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VIDA Y ESTILO

Año Nuevo: festejos en los Valles Calchaquíes

 

En esta región del noroeste argentino, el vino está atravesado por la altura, el sol intenso y las noches frías.

 
Valles Calchaquíes

(Por Carolina Mena Saravia para El Intransigente).- El Año Nuevo en los Valles Calchaquíes marca el comienzo de una etapa crucial para uno de sus mayores atractivos: el vino. El folclore y la tradición se conjugan para dar la bienvenida al acontecimiento que abre corazones y siembra la esperanza: la vendimia. Eso y mucho más son Valles Calchaquíes, su tierra seca y la hospitalidad fresca, vívida, porque ese valor fue el que llevó a acuñar la moneda que hoy cotiza alto en el mapa vitivinícola mundial.

En los Valles Calchaquíes, el vino está atravesado por la altura, el sol intenso y las noches frías. Esa combinación define estilos claros: blancos tensos, aromáticos pero precisos; tintos profundos, con carácter, que demuestran los valores preciados de la tierra: sol y cuidado. Son vinos pensados para largas celebraciones, tan extensas como su permanencia en el corazón de los amantes de ese elixir que acompaña menús tradicionales.

Dentro de ese paisaje, la Bodega Federico Mena Saravia propone una lectura íntima, elegante, histórica y acogedora de los Valles Calchaquíes. Todas estas palabras buscan expresar la identidad de Hualfín, ese mágico rincón de ensueño, con viñedos propios desde 1835 y una historia familiar que atraviesa generaciones, forjando una entrañable simbiosis entre bodega y pueblo. Fue en esas tierras donde comenzó a tejerse la tradición vitivinícola, a más de 1.870 metros sobre el nivel del mar.

Blancos de los Valles Calchaquíes para abrir la noche

En verano, los blancos de la Bodega Federico Mena Saravia asoman naturalmente en la cotidianeidad de la mesa. El Ana Vallejo Torrontés Gran Reserva abre la noche con un perfil floral y cítrico, acidez firme y un final fresco que acompaña entradas, empanadas o platos livianos, en una combinación que no resiste comparaciones. Sus rasgos identitarios hablan de un Torrontés de altura trabajado con delicada finura, producto de las acertadas decisiones enológicas de José Luis Mounier, su artífice.

Estos vinos fueron señalados por Tim Atkin en sus reportes sobre Argentina, donde destacó la calidad creciente de los blancos de los Valles Calchaquíes y el trabajo preciso de bodegas familiares que interpretan con claridad el sentido del terroir. En este contexto, Atkin otorgó 96 puntos al Ana Vallejo Torrontés Gran Reserva 2023 y 93 puntos al Ana Vallejo Sauvignon Blanc 2025, consolidando a la Bodega Federico Mena Saravia como referente del extremo sur del Valle Calchaquí, tierra del oro ámbar y del oro rojo, que cobran vida en cada copa y celebran sus atardeceres entre cerros ocres y aguas cristalinas.

El Ana Vallejo Sauvignon Blanc es uno de los exponentes de la flamante línea Familia de la bodega, con una propuesta fresca, de notas herbales y cítricas, nervio marcado y una acidez que sostiene el vino incluso con altas temperaturas. Estas condiciones permiten que se integre con naturalidad en mesas extensas, con largas conversaciones de por medio. En los Valles Calchaquíes, estos blancos confirman que la frescura también es protagonista.

Cuando la celebración avanza, cobran protagonismo los tintos de la Bodega Federico Mena Saravia, que muestran otra cara del Valle Calchaquí. El Viña Centenaria Malbec aparece con fruta madura, especias y una estructura ideal para acompañar carnes y platos más intensos. Un buen cordero hace justicia a la identidad de este singular vino de altura, un clásico que no tiene estación.

Cafayate, sus vinos, su gente

Hablar de los Valles Calchaquíes implica detenerse también en El Esteco, una de las bodegas históricas de Cafayate. Su estilo estructurado está marcado por el sol que reina durante todo el año. En estas celebraciones, El Esteco Fincas Notables Malbec rebalsa de fruta negra concentrada, taninos firmes y una presencia ideal y versátil en la mesa.

En la misma línea, El Esteco Fincas Notables Tannat ofrece una expresión intensa y especiada del valle, con cuerpo y profundidad, pensada para carnes largas o guisos. Y cuando el festejo pide mayor complejidad, Altimus, el blend emblemático de la bodega, sintetiza el carácter del Valle Calchaquí en un vino de estructura, elegancia y persistencia.

Colomé y la altura llevada al límite

Más al norte, Colomé empuja el paisaje hacia el extremo. Fundada en 1831 y con viñedos plantados a alturas extraordinarias, la bodega ofrece otra lectura de los Valles Calchaquíes. El Colomé Estate Malbec, elaborado a partir de uvas de distintas altitudes, combina fruta intensa, notas florales y una acidez que sostiene el vino en boca.

Para quienes buscan una expresión directa, Colomé Auténtico Malbec propone una versión sin paso por madera, vibrante y franca. Y cuando el cierre del Año Nuevo pide otro exponente, Altura Máxima Malbec, proveniente de viñedos a más de 3.000 metros, lleva la experiencia hacia la concentración, con tensión y robustez.

En una mesa de Año Nuevo, recorrer los vinos de los Valles Calchaquíes es recorrer el territorio sin moverse. Los blancos y tintos de la Bodega Federico Mena Saravia, junto con los de El Esteco y Colomé, sintonizan una misma melodía y representan un diálogo entre estilos y paisajes del mismo valle. En el Valle Calchaquí, el Año Nuevo se bebe así: serena y cálidamente, con la certeza de que algunas celebraciones solo necesitan elegancia para quedarse en la memoria.