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El Intransigente
Sergio Lapegüe
Sergio Lapegüe

ESPECTÁCULO

«Una cicatriz que va a ser difícil de sanar»: impacto por lo que quiso comunicar Sergio Lapegüe en pleno programa

Lo compartió delante de todos sus oyentes.

Una historia realmente fuerte. Así fue lo que dio a conocer Sergio Lapegüe en su programa de La 100, el ciclo que lleva adelante desde hace años. El reconocido periodista que brilla todos los días en Canal Trece y TN volvió con su clásico de «Historias compartidas», donde compartió un contundente relato que conmocionó a cada uno de sus oyentes como pocas veces antes.

«Resulta que había un chico un niño, un pibe que se peleaba siempre con sus compañeritos, era de genio, bastante alterado y el papá sabía de esto, y el nene venía siempre muy enojado, venía indignado, se peleaba y pegaba patadas en la puerta. Hasta que el padre le hizo un regalo a su propio hijo. Le dijo: Toma estos para vos, le dio la caja el nene no sabía de qué se trataba, abrió la caja encontró un montón de clavos y había otra cajita donde encontró un martillo. ¿Y esto qué es papá? Mirá, cada vez que te enojas cada vez, que te peleas con alguien agarra a un clavo y lo clavás en la puerta de tu habitación», manifestó.

«Un día se enojó como 30 veces, agarró la cajita 30 clavos y los empezó a martillar en la puerta de su propia habitación. Al otro día se volvió a enojar, se peleaba, gritaba, se indignaba, la trataba mal a la mamá. Y clavó clavos en la puerta de su propia habitación y así sucesivamente. Cuando iba pasando el tiempo cada vez clavaba menos clavos, cada vez estaba más tranquilo pero seguía todavía un poco enojado. El padre viendo esta situación ya no tenía más clavos que clavar», manifestó Sergio Lapegüe.

Pero esto no fue todo, ya que inmediatamente fue por más. «Le dijo: vos estás aprendiendo cada vez que te enojas… Mirá cómo quedó la puerta casi destrozada ahora te estás enojando menos. Tengo otro regalo para vos. Ahora cada vez que te enojás vas sacando los clavos que antes clavaste y así sucesivamente. El nene fue sacando todos los clavos de la puerta hasta que empezó a calmarse de tal manera que ya no se enojaba más. Cuando vio la puerta de su propia habitación, porque todos los días la cerraba y todos los días la abría, se dio cuenta de que estaba horrible, llena de agujeros», señaló.

«Y el papá le dice: Te das cuenta, mirá cómo dejaste la habitación… Cada vez que te enojas vas dejando un agujero, una cicatriz que va a ser difícil de poder sanar. Lo mismo le pasa a aquella persona que recibía tu ira, que recibía tu bronca y tu indignación. Esta puerta nunca va a ser la misma, como el corazón de esas personas. Conviene contar hasta 10, pensar en los clavos cada vez que te vas a enojar y vas a ser un buen ser humano. Una gran enseñanza con un ejemplo de un padre a un hijo. Ese pibe se convirtió en un buen ser humano», sentenció Lapegüe.

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