Uriel Valentín, el artista detrás de Mediodescocido

Lo que comenzó con la necesidad de tener un gesto navideño con los otros se convirtió en parte esencial de su forma de vida. Uriel Valentín, la persona detrás de los muñecos “Mediodescocidos”, comenzó haciéndolos como obsequios en 2002 hasta que el tiempo y el reconocimiento los volvieron una figura que siempre lo acompañará.

Pero antes de esa explicación, hay que remitirse a su hogar. Uriel Valentín creció rodeado de mucho de lo que ahora expresa como artista. Pinturas, obras de teatro, literatura. Desde niño tuvo contacto con áreas que de alguna manera dieron forma a la sensibilidad que se expresa en pinturas o muñecos y que a través de su voz se cuela.

“Los cuadros de Vincent van Gogh son los que más recuerdo de chiquito. Él mismo: su historia, todo eso, me shockeó artísticamente”, recuerda en relación con esos primeros años. Su educación secundaria se completó en dos sitios, bachillerato clásico y estudios en el Centro Polivalente de Arte de San Isidro.

Viajando hasta esos días de estudios, detalla que “fueron años espectaculares, con la libertad que te da el arte. A esa edad, te cambia mucho la cabeza y la forma como ves las cosas”. Ese balance entre ciencias duras y expresión humana encuentra en sus padres, otra vez, figuras clave al fomenta esa mezcla: “Fueron una influencia para mí”.

Profundizando en ese aspecto, considera que sus padres le “mostraron opciones, que había muchas ramas” para canalizar su vocación. La pintura surgió de esa mezcla, algo que complementaría estudiando Caracterización de Imagen en el Teatro Colón. En ese momento, quería experimentar algo diferente y acercarse a los escenarios.

A su manera, con su proyecto “Mediodescocidos”, se apropia de la imagen de tantos artistas para representarlos a su manera. “Con la gran crisis económica, entre 2001 y 2002, estaba en cero pesos. Era época de navidad, de regalos. No tenía nada para regalar. Estaba tirado en la cama, vi las telas, las pinturas y dije: hagamos algo para regalar”.

Ese es el gen de un proyecto por el que ya se le reconoce más allá de las fronteras locales. El origen, esa necesidad de querer dar algo, también describe parte de su esencia como persona. A día, a través de ese deseo, canaliza su fascinación por la cultura pop, desde la pintura de tapas de discos hasta estos muñecos.

Tras obsequiarlos, en un primer momento, surgió la pregunta: ¿por qué no los vendés? “No lo veía mucho. Pero había que probar. Capaz tenían razón. Busqué el nombre, dónde se podían vender y ahí empecé a hacer todo esto”. Bowie, Messi, Charly García y Mandela son solo algunos de los íconos que llevó a sus telas.

Todo comienza, según describe, con un boceto de la cara. “Lo hago lápiz, lo paso a tela, y lo pinto a mano con acuarela o acrílico. Los cuerpos los confecciono en tela, con una estructura de alambre adentro, y los coso a mano”. El proceso se cierra con un barnizado para sellar la pieza.

Como anécdota, y momento a través del cual se puede dimensionar su impronta, una historia con una chica en Barcelona. “Me mandó un mail diciéndome que había muñecos míos en una feria. No sé cómo llegaron hasta allá”. ¿Cómo llegó ella hasta él? Por la firma que tienen los muñecos en la parte de atrás. Google. Uriel Valentín.

A través de su trabajo, mediante cuadros con tapas de discos y estos muñecos, compone una visión autoral sobre la cultura pop contemporánea. Reflexionando, comenta: “Mi género sería como un surrealismo fantástico pop, el pop art de ahora”. ¿Qué explica ese interés? Sus gustos. Entonces, se descubre el relato: Uriel Valentín logró, a través del arte, que su formación y pasión confluyeran para darle un medio de vida.

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