El encanto de la cocina en horno de barro en Palermo

Cuatro formas de vida confluyen en un mismo lugar: el horno de Casa Barro (Nicaragua 4618). Marcos Marinozzi, Geronimo Abente, Gonzalo Ortigoza y Máximo Pardo son socios venidos de distintas áreas que encontraron en este restaurante un medio para integrarse a través de la comida y cierto aire hogareño que acompaña a este lugar.

Todo comenzó a principios de 2018, cuando los cuatro estaban “con ganas de emprender algo gastronómico. Nuestra idea era hacer un lugar en el que se comiera rico, que el cliente viniera y se sintiera en un ambiente relajado, como si fuera su casa”, detalla Pardo. Con base en eso, comenzaron a buscar lugares y hallaron una antigua estructura abandonada. La transformaron.

Ese proceso de armado de la idea, estructura y decoración, en un principio no estaba del todo resuelto, pero sí se definió que giraría alrededor de “un señor horno de barro”, según Pardo. Esa base fue el puntapié inicial para que una casa, que no se habitaba desde hace al menos 10 años pasara a recibir locales y turistas a partir de las 20 horas.

“Estaba bastante mal. Pero por locación y un tema comercial, decidimos alquilarlo”, recuerda Pardo. Hicieron el piso, la cocina, el baño y la barra. Casi todo lo que se ve en el lugar puede ser nuevo, salvo aquella bañera que adaptaron como una huerta. Eso describe una de las características gastronómicas del restaurante: productos frescos y, en algunos casos, cultivados por ellos mismos.

Tras decidir que sería al horno en un espacio que fomentara una atmósfera hogareña, el siguiente punto fue el tipo de comida. Pardo explica: “Es lo principal; el servicio, el lugar, lo puedes ajustar, pero los platos tienen que ser muy ricos. Es a lo que apuntamos al tener productos lo más fresco posible”.

Así como esas cuatro personas conviven de forma simbólica en Casa Barro, el lugar también desea que parte de la cultura porteña y argentina habite en él. ¿Un ejemplo? Las mesas y sillas, en su mayoría distintas entre sí, son salidas del Mercado de las Pulgas “para dar una onda distinta —explica Pardo—. Cada uno trajo cuadros de arte que nos prestaron”. Eso da sentido a la atmósfera casera y a la vez poética.

Esa integración de elementos, características de la ciudad o el país, se refleja en un menú compuesto por el reconocido Nicolás Grosso. “Le dijimos que el horno iba a ser el corazón, y le pedimos que creara una carta que siempre lo tuviera, aunque sea un toque”. En la actualidad, lo conforman siete entradas y seis platos principales.

Entre esos sabores se mezclan parte de la esencia de la cocina argentina: carne de vaca, carne de cerdo, empanadas, provoleta, morcilla, pasta al horno de barro con verduras y otras guarniciones. Redondeando, Pardo describe: “La gente que nos descubre, entra y se sienta a comer, termina encantada y conversando con los otros”. Complicidad y goce.

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