¿Qué dirían los Mártires de Chicago del “trabajo” en Rappi, Glovo y las nuevas app?

Hoy se celebra en casi todo el mundo el Día del Trabajador, una fecha clave que tiene orígenes muy profundos vinculados a la lucha, la represión, la muerte y el paso a la posteridad en defensa de los derechos laborales en todos los continentes. Y si bien el mundo cambia, lo que antes era un reclamo en el año 1886 hoy cambia rotundamente en un planeta asombrado por las nuevas tecnologías y lo que implica en el ser humano y en las condiciones laborales.

En la gesta del Día del Trabajo hay un elemento clave y que quedó en la historia por siempre: los Mártires de Chicago, los sindicalistas anarquistas que fueron ejecutados en Estados Unidos cuando luchaban por obtener la reducción de la jornada laboral a las ocho horas, el 1 de mayo de 1886, en la revuelta de Haymarket.

Fue así que el 1 de Mayo en el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional en 1889, se acordó transformar aquella fecha en un día festivo, en el Día Internacional del Trabajo. Por eso, desde ese día hasta la actualidad se celebra en la mayoría de los países una jornada en memoria de estas personas que murieron en defensa de los derechos de los obreros. Eso sí, en Estados Unidos existe otra fecha ya que se celebra el primer lunes de septiembre, por decisión del ex presidente Cleveland, para evitar el crecimiento de la influencia socialista en el país.

El trabajo en la era de las apps

Y al recordar semejante historia y lucha por parte de unos trabajadores, es imposible no hacer una comparación con el mundo moderno y, puntualmente, con la nueva moda del trabajo en las aplicaciones tecnológicas. Pero no hablamos del proceso de creación, sino de la relación laboral que se tiene con los empleos impartidos desde las famosas app como Rappi, Glovo, PedidosYa o Uber.

Estas aplicaciones de Delivery son una moda que ya se impuso gracias al comercio online, sobretodo en gastronomía o artículos varios, donde los trabajadores a bordo de sus bicicletas deben llevar pedidos en tiempo récord y casi sobrehumanamente para poder hacer un sueldo a fin de mes, y todo esto sin ningún tipo de protección laboral, médica ni social.

Tres casos claves

El modelo de negocios de estas empresas de delivery es similar al de Uber, donde a través de sus plataformas, los clientes piden productos que son llevados a su casa por los deliverys a bicicleta de Rappi, Glovo o cualquier otro servicio. Luego, al completar el pedido, el repartidor gana el costo de envío más la propina, que es opcional. Sin embargo, lo que parece muy simple en realidad no lo es.

“Vos como consumidor le pagás a Rappi y ellos, quincenalmente, nos liquidan las cobranzas de los pedidos que hicieron, descuentan su comisión y nos hacen una factura con ese monto”, cuenta el dueño de uno de los restaurantes asociados a Rappi, quien es más que claro: “Nos conviene porque nos aumenta mucho la demanda y al mismo tiempo no nos tenemos que hacer cargo del costo de distribución”.

La empresa (la app) lo que hace es cobrar el delivery ellos y luego depositarle a los “rappitenderos” en su cuenta bancaria sus ganancias cada dos o tres semanas (dependiendo de la demora del depósito). Y en caso de no tener una cuenta en un banco, la empresa le otorga un “saldo a favor” en la aplicación que luego se lo va cobrando a medida que recibe pagos en efectivo de los clientes.

Los jóvenes bicicleteros aseguran que esto no es tan simple como parece: la comunicación siempre es con la app, que cuando solicita un nuevo delivery, en caso de no tomarlo porque queda más lejos de lo pensado o por un inconveniente con la bicicleta, te sanciona o inhabilita por horas o días para tomar nuevos pedidos. Incluso, cuando la app solicita otro viaje de 2 kilómetros de distancia desde donde se encuentra en ese momento el trabajador, y resulta que la distancia era mayor.

Así, sin chance a objetar ni explicar nada, el delivery queda sujero a lo que decida la app además de obligarlo a hacer viajes en tiempo récord, en la calle, a bordo de su bicicleta, sin ninguna protección ni cobertura social. Ni hablar jubilatoria o patronal.

¿Relación laboral?

Pero lo más jugoso de un tema ácido es si existe o no relación de dependencia entre estas empresas y los jóvenes que llevan los pedidos. Desde las empresas como Rappi, se establece que los repartidores no son empleados sino trabajadores independientes o “microempresarios” que trabajan sin jefe ni horario fijo. Desde Glovo, lo mismo, y desde Uber, aseguran que tampoco hay relación laboral.

Por ende, ninguna paga jubilación, obra social ni aportes patronales. Sin embargo, la coyuntura de esto llevó a comenzar a analizar detenidamente el verdadero modelo de negocios de estas aplicaciones que facturan millones de pesos, no se hacen cargo de los trabajadores ni tributan por ellos y, lo que es peor, los dejan librados a su suerte en caso de que sufran un accidente, algo muy probable de ocurrir en Buenos Aires.

¿El dato a favor? Al menos ya se discute esta relación laboral y la Justicia podría decretarla como tal cambiando radicalmente el negocio de las apps. ¿El dato en contra? Los trabajadores se unieron para protestar más movilizados y recurrieron a la Justicia, pero mientras tanto deben llevar pedidos, lo más rápido posible y deseando no recibir un mensaje a lo Black Mirror: “Has sido inhabilitado”.

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