El impacto global de la guerra de aranceles impulsada por Donald Trump ya se hace sentir en la economía argentina. El riesgo país volvió a escalar con fuerza y cerró la semana en 925 puntos básicos, reflejando el desplome del valor de los bonos soberanos tras la turbulencia internacional. Se trata del nivel más alto desde la asunción de Javier Milei y representa un incremento de más del 65% desde el mínimo alcanzado el 9 de enero pasado.
De acuerdo al informe de la consultora Quantum, el riesgo país argentino casi triplica el promedio de los mercados emergentes (315 puntos) y duplica el de América Latina (440 puntos). La comparación no solo resalta la magnitud del salto, sino también el nivel de exposición que todavía arrastra la Argentina frente a shocks internacionales.

El índice, que mide la brecha entre los rendimientos de los bonos nacionales frente a los del Tesoro de Estados Unidos, se disparó tras los anuncios proteccionistas de Trump, que derivaron en una fuerte caída de los commodities, las acciones y las divisas de economías en desarrollo.
El mundo castiga a los mercados más frágiles
En el mismo período en que los bonos argentinos subieron su tasa de rendimiento de 10 años al 12,7% anual, países como Brasil (6,5%), Colombia (6,1%), Chile (4,8%) y Perú (5,1%) mantuvieron niveles sostenibles. Incluso economías en transición, como Uruguay, ofrecen tasas del 4,7%. En cambio, Argentina queda ahora más cerca de Kenia (11,5%), Pakistán (12%) o incluso del Congo (14,2%), países con severas crisis políticas, sociales o bélicas.

La comparación es elocuente: mientras la mayoría de los emergentes mostraron caídas o estabilidad, los bonos argentinos fueron los que más reaccionaron negativamente desde enero. Solo Ecuador mostró una variación mayor, con un aumento de 1.180 puntos, pero en un contexto electoral y de máxima incertidumbre institucional.
Un contexto externo adverso con desafíos internos
Quantum destaca que la suba no se explica únicamente por el escenario internacional. La falta de definiciones en torno al nuevo acuerdo con el FMI y las reformas estructurales postergadas generan dudas en los mercados. El clima de inestabilidad global, sumado a una política aún en transición, refuerza el denominado «vuelo a la calidad», donde los capitales migran hacia activos más seguros y abandonan las plazas emergentes más expuestas.
En ese sentido, la consultora plantea que la consolidación del rumbo económico y un nuevo entendimiento con el Fondo podrían ayudar a reducir la percepción de riesgo, pero advierte que para eso será clave evitar señales contradictorias o demoras innecesarias.
El espejo griego y la oportunidad argentina
Como contraste, el informe menciona el caso de Grecia, que llegó a tener uno de los peores indicadores de riesgo del mundo tras su crisis de deuda, pero hoy ostenta un riesgo país de apenas 79 puntos. Ese país logró revertir su situación a través de ajustes fiscales, reestructuraciones con el FMI y un compromiso sostenido con el equilibrio macroeconómico.
La comparación no es inocente: muestra que una economía quebrada puede, con reformas profundas y un rumbo claro, volver a generar confianza. En ese camino está la Argentina, que ya logró bajar el riesgo de 2.700 a 560 puntos entre 2023 y enero de 2025, y que ahora enfrenta el desafío de sostener ese sendero en medio de la incertidumbre global.
Las señales del mercado no invalidan el rumbo
Pese al nuevo repunte del riesgo país, el equipo económico mantiene firme su compromiso con el equilibrio fiscal, la desregulación del mercado y las metas de base monetaria cero. Desde el entorno del presidente Milei aseguran que la recuperación de la confianza será un proceso gradual, pero firme, y que las tensiones actuales son parte de una transición que se está dando sin atajos ni anestesia.