En Alemania, la Spätburgunder es al vino tinto lo que el Riesling al vino blanco: lo más selecto y buscado. De hecho, Alemania es el tercer mayor productor mundial de Pinot Noir. El nombre alemán de esta uva es Spätburgunder: pinot (burgunder) de maduración tardía (spät). Sensible al clima y al suelo, necesita calor (pero no intenso) para prosperar y se desarrolla bien en suelos calcáreos. Como su nombre indica, madura tardíamente y llegó a Alemania desde Borgoña, donde probablemente se cultiva desde al menos el siglo IV (aunque documentada por primera vez en el siglo XIV). Llamada Pinot Noir en Francia, esta uva produce vinos elegantes y aterciopelados con un aroma distintivo que recuerda a almendras amargas o moras.

El estilo tradicional del Spätburgunder alemán presenta un color, cuerpo y acidez tánica más claros que sus homólogos de climas más cálidos. No obstante, muchos vinicultores contemporáneos producen vinos con un estilo más internacional, es decir, tintos con más cuerpo, intensos y con mayor concentración de taninos. A menudo, estos vinos adquieren mayor profundidad y complejidad (y un ligero toque a vainilla) si se añejan en barricas de roble pequeñas (de 225 litros). Algo más del 11,8 % de la superficie vitícola alemana se dedica al Spätburgunder, principalmente en los distritos de Ortenau y Kaiserstuhl de Baden y representa más de la mitad de las plantaciones en la región del Ahr.
Spätburgunder en el mundo
Jenna Fields, la presidenta de German Wine Collection, un importador con sede en California, afirma que la Pinot Noir alemana es una de las variedades más menospreciadas. De hecho, debido a que la uva se ve muy frecuentemente eclipsada por la Riesling, se desconoce el hecho de que Alemania es el tercer mayor productor de Pinot Noir del mundo, solo superado por Francia y Estados Unidos. Su cultivo en Alemania se remonta, en teoría, a unos 1100 años. Hoy en día, las plantaciones representan aproximadamente unas 12.000 hectáreas de la superficie total de viñedos en Alemania, lo que la convierte en la uva tinta más plantada del país.
Lo cierto es que se cultivan muchos clones de Pinot Noir en el país, y los clones alemanes, desarrollados en los institutos de investigación de Geisenheim y Friburgo, son los protagonistas de las regiones vitivinícolas del país. El consenso general es que los clones alemanes presentan mayores grados de fruta y acidez, y menos taninos; No obstante, en opinión de Fields, ello depende en gran medida del viticultor de que se trate.
Sin embargo, existen asimismo clones de Borgoña, y algunos productores se empeñan en utilizarlos de manera exclusiva para nuevas plantaciones. «Idealmente, utilizaría racimos enteros para todos mis vinos, pero tenemos un problema con los clones alemanes porque la proporción de tallos es mayor que la de uvas», confiesa Alex Götze, copropietario de la bodega Wasenhaus en Baden. «Por ese motivo, todo lo que plantamos es selección masiva de Francia».
La personalidad de los vinos alemanes
El total de las 13 regiones vinícolas alemanas cultivan Spätburgunder, cada una con características únicas. Cabe destacar que en Ahr existen numerosas variedades locales, así como una mutación única de la uva llamada Frühburgunder (Pinot Noir de maduración temprana). En esta región septentrional, un valle de pizarra, influenciado por la calidez del río que lleva su nombre, aporta mucha calidez, creando un estilo más exuberante, firme y estructurado. La selección clonal también aporta una cualidad a cuero a los vinos. En este aspecto, se sugiere tener en especial consideración a productores tales como Meyer-Näkel, Jean Stodden y Deutzerhof para encontrar excelentes ejemplos.

Por otro lado, los vinos de Wasenhaus, mencionados en el apartado anterior, también producen excelentes ejemplos de caliza, al igual que la bodega Makalié, recién llegada a la zona, la cual practica una vinificación de baja intervención. Ambas bodegas poseen viñedos en los suelos volcánicos de Kaiserstuhl, lo que da como resultado vinos con un toque rústico, pero que se afinan tras unos años de crianza. En esta zona también se encuentran las bodegas Salwey y Franz Keller, cuyos Spätburgunders han mejorado drásticamente su calidad en la última década.