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POLÍTICA

El escándalo del “hombre imán” expone la interna entre Nación y Provincia por la política de vacunación

 

El insólito acto antivacunas en el Congreso desató una disputa política que terminó opacando un mensaje unificado del Gobierno nacional y de casi todas las provincias en defensa del calendario obligatorio.

 

El show del “hombre imán” que protagonizó un acto antivacunas en el Congreso dejó una escena que rápidamente se volvió viral y motivó un fuerte repudio social e institucional. Pero además de exponer el avance de discursos marginales, abrió una inesperada puja entre la Nación y dos provincias que puso en el foco un tema que debería ser política de Estado: la vacunación.

El Gobierno nacional reaccionó con velocidad y convocó a las provincias para firmar un documento contundente: «Las vacunas son seguras y salvan vidas». La adhesión fue casi total, excepto por dos ausencias llamativas: Buenos Aires y Formosa. La falta de esas firmas desató un conflicto político que terminó convirtiéndose en la segunda parte del “show”.

Del grotesco al debate público: cómo operan los discursos antivacunas

El acto organizado por una diputada del PRO —y repudiado transversalmente— tuvo un efecto inesperado: obligó a muchos argentinos no antivacunas, pero confundidos por la proliferación de teorías sin sustento, a volver a pensar en la importancia de las vacunas. La caricatura del “hombre imán” sirvió de límite simbólico para quienes habían empezado a coquetear con mensajes que erosionan el consenso científico.

Pero el problema no es solo el show grotesco. Según los especialistas, la mayor penetración del discurso antivacunas se logra en zonas grises: cuando se exageran efectos adversos menores o se relativizan recomendaciones médicas contundentes. Ese caldo de cultivo explica por qué autoridades sanitarias consideran riesgoso cualquier gesto ambiguo en torno a la comunicación oficial.

La tensión con Buenos Aires y Formosa: una fractura que no pasó desapercibida

El documento impulsado por el Ministerio de Salud de la Nación buscaba dar una señal fuerte de consenso federal frente al avance de mensajes sin evidencia. Sin embargo, la ausencia del ministro bonaerense Nicolás Kreplak y de su par formoseño generó ruido político inmediato. Desde el equipo de Mario Lugones señalaron explícitamente quiénes no enviaron su firma, lo que tensó aún más la relación.

El episodio expuso un trasfondo político que nada tiene que ver con la salud pública. El Gobierno nacional sostiene una postura firme en defensa del calendario obligatorio, mientras que algunos sectores del peronismo buscan relativizar ciertos mensajes para diferenciarse políticamente. El resultado: una política sanitaria clave quedó ensombrecida por una disputa que podría haberse evitado con una simple llamada telefónica entre ministros.

Señales contradictorias que alimentan la desinformación

La polémica ocurre en un contexto en el que otros gestos también encendieron alarmas. Entre ellos, la simpatía de algunos referentes kirchneristas con discursos como el de Robert Kennedy Jr., conocido por promover teorías desacreditadas sobre vacunas y autismo. A eso se sumaron episodios recientes como faltantes transitorios de dosis contra el Covid o estrategias comunicacionales que generaron más confusión que claridad.

Para los especialistas, estos movimientos pueden minar silenciosamente décadas de avances en cobertura vacunal, especialmente cuando la comunicación oficial pierde coherencia. Y la ausencia de dos provincias en un documento federal termina funcionando como un mensaje político ambiguo que no ayuda a despejar dudas.

Una discusión que revela prioridades dispares

El Gobierno nacional insiste en blindar la política sanitaria frente a disputas partidarias. Pero la tensión reveló que no todos los actores están dispuestos a sostener un mensaje único cuando hay costos políticos en juego. En lugar de reforzar el consenso, Buenos Aires y Formosa optaron por dejar el espacio en blanco, lo que fue leído como un retroceso en un tema que exige unanimidad.

La paradoja es evidente: mientras los discursos antivacunas ganan visibilidad por el absurdo, la respuesta institucional se ve debilitada por internas que nada tienen que ver con la salud pública. En ese marco, cada gesto importa y cada omisión también.