Cómo nuestro estrés afecta a nuestros perros

Un estudio brindó detalles sobre cómo afecta esto en los perros y sus dueños.
<a href="https://elintransigente.com/animals/2019/09/12/como-nuestro-estres-afecta-a-nuestros-perros/" rel="bookmark"><time class="entry-date published" datetime="2019-09-12T12:21:15-03:00">septiembre 12, 2019</time><time class="updated" datetime="2019-09-12T12:21:16-03:00">septiembre 12, 2019</time></a>

Si son nuestros mejores amigos, por definición, entonces lo que nos afecta a nosotros los afectan a ellos, a nuestros perritos, y si hablamos de estrés, esto no es una excepción. Un estudio enfocado en la personalidad de varios canes y sus amos, así como de sus niveles de cortisol, concluyó que el estrés a largo plazo en los “amos” tiene un efecto directo sobre sus mascotas.

Así lo afirma National Geographic que afirma que “el contagio emocional y el reflejo de estados de ánimo entre dos o más individuos es un fenómeno que comúnmente puede apreciarse en distintas especies de animales sociales. En estas especies donde los individuos pasan gran parte del tiempo juntos, cada uno de ellos está continuamente expuesto a factores estresantes compartidos y que podrían afectar de igual manera a los distintos integrantes del grupo”.

El “contagio emocional” no sólo se da entre individuos de una misma especie, porque quedó demostrado que puede darse entre sujetos de especies diferentes, por ejemplo, entre perros y humanos ya que ambos comparten una relación interespecífica única como resultado de vivir en una estrecha asociación durante al menos unos 15.000 años, y como resultado de siglos de evolución el vínculo alcanzó niveles extremos.

Ante esto, gracias a las investigaciones científicas se demostró que, por ejemplo, los perros son capaces de detectar un ataque epiléptico en su compañero o bien poder discernir su voz entre cientos cuando lo llaman o lo escuchan. Una investigación de la Universidad de Linköping avanzó en la teoría de que el estrés a largo plazo en las personas con perros provoca que éstos también lo sufran y en aumento.

Los resultados del estudio sobre 58 perros y sus respectivos dueños fueron publicados recientemente en la revista Nature. En la investigación, se midió la concentración de cortisol en el pelaje de los canes y en el pelo de sus amos, y se encontraron con la teoría de que ellos lo sufren igual o más, y particularmente las hembras. “Los perros pueden reflejar el nivel de estrés de sus dueños en lugar de que los dueños respondan al estrés en sus perros”, aclaró uno de los científicos que, como suponíamos, la relación entre el humano y el perro es más fuerte de lo que creíamos.

Domesticación

El mejor amigo del hombre cambió, y lo hizo precisamente por el ser humano, el mismo que ama y adora pero que con siglos de evolución lo han convertido en uno de los animales con más razas del planeta. Es así que durante años, los criadores de perros interfirieron en el proceso evolutivo de los canes, al proceder con la combinación de especies y selección de atributos para crear una nueva raza según las características buscadas.

De acuerdo a una nueva investigación científica sobre escáneres cerebrales, a medida que el hombre fue domesticando nuevas razas, el cerebro de los perros no tuvo más remedio que comenzar a readaptarse. Es así que para la ciencia, demostró hasta qué punto la selección artificial ha afectado a la estructura cerebral de estos animales.

A raíz de ello, según el informe de National Geographic, los científicos dedujeron que las diferencias entre razas y sus comportamientos coincidían con unos patrones neuronales bien definidos. Es decir, una correlación entre estas variaciones en función de su raza, “con lo que concluyeron que estos cambios anatómicos tuvieron que producirse en la última de sus etapas evolutivas, presumiblemente como consecuencia de la domesticación”.

¿Qué significa? Que se dieron cuenta de que “las diferencias entre razas y comportamientos (como los que diferencia a los perros de presa y a los perros guardianes de los perros de compañía) coincidían con unos patrones neuronales perfectamente definidos en el cerebro, que, sin embargo, no tenían relación con otras variantes (como la forma del cráneo o el tamaño corporal)”.

El equipo científico liderado por la neuróloga en evolución Erin Hecth, de la Universidad Harvard, descubrió que “todos los perros de presa -como los perros policía- presentaban la misma variación en el cortex prefontal, un área asociada con la pertenencia al grupo y la interacción social. Otras razas presentaban rasgos característicos en función de las distintas fases del proceso de domesticación. Este era el caso de los Bulldogs, unos perros que fueron adiestrados inicialmente para controlar y guardar el ganado y que posteriormente se adaptaron para convertirse en mascotas domésticas”.