El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, brindó su primer discurso tras la captura de Nicolás Maduro, desde Washington, para explicar los objetivos de la intervención en Venezuela, pero el eje central estuvo puesto en el petróleo y no en la democracia. Un análisis de su alocución reveló una marcada orientación económica y energética.
Según un relevamiento del discurso por Noticias Argentinas, en modalidad nube de palabras, Trump mencionó los términos “petróleo”, “petrolero” o “petroleras” en 22 oportunidades, mientras que la palabra “democracia” no fue pronunciada ni una sola vez. Si bien habló de “libertad” y “justicia”, evitó referencias explícitas a la institucionalidad política venezolana.

El plan: cobrar la deuda con crudo
En su exposición, Trump dejó en claro que la prioridad será la intervención directa de compañías petroleras estadounidenses. Afirmó que “muy grandes compañías de Estados Unidos” ingresarán al país para reparar la infraestructura energética y comenzar a operar de inmediato.
El mandatario explicó que la reconstrucción será financiada por esas empresas, que luego serán reembolsadas con la producción petrolera. “Vamos a sacar mucho dinero para cuidar del país y también para reembolsar a nuestra gente”, sostuvo, vinculando la operación con intereses económicos de EE.UU.
Trump también justificó el esquema al señalar que el régimen chavista “robó” una industria petrolera construida con talento estadounidense. En ese marco, presentó la intervención como una forma de recuperar activos y saldar una deuda histórica.
Seguridad energética y control estratégico
El presidente norteamericano vinculó la ofensiva militar no solo con el narcotráfico, sino con la seguridad energética del hemisferio. “Tenemos que tener energía real y protegerla”, afirmó, asociando el control de los recursos venezolanos con la seguridad nacional de Estados Unidos.
Aunque el embargo petrolero sigue vigente, Trump adelantó que el objetivo será vender crudo en volúmenes mucho mayores una vez que se normalice la extracción. El planteo refuerza la idea de que la transición se gestionará bajo tutela estadounidense.
En ese esquema, la estatal PDVSA quedaría intervenida de facto. No se habló de una privatización clásica, sino de una gestión operativa asumida por petroleras de EE.UU., que se cobrarán inversiones y deudas directamente con el flujo de petróleo.
