Una muestra que apela a la nostalgia colectiva

La artista de El bolsón presenta Piano piano si va lontano, una muestra altamente recomendable
<a href="https://elintransigente.com/vida-estilo/2019/09/13/una-muestra-que-apela-a-la-nostalgia-colectiva/" rel="bookmark"><time class="entry-date published" datetime="2019-09-13T15:54:12-03:00">septiembre 13, 2019</time><time class="updated" datetime="2019-09-13T15:54:13-03:00">septiembre 13, 2019</time></a>

Más allá del relato personal, la muestra de arte de Aimé Pastorino en Walden Gallery aborda las construcciones y cruces de las memorias colectivas, sociales y nacionales, los rumbos de la industria argentina y las huellas de una historia popular. Fuimos ayer a la inauguración y se puede visitar hasta el 11 de octubre. 

Un taladro de banco y una caladora de tamaño desmesurado, pero a escala real. Jabones, latas de pintura, lijas, pinceles, brochas, pegamentos, barnices, diluyentes. Eso es lo que vemos cuando recorremos Piano piano si va lontano. Pero bien miradas, esas herramientas de trabajo, propias de un taller de carpintería, sugieren algo más: acaso un cruce de memorias históricas en el que la historia familiar se trama con la historia social. Y viceversa. 

La presencia del abuelo Pastorino ocupa cada rincón de Piano piano… —casi podemos verlo manipulando esas herramientas de trabajo—. Sin embargo, es su ausencia física la que permite que la obra sea. Esa ausencia es condición de posibilidad para que la historia individual se transforme en una historia colectiva y pueda producirse la siempre tensa y conflictiva reciprocidad entre el objeto representado y nuestra mirada.

Por eso, lejos de ser solamente arte, los objetos aquí son algo más. Y ese algo es el plus de sentido que nos reenvía a una memoria colectiva en la que se cuelan y dibujan las huellas de una historia nacional y popular. Precisamente, todo ello es lo que nos autoriza a interpretar y descifrar esas piezas —y con ellas a nuestros presentes y nuestros pasados (así, en plural, puesto que son muchos)—, que antes que piezas muertas son objetos vivientes. Dicho de otro modo: es lo que habilita a cambiar la pregunta de qué vemos por el qué vemos de nosotros cuando lo hacemos. 

Es evidente lo que cada uno de esos objetos nos deja ver: las marcas comerciales que los produjeron (Federal, Alba, Colorín, etc.). Podrían no haber estado, pero Pastorino escoge revelarlas, hacerlas visibles. No tanto porque sospeche que esos productos no podrían existir si fuesen escindidos de sus marcas que por creer que detrás de ellas hay una historia de trabajadores y trabajadoras anónimas, de fábricas e industrias, de objetos y sujetos que forman parte del paisaje cultural popular de nuestras ciudades periféricas. Esos objetos nos hablan de la Historia, pero también de esas otras historias anónimas que nadan en sus corrientes subterráneas. 

¿Qué quedó de ese mundo de imágenes que Aimé Pastorino recrea? Su obra sintomatiza un malestar, denuncia un estado de cosas: la descomposición y el consecuente peligro que supondría la desaparición del imaginario industrial nacional y de esa masa trabajadora que le sirve de soporte, y que hizo posible que ese taller haya sido como fue. Pero que no es como lo vemos –porque no puede ser como lo vemos–.

No se intenta restituir las cosas como realmente fueron, sino como se presentan en su memoria; no el pasado tal cual fue, sino como inspiración para producir otra cosa. Muchas de las marcas impresas en esos objetos ya no existen, han desaparecido. Las diversas crisis económicas y políticas por las que atravesó nuestro país han hecho trizas de ellas y del mundo de imágenes y pasiones allí contenidas.

Pero si aquí retornan como arte es para intentar decirnos algo. Como solía decir Adorno, la lucidez critica del arte es la de instalarse como diferencia con esa realidad desgarrada para hacerla evidente. Pero también, agregamos, para darnos la esperanza de que, piano piano, el arte pueda reencontrarse con la vida. 

Sobre la exposición
Título:
Piano piano si va lontano
Artista: Aimé Pastorino
Texto curatorial: Diego Giller
Inauguración: jueves 12 de septiembre, 17:30hs 

Desde el 12 de septiembre hasta el 11 de octubre, 2019. 

Aimé Pastorino (El Bolsón, Río Negro, Argentina, 1982) 

Artista visual y docente universitaria (FADU-UBA). Estudió la Licenciatura en Artes Visuales en la Universidad Nacional de Arte y ha realizado clínicas de obra varios artistas, entre ellos Silvia Gurfein, Eduardo Basualdo, Valeria González e Inés Marcó. En 2016 presentó Iteración, exposición individual en la galería Atocha. En 2018, obtuvo el segundo premio de la categoría Escultura en el Salón Nacional de las Artes, organizado por el Fondo Nacional de las Artes. También ha participado del Premio Braque (MUNTREF, Buenos Aires, 2017), la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires (Centro Cultural Konex, 2015) y de la exposición Lo contrario de la magia, curada por Lux Lindner en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA, 2014). Recientemente formó parte de la selección de artistas nominados al Premio Fundación Fortabat 2019. 

Sobre la galería 

waldengallery emerge con la intención de tender puentes y reflexionar críticamente en torno a procesos artísticos, condiciones de producción, consumos culturales y vínculos político-afectivos entre obras, creadores, gestores, instituciones y espectadores. Ocupa hoy el espacio histórico que alojó al mítico CAyC (Centro de Arte y Comunicación), institución responsable de la internacionalización del arte local y latinoamericano entre 1970 y finales de los 90. Continuando con ese espíritu experimental, la galería fomenta el diálogo permanente entre artistas de distintas generaciones. 

Además de un nutrido calendario anual de exhibiciones y la participación en ferias internacionales, waldengallery cuenta con su propio sello editorial. En febrero de 2019 presentó Yulinda, una publicación trimestral, que pretende construirse como un espacio de difusión, discusión y pensamiento, que despierte interrogantes y aliente investigaciones venideras sobre prácticas artísticas contemporáneas.