Cuando el fuego del amor derrite el hielo de la guerra

El papa Francisco, en su visita a Bulgaria, señaló que “la paz exige y pide que hagamos del diálogo una vía”, en el marco de un encuentro en el que no participó ningún prelado de la Iglesia Ortodoxa, y agregó que “la paz exige hacer de la colaboración común nuestra conducta; del conocimiento recíproco el método y el criterio para encontrarnos en aquello que nos une”.

Asimismo, continuó y pidió en la Plaza Nezavisimost, en Sofía, “respetarnos en lo que nos separa y alentarnos a mirar el futuro como espacio de oportunidad y de dignidad, especialmente para las generaciones que vendrán”. Así, el Sumo Pontífice hizo su última aparición en territorio búlgaro antes de trasladarse a Macedonia del Norte, donde continuará su visita hasta el martes.

En el encuentro con representantes de distintas confesiones religiosas de Bulgaria, el Jefe de la Iglesia católica se refirió también al Documento de la Fraternidad Humana, firmado en Abu Dhabi el 4 de febrero pasado, al señalar que “estamos aquí para rezar frente a estas antorchas traídas por nuestros niños. Ellas simbolizan el fuego del amor que está encendido en nosotros y que debe transformarse en un faro de misericordia, de amor y de paz en los ambientes en los que vivimos”.

En tanto, añadió: “Con este faro quisiéramos iluminar al mundo entero porque con el fuego del amor, queremos derretir el hielo de la guerra. En este momento, nuestras voces se funden al unísono expresando el ardiente deseo de la paz: ¡que la paz se difunda en toda la Tierra!”.

En la visita del Papa, las otras cuatro religiones búlgaras presentes, además de la católica y la ortodoxa, fueron la judía, con la presidenta de la Comunidad Judía; la protestante con un pastor; la armenia con un obispo, y la musulmana con el gran muftí. En el mismo palco con el Santo Padre se ubicaron la señora Sofiya Alfred Koenova; el obispo armenio Datev Hagopian; el pastor Rumen Bordjiev; el gran muftí Mustafa Hadzhi y Emil Velinov, director para los Asuntos Religiosos del gobierno.

Finalmente, llegó el momento del encendido de una vela y seis antorchas para simbolizar las confesiones religiosas presentes, la Plegaria de San Francisco a cargo del Papa, y el saludo para poner fin a su presencia. Y remató: “Cada uno de nosotros está llamado a convertirse en un constructor, un artesano de paz. Paz que debemos implorar y por la cual debemos trabajar, don y deber, regalo y esfuerzo constante y cotidiano para construir una cultura en la que también la paz sea un derecho fundamental”.

“Todos deben cooperar en la realización de esta aspiración: los exponentes de las religiones, de la política, de la cultura. Que se realice el sueño del papa San Juan XXIII, de una tierra donde la paz sea de casa: Pacem in terris! Paz en la Tierra para todos los hombres amados por el Señor”.

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