Un universo espacial repleto de ecología y urbanismo

Desde la terraza de la Galería Laura Haber se ven una serie de formas en el interior de sala. Madera, metal, plástico se incorporan a paredes o cuelgan del techo del lugar. Un universo ecológico, marcado por elementos reciclados, conforma “Confluencias” del artista Nahuel Giuffrida, inaugurada este martes 14 de mayo de 2019.

La primera de las confluencias de esta muestra es el tiempo. Acá se reúnen al menos tres años de trabajo artístico y físico. ¿Por qué físico? Porque Giuffrida, caminando o pedaleando, tomó de la calle las piezas de madera y otros elementos para obrar. “Veía mucha basura; descartes de carpintería o madera. Entonces, de manera sustentable, decido levantar ese material”, detalla.

Luego, la selección y trabajo sobre ese material recolectado: “Discenir; qué sí, qué no, cómo cortar, cuál corte; lija, mucha lija para recuperar madera. Después, es cuestión de jugar”. Ese juego comienza con dos pedazos, como si se tratara de componer un rompecabezas que ni él mismo sabe cómo se desarrollará, porque se elabora sin boceto previo. Instinto y constancia.

Sus piezas dialogan entre sí y, a su vez, con las sombras que se generan en el juego con la luz. Se producen múltiples dimensiones desde la forma y la iluminación. A su vez, una paradoja: en esas obras, con formas de edificios, de inventiva humana, se refleja lo urbano y concreto, pero con elementos naturales: “Lo cálido de la madera suaviza esta frialdad de lo manufacturado”.

Así se compone un recorrido que a ratos puede parecer fantástico, como si se fuera parte de un cuento. En ese caso, “siento que podríamos hablar de uno espacial, con satélites, naves espaciales. Las obras tienen una línea muy futurista en lo que respecta al aspecto estético”, y también en la propuesta ecológica.

En ese punto se revela otra de las confluencias: en esta muestra forman parte aquellos que talan árboles, quien los transforma en una pieza, quien la desecha, y el artista que resignifica esos elementos. “Yo hago obra viva, perenne, y va mutando y cambiando con el tiempo”. Transformaciones propiciadas por el ser y otras por el día a día. Eso también es un retrato de humanidad.

Su trabajo de elaboración, una vez que ya tiene suficiente materia prima en su taller, puede ir desde los dos días hasta los años. Todo depende del propio lenguaje que la pieza vaya sugiriendo. “El proceso, en un momento empieza y en otro se detiene; no lo abandonás, solo dejás que la pieza repose”. Para luego retomar y seguir dándole otro sentido. Uno propio del artista.

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