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SOCIEDAD

Los vinos de Jujuy y su testimonio de lucha inclaudicable

Los vinos del norte argentino están decididamente adquiriendo un nuevo rumbo, en el que se valora más el terroir que el roble.

Vinos de Jujuy

Cuando se piensa en vinos argentinos, pocas veces los vinos de Jujuy vienen a la mente. En efecto, los primeros nombres que vienen a la mente suelen ser Salta, La Rioja, Mendoza, San Juan y, eventualmente, Catamarca. Sobresale, sí, la marcada localización geográfica del extremo este de la Cordillera de Los Andes.

Con ese criterio en mente, es oportuno preguntarse qué ocurre con la provincia de Jujuy. Como agravante, en los últimos años, la región patagónica ha acometido una avanzada significativa en materia de producción vitivinícola. Lo sorprendente resulta al develar que la razón por la que Jujuy no es un emblema vitivinícola responde exclusivamente a cuestiones políticas.

Lo cierto es que, históricamente, Jujuy presentó un importante cultivo de vides durante muchos años. Sucede que, durante la década infame, en los años treinta, se legisló una lógica que obligaba a cada provincia a producir indefectiblemente aquello que se le asignaba. Al norte le correspondió el tabaco y la caña de azúcar.

Sin embargo, paralelamente a este aspecto que prohibió de manera determinante la vitivinicultura en la provincia de Jujuy durante más de medio siglo, pues la prohibición se extendió hasta el año 1993, hacer vinos en Jujuy nunca fue tarea sencilla.

Efectivamente, su característicamente ecléctico clima es tan extremo como lo es pintoresco. El bioma, bien distinguible por sus colores y tonalidades, conlleva condiciones dificultosas y, en ocasiones, adversa que se intensifican con la realidad de un escaso desarrollo de herramientas que faciliten la actividad vitivinícola producto de años de nulo fomento de la actividad vitivinícola.

La nueva era de los vinos de Jujuy

Es plausible sugerir que nos encontramos frente a una segunda etapa de la búsqueda vitivinícola en Jujuy. Al mismo tiempo, ello implica una nueva expresión de aquel terruño tan pintoresco y complejo al mismo tiempo, presentando elevaciones de 2.800 metros sobre el nivel de mar. En la Quebrada, tanto el río, como la elevación y la altura son tan impresionantes como extremos. Indudablemente, en consecuencia, existe un interés muy determinado por capturar la expresión del terroir.

El segmento sur del noroeste argentino es determinantemente diferente respecto al norte, de modo que también podemos hablar de un incipiente período de experimentación. Se trata de un lugar radicalmente diferente respecto a la Quebrada de Humahuaca. Se trata de una elevación considerablemente más baja en donde se lleva a cabo un trabajo con otras cepas en razón de la diferencia climática.

Al referirse al NOA, es imperante precisar que se trata de dos universos radicalmente distintos que comparten un momento muy interesante, todavía por conocer. Entre las complejidades más desafiantes podemos encontrar el aspecto de los traslados, las condiciones de las rutas, la infraestructura y la tecnología. En efecto, todos esos aspectos presentan, todavía, flaquezas.

Lo cierto es que la mayor parte del trabajo se lleva a cabo con mucho esfuerzo y mediante los recursos que están al alcance de la mano. Todo ello para que el vino pueda ser posible. Cabe destacar que todo ello va más allá de la mera búsqueda del terroir. Es así que abrir una botella de vino procedente de Jujuy es importante preservar el respeto, por todo lo ello que implica. Fundamentalmente, el esfuerzo y el sudor de los productores que lidian con tantos factores para llevar un poco de tanta tradición en potencia al alcance de los consumidores.

Vinos de la Quebrada

Un aspecto notable es que los productores vitivinícolas de la Quebrada jujeña están transitando un proceso de marcada unión. En efecto, pretenden trabajar en conjunto con el objetivo de trazar una ruta del vino, tal como existe en los Valles Calchaquíes, lo cual solo puede llevarse a cabo de manera colectiva.

En efecto, si ocurre que todos van a hablar de los vinos de Jujuy con la IG procedente de la Quebrada de Humahuaca, debe estar fundamentado en el hecho de que se trata de vinos de calidad. Es cierto que el ponerse de acuerdo en este aspecto no es tarea fácil, no obstante es fundamental en una industria llegar a comprender que el hecho de emprender el camino de manera solitaria no solo no es efectivo, sino que incluso resulta contraproducente.