Para quienes no lo conocen, el Petit Chablis puede resultar confuso. Después de todo, en un mundo donde los vinos más conocidos suelen ir precedidos del término «grand vin», ¿es bueno ser «petit»? Si la traducción literal de Petit Chablis («pequeño Chablis») es válida, ¿se trata de una cuestión de zona, calidad, estilo o de algo más? Es una pregunta que irrita e inspira a los vinicultores de Petit Chablis. Es entendible que pueda dar lugar a la idea errónea de que los vinos son de menor calidad que los Chablis, pero también elimina el lastre que conllevan las denominaciones de origen más prestigiosas. Algunos incluso han adoptado un enfoque irónico: La Chablisienne ha bautizado su vino como Pas Si Petit («no tan pequeño»).
De hecho, Petit Chablis se distingue de sus vinos hermanos y merece su propia reputación. Al mismo nivel de calidad que Chablis —un vino de pueblo— en la jerarquía de denominaciones francesas, es un vino con identidad propia. Como opción de gran valor, se está consolidando cada vez más en el abarrotado mundo del vino francés. Aunque mayor que Chablis Premier Cru y Chablis Grand Cru, la superficie de producción de Petit Chablis es relativamente pequeña. Con 1257 hectáreas, representa aproximadamente un tercio de la denominación de origen Chablis. Solo representa alrededor del 20 % de la producción total de Chablis cada año. Además, es un poco más joven. Chablis y Chablis Grand Cru obtuvieron la denominación de origen controlada (AC) en 1938, mientras que Petit Chablis se incorporó a estas categorías en el año 1944.
Algunas precisiones de Petit Chablis
Así y todo, estas diferencias no explican adecuadamente la identidad distintiva de la denominación. El factor distintivo clave es su geología específica. Los viñedos de Borgoña son generalmente conocidos por sus suelos ricos en caliza y sus variadas formaciones. Una formación particularmente común en la región combina dos tipos de suelos. Los suelos Kimmeridgeanos —una combinación de caliza densa y arcilla compactada, repleta de fósiles— suelen conformar las laderas expuestas de los numerosos valles de la región. Estos están cubiertos por suelos Portlandianos de 135 millones de años de antigüedad, que contienen fragmentos frágiles de caliza marrón, a menudo mezclados con limo y arena.

Los viñedos de Petit Chablis se asientan principalmente en estas laderas y mesetas más altas de suelo portlandiano. En esto, se distingue de las denominaciones vecinas, ya que predominan los suelos kimmeridgeanos. Petit Chablis también se distingue por su altitud, conformando la franja de viñedos más alta de la región, con emplazamientos situados entre 230 y 280 metros. Este terroir único crea una notable diferencia estilística, a pesar de que todos los vinos de la región se elaboran con la uva Chardonnay.
Mientras que los famosos suelos kimmeridgeanos aportan la intensa mineralidad necesaria para una larga crianza, los suelos portlandianos de Petit Chablis y sus emplazamientos de maduración temprana presentan un estilo más frutal, ideal para beber joven. Incluso siendo una región vitivinícola septentrional, a tan solo dos horas al sureste de París, puede alcanzar la madurez necesaria para estos populares vinos.
Una prolífica diversificación
Dado que la denominación Petit Chablis se extiende por varias colinas, ofrece una gran variedad de orientación, geología y altitud. Tal es así que cada productor puede llegar a dar con expresiones muy diferentes. No obstante, ciertas características comunes han forjado la reputación de los vinos Petit Chablis. Los colores, por ejemplo, tienden al amarillo pálido, con destellos ocasionales de dorado o verde. Aromáticamente, los vinos suelen presentar flores blancas y cítricos frescos, a veces con notas de durazno blanco y una mineralidad amaderada.

En boca, los vinos presentan una acidez vivaz, pero con una redondez y generosidad que contribuyen a su ductilidad. Es un estilo que ha conquistado a numerosos aficionados. Al ser un vino accesible y con una buena relación calidad-precio, desmiente la idea errónea de que los productos franceses de alta calidad están fuera del alcance del consumidor común. Basta con enfriarlo (se recomienda entre 8 y 10 °C) y es ideal para diversas ocasiones. Ya sea como un aperitivo refrescante, un vino para acompañar la comida o una copa compartida con amigos, su notable versatilidad ha convertido a muchos bebedores ocasionales en clientes habituales.