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María Soledad Morales: El femicidio que provocó la caída del clan Saadi en Catamarca

Una frase pronunciada por el padre del principal acusado, el entonces diputado nacional, Ángel Luque, delineaba claramente la impunidad de que gozaban los cercanos al Clan Saadi: “Si mi hijo hubiese sido el autor, el cuerpo no aparecía más”.

(Por Matilde Serra).- La madrugada del 8 de setiembre de 1990 sería una fecha que la memoria colectiva de los argentinos no olvidaría. Esa infausta noche fue asesinada, María Soledad Morales, una adolescente cuyo crimen considerado el primer femicidio en el país provocaría la caída del Clan Saadi que gobernaba la provincia de Catamarca.

Por entonces todavía esa provincia era un dominio donde el apellido Saadi representaba los límites de lo posible y de lo imposible. Gobernaba Ramón Saadi, hijo del legendario Vicente Leónidas Saadi, de quien se dice había conquistado su espacio fraguando la voz del presidente Perón –“Oiga gobernador, reciba a este jovencito”, dice que fue el mensaje que recibió ese mandatario- y así Saadi comenzó su ascenso político y el de su familia. Como dijera algún autor “un fraude dio lugar al nacimiento de una dinastía”.

Aquella madrugada del 7 de septiembre de 1990, María Soledad Morales, quien por entonces cursaba 5.º año de la secundaria, participó de una fiesta en el boliche “Le Feu Rouge” organizada por su curso para recaudar fondos para el viaje de egresados.

La hija de Elías Morales, Ada Rizzardo, frecuentaba a un individuo unos doce años mayor, Luis Tula, a quien las compañeras de María Soledad sindicaban como su novio y que en aquellas horas la buscó de la discoteca y la llevó a otra llamada “Clivus”, donde se encontraban hijos de altos funcionarios de la provincia como Guillermo Luque, Miguel Ferreyra, hijo del jefe de policía y Arnoldito Saadi, primo del entonces gobernador, Ramón Saadi.

Los testimonios posteriores darían cuenta de que salió de ese último lugar “obnubilada” y en compañía de varios hombres que la subieron a un vehículo, probablemente el Jeep de Arnoldito Saadi. Fue la última vez que la vieron con vida.

Casi dos días más tarde, el 10 de setiembre de ese año, el cuerpo de María Soledad Morales aparecía a la vera de un camino, hallado por unos operarios, desfigurado a tal forma que su padre sólo pudo reconocerlo por una cicatriz en una mano.

Una frase pronunciada por el padre del principal acusado, el entonces diputado nacional, Ángel Luque, delineaba claramente la impunidad de que gozaban los cercanos al Clan Saadi: “Si mi hijo hubiese sido el autor, el cuerpo no aparecía más”.

El hecho produjo una profunda conmoción no sólo en Catamarca sino en todo el país, tanto que su repercusión obligó al presidente de la Nación, entonces, Carlos Saúl Menem a ordenar la intervención federal de la provincia el 17 de abril de 1991. Era el final de la dinastía Saadi en el poder.

En las elecciones que se celebraron para normalizar a la provincia, Ramón Saadi intentó retornar al poder pero fue estrepitosamente derrotado por su contendiente radical, Arnoldo Aníbal Castillo quien lideraba una alianza, el Frente Cívico y Social.

Paradójicamente, el silencio estremecedor de las marchas y la presión social abatieron al silencio de la impunidad en un régimen semifeudal –como caracterizaron los medios de la época- que hacía sentir su hegemonía sobre la población.

De aquella trágica muerte, resucitó sin embargo, toda una provincia.-

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