No hay dudas de que Flor Torrente es una de las figuras más destacadas del mundo del espectáculo. Con un inmenso talento artístico y una cálida personalidad, la actriz se ha ganado el cariño del público, que siempre se encuentra pendiente de lo que sucede en su vida a nivel laboral y personal.
En esta oportunidad Flor Torrente debió dar la cara tras ser centro de un potente rumor durante varias semanas. No fue a raíz de algún proyecto laboral o algún escándalo mediático, sino por comentarios que empezó a recibir en las redes sociales sobre su cuerpo.
Luego de que Flor Torrente compartiera imágenes de sus vacaciones paradisíacas con su novio, en los comentarios muchos usuarios empezaron a preguntarle si se encuentra en la dulce espera. En realidad a la hija de Araceli González se la veía, simplemente, en una posición relajada, pero muchos internautas lo interpretaron como señal de que está embarazada.
Lejos de querer que los rumores corran libres, Flor Torrente se mostró frontal y apareció en cámara para desmentir aquellos comentarios. Visiblmente molesta por la información que recorrió la internet, disparó: “Vengo únicamente a decir que no me manden más mensajes de mi pancita, de que estoy embarazada y no sé qué pelotudez más. No estoy embarazada”.
Abrió su corazón
Muy fuerte fue lo que contó Flor Torrente sobre su relación con Nicolás Cabré: «A mis 18 años fue el primer cachetazo fuerte que te da la vida… tuve que enfrentar cosas de mi familia muy dolorosas y muy fuertes. Mi mamá se estaba separando de Adrián y yo me había separado de mi primer vínculo de pareja… Nicolás. Fue todo muy expuesto y yo no estaba preparada para eso».
«Y sufrí mucho las dos, porque de pronto todo fue muy violento. Nuestras vidas se exponían sin límites. Cada dolor se hacía visible. Los fotógrafos nos perseguían con sus autos y la diaria se hacía incómoda. Realmente molesta. A esa edad, en la que uno no tiene mucha idea del mundo, yo no estaba preparada para eso», continuó Flor Torrente.
«Fue el primer cachetazo de la vida. De esos que, de tan fuertes, te obligan no solo a aceptar que ya no sos un niño, sino también a que hay temas de los que hay que hacerse cargo y saber abrir espacio para descubrir mucho más de uno mismo. Yo no quería salir de casa. Estaba inmersa en una profunda tristeza. Había determinadas cuestiones que mi cerebro no podía procesar. Y esa tristeza atacó mi organismo. Me quitó el hambre al punto de padecer anorexia nerviosa», reveló.

