El periodista Víctor Hugo Morales realizó un duro editorial en el inicio de 2026, donde aseguró que la Argentina atraviesa una “declinación muy grave de la democracia”, vinculando el deterioro institucional con la desigualdad económica y el poder de las corporaciones.
Durante su análisis, Morales afirmó que “en el último cuarto de siglo, el uno por ciento más rico acaparó el 41 por ciento de las riquezas” y reforzó la idea con una comparación directa: “El 50 por ciento más pobre se quedó con el uno por ciento. El 50 por ciento se quedó con el 1 por ciento”.
Según el conductor, ese proceso explica el deterioro democrático y sostuvo que “las corporaciones lo tienen todo, manejan los gobiernos desde hace años”, remarcando que en Argentina “se acrecentó el fenómeno como en ningún otro sitio en el mundo”.
La referencia a Stiglitz y el diagnóstico global
En otro tramo del editorial, Morales citó al premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz y advirtió. “Según el premio Nobel Joseph Stiglitz, los países con alta desigualdad declinan siete veces más en la calidad de su democracia”.
Bajo esa premisa, concluyó que “este es el mundo en el que entramos en 2026”, al que describió como un escenario dominado por intereses económicos concentrados y con democracias debilitadas.
Lo que el editorial no menciona
El planteo del periodista omitió referencias a variables actuales como la desaceleración inflacionaria y la estabilidad institucional. También la alternancia política y el funcionamiento pleno del Congreso. Así como el Poder Judicial y los gobiernos provinciales, elementos centrales para evaluar la calidad democrática.
Tampoco incluyó mención alguna a los efectos acumulados de políticas económicas aplicadas durante décadas previas. Tampoco al impacto que tuvieron sobre pobreza, inflación estructural y deterioro del salario real.
Democracia, debate y responsabilidad política
El editorial se apoyó en una lectura centrada exclusivamente en el rol de las corporaciones. Es decir, sin contemplar el peso del Estado en la construcción del escenario económico y social que hoy se discute.
En ese marco, la crítica volvió a instalar un diagnóstico de crisis democrática sin reconocer que la discusión pública, la confrontación política y la libertad de expresión continúan plenamente vigentes. Incluso con discursos duros y antagónicos como el propio.
