Todo cambia: en el clásico bar de Hemingway, dos mozos robots

Bar Hemingway Foto 24 Horas

La historia de este gran bar, de rodillas ante la tecnología de las máquinas.
<a href="https://elintransigente.com/tecno/2019/05/08/todo-cambia-en-el-clasico-bar-de-hemingway-dos-mozos-robots/" rel="bookmark"><time class="entry-date published updated" datetime="2019-05-08T06:49:24-03:00">mayo 8, 2019</time></a>

Ya nada es lo que era antes, porque en el Gran Café de Rapallo, famoso por haber sido frecuentado por el escritor Ernest Hemingway, uno puede ir en buscar de un gran pasado pero se va a encontrar con un impactante futuro, ya que desde hoy miércoles el lugar tendrá dos robots que se desempeñarán como camareros para llevar los pedidos a los comensales.

Básicamente, serán los encargados de decir a toda persona que llegue al lugar “bienvenidos a Rapallo“, lo que lo convierte en la nueva atracción del lugar. Quizás para los más “viejos”, nunca olvidarán que ese bar es más atractivo porque allí se sentaba en sus mesas el escritor y periodista Ernest Hemingway.

Ahora, los más jóvenes posiblemente identifiquen a ese lugar como el bar de los robots camareros de última generación. Ambos prototipos son parte de la “revolución” propiciada por el presidente chino, Xi Jinping, en 2014. Al sentarse, los robots Xiao Ai entregarán los pedidos hechos por los comensales a los camareros en su versión “humana”.

¿Cómo serán? Serán “automáticamente” gentiles con los clientes pero determinados si alguno tuviese la ocurrencia de cruzarse en su camino, ya que para desplazarse por el bar sólo seguirán una senda demarcada en el suelo con adhesivos. ¿Qué pasa si le interrumpimos el camino? Bueno, insólitamente el robot podría salir con una sorpresiva frase como “¿no te parece que eres un poco voluminoso?”.

Es más, sus creadores lo construyeron con la posibilidad también de poder enojarse, en caso de que alguien los insulte. ¿Pero qué los diferencia en cuanto a las personas de carne y hueso? Que al no tener expresión facial nunca “demostrarán visualmente un enojo ya que no son máquinas humanoides aunque tengan brazos para el traslado de cosas. Hasta ahora, los comensales que los conocieron quedaron muy satisfechos.

Un periodista gastronómico que estuvo en una mesa aseguro que se trata de “un gran hallazgo; es fantástico, positivo, una atracción turística y una idea genial”, sin siquiera citar que para los niños esto es un atractivo superlativo que los lleva a sacarse selfies con los dos robots. Para tener un dato sobre lo que se viene, en China se estima que para 2020 Pekín comprará más de 635.000 robots, es decir, en tres años los robots chinos ascenderán a 950.000 ejemplares.

En Italia, como en otros países de Europa, aún es evidente la desconfianza y el temor de la gente a estas innovaciones, ya que una idea muy radicada es que la automatización aumente el desempleo, sobre todo entre los jóvenes. Sin embargo, pata el dueño del local, Gabriele Hu, sus “pequeños amores” son sólo una atracción turística y un motivo de entretenimiento para los niños.

Y además, claro, atraen gente.