nación, conseguida- a medias- mediante la inmigración, la educación del pueblo, -hoy vilmente deteriorada, cuando alguna vez fuimos un país ausente de analfabetismo, a base de esfuerzos y políticas educativas coherentes, que hoy no pasan de ser entelequias jamás consideradas.  

La Argentina hoy con una masa de pobrerío inculto, debe tener conciencia de lo que significa la independencia, que naturalmente debe estar sustentada en los propios desafíos que asolan invariablemente los destinos de la patria. 

¿Los próceres de 1816, habrían soñado con el descalabro y desgobierno del 2021? Pienso que jamás, y mucho menos con esta autocracia presentida, en manos de una mujer a la que nada la detiene, solamente pensando en sanear los latrocinios cometidos durante sus gestiones presidenciales, debido al fanatismo y a la incultura de sus adeptos. 

Entre ellos se encuentran también los que le temen y los que medran a sus expensas.

Vemos impávidos cómo la Constitución Nacional es vulnerada permanentemente para satisfacer los espurios intereses de la falange aplaudidora. Entonces ante esta situación, ¿cómo pensar en el porvenir, cuando las políticas sin planes sólo atinan a resolver los problemas coyunturales? De esta forma la nación argentina no puede penetrar ampliamente en el siglo XXI de la globalización. Tampoco puede concretar el sueño de los próceres de ayer que ofrendaron vida y fortuna en pro de objetivos claros para sus descendientes.

La hora de hoy nos debe llevar a como dé lugar a una reconstrucción del sistema republicano, a la conciencia del trabajo sin planes sociales que encadenen las voluntades de las gentes a los dictados de la jefa. Debemos sacudir esa lasitud que nos aturde, apegándonos a la ley hoy subvertida a fraudulentos intereses, de manera que volvamos a tener confianza en la democracia, tan castigada hoy, pero es lo mejor que un país puede aspirar, donde la oposición pueda encontrar el cauce de sus propios pensamientos y propósitos para enfrentar la turba deshonesta que nos gobierna, y poder entrar de lleno a un país moderno, donde todos tengan las mismas oportunidades de progreso, que hoy se nos niega. 

Como argentinos debemos salir de esta telaraña que nos aturde para honra de la nación, y engrosar esa columna amiga que desfila camino a la victoria. 

Que así sea  

*Otto Von Bismarck-Otto von Bismarck) político alemán que en 1862 se convirtió en primer ministro de Prusia y, poco a poco, se hizo con el control de Europa. El primer objetivo de Bismarck era la unificación alemana.  

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