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POLÍTICA

Fentanilo contaminado: exempleados del laboratorio denuncian que trabajaban entre ratas y en ropa interior

Personas que trabajaban en el laboratorio de García Furfaro revelaron la falta de mantenimiento y control en el establecimiento.

Fentanilo

Exempleados del laboratorio Ramallo, propiedad de Ariel García Furfaro, principal acusado en la causa por el fentanilo contaminado, rompieron el silencio y describieron en detalle las condiciones precarias e insalubres en las que debían trabajar. En una entrevista televisiva, relataron situaciones que reflejan un nivel alarmante de negligencia y descontrol dentro de la planta.

Una de las trabajadoras explicó que eran muy pocas las ocasiones en que les entregaban guantes y que la protección era prácticamente nula. «Solo teníamos el ambo. Una vez manipulé una ampolla de fentanilo y me broté todo el cuerpo«, recordó con indignación. Otra exempleada contó que soportaban temperaturas extremas: «En la parte de las máquinas no había aire y hacían 42 grados. El calor era insoportable, los chicos se desmayaban». En muchos casos, dijo, debían trabajar en ropa interior para poder tolerar las condiciones.

La higiene era otro de los puntos críticos. Según los testimonios, era habitual encontrar sueros y ampollas tiradas en el piso, junto con ratas y cucarachas que se movían libremente en los depósitos. «Pasaban ratones por el laboratorio donde se producían las ampollas de fentanilo, porque no cerraban las puertas de los depósitos», detalló una trabajadora. Las imágenes difundidas por Telenoche confirmaron este relato: pisos sucios, cajones llenos de material descartado y un desorden generalizado que evidenciaba falta de controles.

Fentanilo contaminado: se agrava la causa

Los exempleados también hablaron de la negligencia en el mantenimiento de las maquinarias. Un extrabajador sostuvo que el uso excesivo llevaba a roturas constantes y que los filtros de aire no se cambiaban como correspondía. Incluso afirmaron que desde noviembre pasado comenzaron a producir medicamentos con un tipo de agua no apta para procesos químicos, mezclando agua potable con la de una bomba propia que no alcanzaba. «Les pedían a los chicos que produjeran lo que más pudieran», denunciaron.

Otra de las trabajadoras reveló que, durante las inspecciones de la ANMAT, eran obligados a esconder cajas y limpiar las instalaciones a las apuradas para simular condiciones normales. También aseguraron que, en algunos casos, se les exigió continuar fabricando ciertos lotes de medicamentos incluso cuando la planta ya estaba clausurada. «Si nos quejábamos mucho, nos echaban«, resumió una de las mujeres.

Finalmente, una de las testigos confesó que no se sorprendió al enterarse de las muertes causadas por el fentanilo contaminado: «Sabía que en algún momento iba a pasar. No solo con el fentanilo, sino con otras cosas«. Estas declaraciones se suman a la causa judicial que investiga el rol de Furfaro, de su familia y de los responsables técnicos del laboratorio, y refuerzan la hipótesis de que las irregularidades eran sistémicas y conocidas por los directivos.