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Las mujeres afganas vuelven a trabajar, bajo el régimen talibán

Algunas empleadas aún esperan las autorizaciones para volver a sus puestos de trabajo, según la nueva ley islámica.

El 15 de agosto, los talibanes tomaban la capital de Afganistán y muchos comenzaron a temer lo peor, con miedo a que se imponga su riguroso régimen como en el pasado, que estuvo marcado por la brutalidad y discriminación hacia las mujeres. Tras la promesa de los nuevos líderes de ser más tolerantes, algunas afganas volvieron a sus trabajos.

Las trabajadoras del sector sanitario y de la educación aseguraron que no hubo mayores cambios en relación a principios de agosto, antes de la llegada de los talibanes. Pero las empleadas de otros sectores aún esperan la autorización para trabajar, a la espera de ver cómo los rebeldes les permiten retomar sus actividades dentro de la ley islámica, informó Télam.

En Kabul, una enfermera del Instituto Médico francés para madres y niños (FMIC) señaló que «algunas compañeras no han vuelto a trabajar y otras intentan salir de Afganistán». La mayor parte de las mujeres no tenían derecho a trabajar durante el primer Gobierno talibán, salvo unas pocas excepciones, sobre todo en el sector sanitario.

El viernes, el nuevo Emirato islámico, como se autodenomina el Gobierno talibán, pidió a estas trabajadoras que retomaran el trabajo «con normalidad», dado que los médicos varones no pueden examinar a las mujeres. Esta regla no escrita, que no ha sido aún confirmada por el nuevo Gobierno, estuvo en vigor estos últimos 20 años en buena parte de Afganistán, un país muy conservador, sobre todo en las zonas rurales.

Aunque tanto en Kabul como en las principales ciudades del país las mujeres solían ser atendidas por médicos hombres, a excepción de los análisis ginecológicos. Los talibanes, que en su anterior etapa en el poder habían instaurado una segregación estricta entre sexos, se muestran ahora más tolerantes.

Las mujeres tienen «el derecho innato» a trabajar, explicó Sher Mohamad Abbas Stanikazi, dirigente de los talibanes en Doha. «Pueden trabajar, estudiar, participar en política y hacer negocios», explicó. En un primer momento, no obstante, los nuevos gobernantes afganos les pidieron que se quedaran en casa. Una medida presentada como temporal porque había que formar a algunos soldados para que las respetaran.

Mientras las profesoras volvían a sus clases, los talibanes declararon que las niñas y adolescentes podrían seguir estudiando, incluso en la universidad, pero «según la sharia», es decir en clases no mixtas. La separación de sexos ya era una realidad desde 2001, salvo en la universidad y la escuela primaria.

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