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POLÍTICA

Una fecha clave que puede reordenar el poder dentro del Gabinete: tensión, recelos y un funcionario eyectado

 

Las reformas clave que impulsa Milei mantienen contenidas las tensiones internas, pero en la Casa Rosada ya anticipan un reacomodamiento político una vez que pase la etapa legislativa.

 
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El Gobierno atraviesa una etapa de relativa calma política, pero esa armonía tiene fecha de vencimiento. En la Casa Rosada todos coinciden en que las próximas semanas estarán completamente absorbidas por el Congreso, donde se discutirán las reformas estructurales que Javier Milei considera esenciales para consolidar su programa. Sin embargo, una vez superado ese capítulo legislativo, se abrirá un nuevo momento de reacomodamientos internos.

La aprobación del Presupuesto 2026, la Ley de Inocencia Fiscal, la nueva Ley de Glaciares y los cambios laboral y tributario imponen un acuerdo tácito entre las distintas tribus libertarias: nadie moverá el tablero hasta que esos proyectos estén encaminados. Dirigentes de peso reconocen que las diferencias siguen existiendo, pero todos entienden que exponerlas ahora sería un error político innecesario.

En palabras de un funcionario del Ejecutivo, “es mejor aplazar los conflictos para después”. La clave está en cuándo llegará ese “después”. La lectura dominante es que marzo será un punto de inflexión, cuando finalicen las sesiones extraordinarias y las internas dejen de estar contenidas por las urgencias legislativas.

Micromovimientos silenciosos y un mensaje desde la Rosada

En este contexto, Karina Milei pidió a varios funcionarios que no renuncien antes de tiempo. Quería evitar que los cambios se anticiparan y generaran un ruido político inoportuno. El caso más notorio fue el de Mariano Cúneo Libarona: pese a que había admitido su intención de dejar el cargo, los hermanos Milei le solicitaron permanecer hasta el primer trimestre de 2026.

Otros movimientos internos también responden a este esquema. En Justicia, la figura de Santiago Viola empieza a ganar terreno por decisión del “karingato”, que pretende ordenar el mapa judicial antes de avanzar con futuras vacantes. La designación de jueces es uno de los pasivos de la gestión: solo se aprobaron cuatro en dos años.

La SIDE y cargos judiciales de alta sensibilidad

La pregunta sobre quién controlará la Secretaría de Inteligencia del Estado volvió al centro de la escena. Fuentes calificadas señalan que Sergio Neiffert estaría cerca de dejar su puesto, aunque también existe un operativo para retenerlo algunos meses más. Lo mismo ocurre con juzgados clave como el Federal 4 de Rosario, que regula puertos estratégicos de la Hidrovía.

La reforma del Código Procesal Penal Federal, que eleva el poder de los fiscales, convirtió al futuro Procurador General en una figura decisiva. En la Rosada saben que ese puesto será un punto de disputa en los próximos meses.

Terremoto en la Jefatura de Gabinete

El reordenamiento más fuerte ocurrió esta semana, cuando Manuel Adorni decidió desplazar al vicejefe de Gabinete, José “Cochi” Rolandi, y a todo su equipo técnico. Fue un corte directo con la herencia del exjefe Nicolás Posse, que se había mantenido intacta incluso con la salida de Guillermo Francos.

Adorni, que asumió empoderado por Karina Milei, reconfigurará toda la estructura. Su jefa interna de Gabinete será Aimé “Meme” Vázquez, que ya manejaba las reuniones clave en Casa Rosada. Quedan vacantes tres secretarías sensibles y un asiento en el directorio de YPF, que ahora será ocupado por un nuevo funcionario elegido directamente por Jefatura.

Caputo, Sturzenegger, Menem y la mesa chica política

Mientras tanto, la mesa estratégica que define la reforma laboral quedó integrada por Luis Caputo, Federico Sturzenegger, Julio Cordero, María Ibarzábal y Juan Pazo, con la presencia permanente de Santiago Caputo, el asesor más influyente del Presidente. Su rol no formal sigue intacto: “su poder depende del vínculo directo con Milei”, repiten en su entorno.

Los movimientos partidarios también se recalientan. El armado de “Lule” Menem presiona para limitar el avance de los caputistas, pero nadie quiere tensar la cuerda antes de que el Gobierno obtenga los votos necesarios para sus reformas.

La conclusión es compartida en todos los sectores: mientras el foco esté puesto en el Congreso, la paz se mantendrá. Pero cuando esa etapa termine, comenzará un reordenamiento profundo que puede definir la segunda etapa de la gestión libertaria. Marzo se perfila como el mes clave donde las tensiones contenidas buscarán su cauce.