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El Intransigente
R. Federico Mena-Martínez Castro

SOCIEDAD

Día de la soberanía de la Nación Argentina: Batalla de la Vuelta de Obligado

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Muchos nombres y hechos de heroísmo quedaron para la historia, por lo cual el día 20 de noviembre quedó registrado como el día de La Soberanía Nacional.

(Por R. Federico Mena-Martínez Castro).-  “La soberanía es el poder político supremo que corresponde a un Estado independiente sin interferencias externas. La soberanía de las personas o la soberanía popular es la base moderna de los estados democráticos a través del mundo”.

Prolegómenos del conflicto

Gobernaba por aquel entonces en encargado de las Relaciones exteriores de la Confederación, también a cargo de la conducción política de la provincia de Buenos Aires, don Juan Manuel de Rosas, por segunda vez en tiempos en que en el vecino Uruguay se desarrollaba una desafortunada guerra civil entre los caudillos Manuel Oribe y Fructuoso Rivera.

Sucedió que Manuel Oribe, habiendo perdido su gobierno acude a la ayuda de su amigo Rosas, mientras hacía lo propio Rivera que buscó el apoyo y ayuda del Brasil.

Rosas, solícito, concurre al auxilio de Oribe, aportando tropas y bastimentos con los cuales invade y sitia la ciudad de Montevideo, motivando la intervención de las superpotencias de la época, el Reino Unido y Francia que se atribuían falazmente el título de mediadores, cuando en realidad su intención era la libre navegación de los ríos interiores del país, para colocar sus productos manufacturados que les darían pingües ganancias. Por tal motivo Rosas fue intimado a retirar sus tropas, situación está que no fue aceptada, provocando que la flota anglo francesa que se encontraba en las inmediaciones, procediera a capturar a la escuadra confederada que bloqueaba la ciudad de Montevideo.

Esto daba comienzo al conflicto armado que se desarrollaría a continuación.   

La batalla del epígrafe realizada en la mañana del 20 de noviembre de 1845 trata sobre el intervencionismo de las mencionadas potencias europeas más importantes del momento sobre nuestro territorio joven, y prácticamente recién emancipado de la Metrópoli española, desangrado por la salvaje guerra civil que colmara de luto numerosas páginas de nuestra historia.

No fue un hecho casual, debido a la también salvaje autoridad con que el dictador Juan Manuel de Rosas aherrojaba a la Confederación Argentina. Esto no fue un hecho que realmente a Rosas le importara, como tampoco los degüellos y asesinatos acontecidos a cada momento en plena calle y a la luz del día; no era esta una cuestión que el rosismo ni los invasores quisieran encarrilar, pues los derechos de los hombres nada importaban, sino que la cuestión era el comienzo de la expansión colonialista europea durante el siglo XIX, impulsada por el avance tecnológico al que habían accedido las potencias mencionadas; esto las inducía a la guerra de conquista de tierras, y consecuentemente a la apertura de nuevos mercados. La prepotencia de estos países, tendría como teatro de operaciones en un primer momento al Lejano Oriente, Oceanía y luego al Continente Africano. También la América Latina era una presa apetecible en grado sumo, pues allí se encontraban las materias primas para alimentar a millones de hombres, asegurando estas potencias un comercio de abundantes beneficios.

Había que buscar un pretexto, como el que realizaron en San Juan de Ullúm, en Méjico, frente a Veracruz, cuando destruyeron a cañonazos la fortaleza, con el fútil pretexto de que unos marineros mejicanos comieron unas golosinas de un pastelero francés sin habérselos pagado. Todo esto transcurría en el año 1838, fecha, en que Francia comienza el primer bloqueo contra nuestro país. En nuestro territorio también fueron motivos injustificados, como ser el apresamiento de un ciudadano francés acusado por delitos comunes. Se generó entonces un conflicto diplomático de proporciones, en que el Vicecónsul de Francia interviniera, y el gobierno de la Confederación le desconociera prerrogativas para participar en el asunto. Esto motivó la presencia de la poderosa flota francesa, con el pretexto de infligir a “la invencible Buenos Aires un castigo ejemplar, que será una lección saludable a todos los estados americanos… Corresponde a la Francia hacerse conocer, si quiere que se la respete”.

En el Río de la Plata no se repitió la hazaña de San Juan de Ullúm, pues aquí el pueblo rechazó el bloqueo y estrechó filas en la emergencia. San Martín entonces escribe a Rosas la primera carta ofreciéndole su colaboración desinteresada. Se suceden en el ínterin algunas cuestiones que terminan en el tratado de Mackau-Arana en 1840, que no conformara a los franceses ni tampoco a una parte del unitarismo.

Para aquel entonces se realizaban misiones diplomáticas ante los países beligerantes, como la del Vizconde de Abrantes que, desconfiando del poderío de la Confederación, solicitaba directamente la intervención de la escuadra anglo-francesa para derrocar al dictador Rosas. También fracasó la gestión de Florencio Varela quien entrevistara a Lord Aberdeen, para que, a cambio de las mismas razones, ofreciera la independencia de Entre Ríos y Corrientes.

El General Paz lo relata en sus Memorias. Fue un desafortunado pedido el hecho de pretender amputar el territorio nacional, buscando su balcanización y la creación de estados tapones como el de la república Oriental del Uruguay, para facilitar de esta manera el control político de la región.

Cuando estaba por desatarse la ignominiosa agresión en el Plata, un periodista francés independiente, Emilio Girardín denuncia en el diario “La Presse” de París, la injusticia de esta actitud y el papel de idiota útil desempeñado por Francia desde 1808.

Según el general Tomás Guido en carta a San Martín, le dice que la verdadera causa de la intervención anglo-francesa, se debía a una mera cuestión de intereses, pues los pingües negocios realizados por Inglaterra eran monumentales al ser dueña de la Aduana de Montevideo. Por otra parte los parlamentarios franceses, consideraban también al Uruguay como colonia propia.

San Martín advertía a los países europeos lo siguiente “(…) En conclusión 8000 hombres de caballería del país, y 25 o 30 piezas de artillería, fuerzas que con mucha facilidad puede mantener el General Rosas, son suficientes para defender de un bloqueo terrestre a Buenos Aires, y también impedir que un ejército europeo de 20.000 hombres salga a más de 20 leguas de la capital sin exponerse a una completa ruina por falta de todo recurso. Tal es mi opinión y la experiencia lo demostrará.”. También decía: “ que los ganados, el primer alimento o más bien el único en el pueblo, puede ser retirado en muy pocos días a distancia de muchas leguas; lo mismo que las caballadas y demás medios de transporte, y los pozos de las estancias inutilizados”.

En el año 1811, es decir poco después de la Revolución de Mayo , don Hipólito Vieytes, recorrió las costas del Paraná, buscando el sitio más conveniente para instalar defensas ante la eventualidad de un ataque de naves realistas. Consideró que el lugar elegido era La Vuelta de Obligado, debido a sus barrancas altas y al pronunciado recodo que obligaba a las naves a recostarse contra la costa. Estas anotaciones fueron consideradas por Rosas, de manera que decidió que allí serían instaladas las defensas. Algunas familias indígenas que vivían en la zona fueron desalojas para construir las mencionadas defensas.

En el mes de agosto de 1845, Lucio Norberto Mansilla, padre de Lucio V. Mansilla fue autorizado a construir defensas artilladas, mientras enviaba al sargento mayor Julián Bendim al mando de ciento setenta y tantos soldados de caballería e infantería, para proteger la ciudad de un posible desembarco anglo-francés.

Las fuerzas enemigas estaban integradas en total por 22 buques de guerra y 92 buques mercantes. Las tropas argentinas, al mando de Lucio Norberto Mansilla constaban de seis buques mercantes y sesenta cañones de muy poco calibre. El enemigo contaba con 418 cañones y 880 soldados. El río en La Vuelta de Obligado, medía 700 metros de ancho, y el general Mansilla había ordenado tender tres gruesas cadenas sobre lanchones a todo lo ancho del río. Esta obra fue realizada por el italiano Aliberti La disparidad de fuerzas era abismal, especialmente en lo que se refiere a la artillería y a los buques de vapor,  Las baterías argentinas fueron cuatro: “Restaurador Rosas, al mando del General don Álvaro de Alzogaray, la segunda, denominada General Brown, al mando del Teniente Brown, hijo del Almirante; la tercera la General Mansilla, al mando del teniente de artillería Felipe Palacios y la cuarta, aguas arriba, de reserva, Manuelita Rosas , al mando del Teniente Coronel Juan Bautista Thorne.

Además, prepararon trincheras y una dotación de 2000 hombres al mando del coronel Ramón Rodríguez, jefe del Regimiento de Patricios se encontraba preparada para reforzar la lucha. El único buque de combate “El Republicano” estaba al cuidado de las cadenas instaladas por Aliberti.

Durante el desarrollo del combate, por cierto, muy cruento, las fuerzas de la patria se despeñaron con extraordinario valor a pesar de la disparidad manifiesta de armamentos y cantidad de combatientes. Lo cierto es que las aguas de río Paraná se vieron invadidas en un primer momento por once navíos de combate anglo franceses, desde los primeros días del mes de noviembre del año citado, con la ventaja de contar con una tecnología superior para la época, pues al ser impulsados por velas y motores a vapor desusados en aquellos tiempos le conferían una superioridad imposible de igualar

Imaginamos el asombro de nuestros marinos y soldados, al estar estos barcos parcialmente blindados y equipados con cañones de grueso calibre, de carga y recarga rápida, en contraposición de los nuestros cuya reposición de municiones eran demasiado lentas. Otra innovación del enemigo era contar con cohetes tipo Congreve. 

“El cohete Congreve (en inglés: Congreve rocket) fue un arma utilizada en el siglo XIX por el Reino Unido, su diseñador fue el inglés William Congreve. El diseño se basó en cohetes desplegados por el Reino de Mysore contra la Compañía de las Indias Orientales durante la Segunda, Tercera y Cuarta Guerras Anglo-Mysore”.

La conflagración a pesar de haber sido una derrota táctica fue un triunfo diplomático, pues los invasores debido al alto costo de la acción debieron retirarse y reconocer la soberanía de la patria sobre los ríos interiores.

Gran Bretaña dio por finalizado el conflicto con el tratado Arana-Southern en el año 1847. Por su parte Francia demoró un año más con el tratado Arana- Lepredour. Lamentablemente por razones de espacio, no se puede describir el desarrollo de la batalla, heroica en grado sumo, que tuvo la virtud de que los países de América del Sur cambiaran sus sentimientos hacia la Confederación Argentina, a pesar de Rosas.

El General San Martín, desde Francia decía en carta su amigo el General Tomás Guido: “Ya sabía la acción de Obligado. ¡Qué inequidad! De todos modos, los interventores habrán visto por esta muestra que los argentinos no son empanadas que se puedan comer sin dar más trabajo que abrir la boca. (…) esta contienda en mi opinión es de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de España.

El sable corvo adquirido por San Martín durante su estancia en Londres, poco antes de morir deja mandado en el artículo 3º de su testamento: (…) “el sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sur, le será entregado al General de la República Argentina don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República, contra las injustas pretensiones de los extranjeros que tentaban de humillarla”.

Pensamos que quizá este haya sido el único hecho destacable que motivara esta decisión, pues no admite la más mínima consideración, pensar que el Padre de la Patria haya avalado su sangrienta gestión de gobierno. Tampoco debemos olvidar a quien fue el jefe de nuestra nación el General Lucio Norberto Mansilla, casado con una hermana de Juan Manuel de Rosas.

Muchos nombres y hechos de heroísmo quedaron para la historia, por lo cual el día 20 de noviembre quedó registrado como el día de La Soberanía Nacional.

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