Obras de arte para vestir: los diseños de “Diamantes con patas”

La artista Valeria Vilar, representada por Miranda Bosch Gallery y Artemisa Gallery, también tiene una marca de ropa.
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Vestirse con arte. Esa es parte de la esencia que atraviesa “Diamantes con patas”, la firma de la artista visual Valeria Vilar. Su carrera con el color se inició con la intervención de algunas fotos y la llevó hasta este presente, en el que sus cuadros están representados en Buenos Aires y Nueva York. Una historia que desembocó en su emprendimiento y por el cual ofrece al mercado una serie de piezas artesanales.

Pero antes de vender cuadros o prendas de vestir, algunas de sus primeras creaciones se remontan a unas viejas fotografías a las que, de alguna manera, daba otro sentido. Vilar explicó: “Tenía fotos de mi infancia. Lo que hacía era dibujar, pintarlas, transformar la situación que veía en la imagen hasta ponerla en otro contexto”.

Así, según explicó, alguna de las personas que formaban parte de la imagen podía terminar con una cabeza de conejo. Aunque no hay un momento inicial que asocie con su fascinación por el arte, detalló: “Siempre estuve vinculada desde muy chica. Mis padres no son artistas, pero sí son conocedores. De chica siempre visitaba museos, iba a clases de arte, estuve muy metida”.

Su crecimiento se fue desarrollando junto con la arquitectura, carrera que estudió en la Universidad de Buenos Aires. Sobre sus motivos al momento de pintar, describió que vive “pensando en pintura, en arte, en imagen; también dibujo mucho. Entonces, la inspiración está ahí, en el día a día. También hay un link que tengo con las ilustraciones, los cuentos”.

Además de sus carreras, Valeria Vilar también ha dedicado tiempo a la docencia para niños. De ellos, contó, rescata su espontaneidad, el hacer por el goce de creer sin los preconceptos que los adultos suman a través del tiempo. Algo de eso está en “Diamantes con patas”, un proyecto que simboliza una suerte de transición o ampliación de su trabajo en cuadros hacia las telas.

La firma de moda surgió hace dos años. “Empecé a ilustrar, a trabajar en una marca haciendo dirección de arte y trabajé con otras luego”, explicó. De esas experiencias y su vocación hacia el color y la inventiva, la necesidad de “armar un producto que fuera una especie de cuadro en formato de pañuelo, un cuadrado, para ponerse”.

Esas prendas son el resultado de un proceso que parte de hacer el dibujo, llevarlo a distintos lugares donde, cual pieza artesanal, distintas personas ponen su granito de arena para el resultado. Cada una se entrega en cajas, con papel de sede y algún mensaje inspirador. Ningún detalle parece quedar suelto.

Del abanico de opciones, compuesto por quimonos, vestidos y remeras, la preferencia para la artista siguen siendo los pañuelos. “Ese cuadrado de obra para llevarse me parece increíble”, dijo. En el plano creativo, ella gestiona todas las áreas. Esta propuesta también expande su visión del arte: “El formato de una impresión como arte, en Argentina, no está avalada todavía; en otro lugares es mejor valorado”. Su objetivo, conquistar parte de ese espacio.

A su vez, quien compra la prenda se apropia de ella, de la obra, al decidir dónde y cómo usarlo. Combinando estilos con arte, el cliente termina convirtiéndose en una suerte de tratado artístico que sugiere que las manifestaciones plásticas pueden abarcar cualquier espacio. ¿El futuro? Abarcar más espacios, que esas propuestas atemporales y los cuadros hechos pañuelos se luzcan más allá de Buenos Aires.